Si Estamos con Dios, Nadie Nos Dañará

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Romanos 8:31

Es muy bueno sentirse bajo la protección de quien tiene el poder. En cualquier país del mundo, los que tienen el respaldo de quien ejerce la autoridad caminan confiados de que están cubiertos por las fuerzas policiales o militares de ese país. Estas personas pueden confiar que quien trate de hacerles daño va a ser repelido por la fuerza que los protegen. Pero ni siquiera el país más poderoso de la Tierra tiene el poder y la autoridad de Dios, quien es Todopoderoso. Entonces, si estamos con Dios, podemos caminar con mucha más seguridad conociendo que nadie podrá contra nosotros.

Dice la Palabra de Dios en Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Yo te pregunto a ti que me escuchas o lees este mensaje, ¿has recibido a Jesucristo? ¿Has creído en Su nombre? Si tu respuesta a ambas preguntas es afirmativa, la Escritura dice que se te ha dado la potestad de ser hecho hijo de Dios.

¿Habrá algún padre que no ofrezca protección a sus hijos? Quizás me digas que sí conoces a varios de ellos y que probablemente el tuyo sea uno de esos. Pero lo que pasa es que Dios es tu Padre con mayúscula y nunca te fallará sino que siempre te protegerá. Y ahora que sabes que Dios como tu Padre va a protegerte siempre, es tiempo de que medites en quién es Él.

La Biblia dice en Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Ponte a pensar por un momento en la inmensidad y perfección de la obra de Dios. El supremo arquitecto de todo lo que existe, lo hizo con el poder de Su Palabra. Por ejemplo, Génesis 1:3 dice: Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. ¿Te das cuenta el poder infinito que tiene tu Padre Celestial? Él fue capaz de hacerlo todo solamente pronunciando las palabras para que sucediera.

Ahora que sabes que eres un hijo de Dios por haber recibido a Jesucristo y creído en Su nombre; y que además sabes el poder que tiene tu Padre, creo que debes de sentirte que puedes caminar por el mundo con entera confianza. Recuerda y haz tuyas las palabras de Romanos 8:31. Di cada día al levantarte: “Si Dios es conmigo, ¿quién contra mí?” tu Padre Celestial está solamente esperando que tengas fe en Él y crea que Él todo lo puede y está de tu lado.

Bueno, quizás tú que me escuchas o lees este mensaje me digas: “Tony, todo esto suena muy lindo, pero no tengo la seguridad de que Dios está conmigo.” Si ese es tu caso, voy a repetirte lo que dice Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Si no estás seguro de que Dios está contigo es porque no has recibido a Jesucristo y no has creído en Su nombre. Por eso no te sientes parte de la familia de Dios. Te digo que hoy es el día que el Señor te invita a formar parte de Sus hijos. Arrepiéntete de tu vida pasada, cree en tu corazón en Jesucristo, quien murió por tus pecados en una cruz. Entrégale tu corazón a Él y recíbelo como tu Señor y Salvador. Tendrás seguridad de tener vida eterna. Dios te bendiga.

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La Oración Mal Formulada

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Santiago 4:3

En numerosas ocasiones he escuchado quejas de gente quienes le piden a Dios cosas que nunca reciben. El razonamiento de tales personas es que Dios no está interesado en resolverle sus problemas. Dicen que probablemente nuestro Padre Celestial está muy ocupado atendiendo otros asuntos o que simplemente Él se ha olvidado de ellos. Como casi siempre la gente anda buscando culpables del otro lado, casi nunca se detienen a meditar si ciertamente sus oraciones tienen o no el fin correcto desde la perspectiva de Dios.

Veamos un caso que puede suceder en la vida particular. Supongamos que queremos hacer un viaje a algún lugar y hablamos con nuestro jefe en el lugar de trabajo para que nos cubra los gastos del viaje. La respuesta puede ser un sí o un no. Si nuestro viaje va a servir con un fin que beneficie a la empresa, es muy probable que seamos complacidos. Pero si lo que deseamos es irnos a disfrutar de unas vacaciones con nuestra familia a una playa del Caribe, sin duda que nos negarán los fondos que cubren tal viaje.

Durante el ejercicio de mi carrera profesional he disfrutado de numerosos viajes los cuales no me han costado un centavo. Muchos de ellos ni siquiera los solicité sino que la propia empresa para la cual trabajaba me enviaba a algún congreso o entrenamiento. En algunos de esos viajes fui con mi familia costeando esa parte de mi bolsillo. Cierto es que además de los congresos o entrenamientos siempre hubo espacio para disfrutar de cosas tales como conocer los viñedos del Valle de Napa en California o los museos del Instituto Smithsoniano en Washington; pero indudablemente que el propósito principal de cada uno de esos viajes iba conforme a los planes de la empresa.

Dios no va a responder una oración formulada con un propósito egoísta. Definitivamente que si le pedimos que nos provea dinero para gastarlo en las cosas que nos agrada, es poco probable que lo obtengamos. Pero si pedimos tal bendición con el fin de expandir el Reino de Dios e ir por las naciones proclamando las buenas nuevas de salvación, es más probable que lo recibamos. Y también es probable que Dios permita que disfrutemos el viaje conociendo lugares y personas. Te lo digo por experiencia, ya que he ido en viajes misioneros y, además de hacer mi tarea para Dios, he tenido tiempo para disfrutar y conocer lugares maravillosos como el Macchu Pichu en Perú o El Peñol en Colombia.

En el Salmo 23 vemos que Dios, como nuestro pastor promete darnos cosas maravillosas para que las disfrutemos. Eso demuestra que la intención de Dios no es que la pasemos mal. Sin embargo hay algo que Él desea que hagamos primero, tal como dice Salmo 37:4: Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón. Si buscamos Su presencia primero y nos deleitamos en Él, entonces nuestras peticiones serán respondidas. Hagamos que nuestras oraciones procuren primero cumplir con los propósitos de Dios no los nuestros. Que nuestro principal deleite sea Él y no satisfacer nuestras pasiones. Como nuestro Padre, Él ha prometido cubrir todas nuestras necesidades, todo lo que nos haga falta. Nos toca complacer Su corazón. Dios te bendiga.

La Obediencia nos Abre las Puertas del Cielo

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 7:21

Si analizamos lo que dice Mateo 7:21, se puede decir que habrá gente quienes invoquen el nombre de Jesús y no tendrán lugar en los cielos. Entonces muchos podrían decir que resultaría imposible para la mayoría alcanzar la salvación. Lo cierto es que el Reino de Dios no se gana con las “buenas obras” que hacemos; ni con ser parte de una iglesia determinada; ni con ser un servidor de Dios, llámese pastor, cura, ministro o clérigo. Lo único que nos abre las puertas del cielo es hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecerle a Él.

Muchos líderes religiosos han inventado fórmulas complejas que supuestamente nos llevan al cielo. Muchas de las reglas religiosas no son ideas de Dios sino que se basan en filosofías humanas. Lamentablemente, la gente toma tan en cuenta lo que le enseña su líder religioso que no busca en la Escritura la comprobación de que lo que escucha va conforme a la Palabra de Dios. Y es casi seguro que parte de esa gente mencione el nombre del Señor Jesucristo y pretenda estar siguiéndole a Él. Sin embargo, si su tradición religiosa contradice lo que está escrito en la Biblia, aunque sea en un solo punto, tal religión no se apega a la voluntad de nuestro Padre Celestial. Por lo tanto, quien continúe practicando tales tradiciones está en riesgo de no entrar en el Reino de los cielos. Eso no lo digo yo, es lo que dijo el propio Señor en Mateo 7:21.

La voluntad de Dios es que ningún hombre o mujer se pierda sino que reciba la salvación. Nuestro Señor lo dice en Mateo 18:14: Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Por lo tanto, nuestra meta cada día a fin de hacer la voluntad de nuestro Padre es procurar la salvación de cada hombre o mujer que se cruce en nuestro camino. Jesús lo reitera en Juan 6:39: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Por lo tanto, si queremos hacer la voluntad de Dios y no la nuestra, debemos alinear nuestros pensamientos hacia alcanzar Sus objetivos antes que los propios. Y está muy claro que la voluntad de Dios expresada en Su Palabra es la salvación de todos. Entonces, procuremos con todas nuestras fuerzas compartir cada día con alguien las buenas nuevas de salvación. Que esa sea una meta diaria para cada uno de los que hemos recibido por gracia la vida eterna.

Dice Romanos 10:14-15: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Seamos diligentes en compartir con otros el mensaje salvador de Jesucristo, para que, como dice Juan 3:16, crean en Él, no se pierdan y alcancen vida eterna. Esa es la voluntad de nuestro amado Padre Celestial. Dios te bendiga.

Lo que Dios Dijo, lo Hará

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Números 23:19

Dios siempre hará exactamente lo que dijo que haría. Muchas veces nos desesperamos ante las promesas de Dios porque juzgamos Su tiempo conforme al nuestro. Sin embargo, los tiempos del Señor son diferentes de los nuestros, tal como está escrito en 2 Pedro 3:8: Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Así que debemos de tener paciencia y esperar el tiempo de Dios para ver el cumplimiento de Su promesas.

Dice 2 Corintios 1:20: porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Esto quiere decir que tenemos una garantía por escrito de que absolutamente todo lo prometido por nuestro Padre Celestial se va a cumplir en Su tiempo perfecto, ni un minuto antes ni un minuto después, todo llegará justo a tiempo para Su gloria.

La Biblia describe cientos de promesas de parte de Dios para Su pueblo, para Sus hijos y para la iglesia. Absolutamente cada una de ellas se va a cumplir para dar validez a lo que está escrito. Debo poner en contexto lo que dice Números 23:19 y de boca de quien salió esa expresión. La persona que pronunció las palabras de este versículo fue Balaam, un falso profeta, del cual dice el Nuevo Testamento que amó el premio de la maldad (2 Pedro 2:15), anduvo en el error (Judas 1:11) y enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación (Apocalipsis 2:14).

Sin embargo, las palabras de Números 23:19 están validadas en la Escritura a pesar de haber sido pronunciadas por un falso profeta como Balaam. De ninguna manera Dios es mentiroso y Su santidad no requiere de arrepentimiento alguno como nosotros. Y como vimos en 2 Corintios 1:20, Él hará y ejecutará todas y cada una de Sus promesas que están contenidas en la Biblia.

Veamos algunas de las promesas bíblicas comprendidas en el mensaje a las siete iglesias de Asia. El Señor promete lo siguiente: le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7); no sufrirá daño de la segunda muerte (Apocalipsis 2:11); daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe (Apocalipsis 2:17); yo le daré autoridad sobre las naciones (Apocalipsis 2:26); será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles (Apocalipsis 3:5); yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí (Apocalipsis 3:12); le daré que se siente conmigo en mi trono (Apocalipsis 3:21).

Todas estas promesas son en Dios sí y amén y le serán dadas al que venciere, al que persevere hasta el fin. El Señor repite tres veces en el libro de Apocalipsis “Vengo pronto” y cada vez lo acompaña con una hermosa promesa o un consejo sabio (Ver Apocalipsis 3:11, 22:7 y 22:12). Esperemos confiadamente Su llegada, la cual está cada día más cercana porque así como Él lo dijo, así sucederá. Dios te bendiga.

Paciencia y Obediencia para Recibir las Promesas de Dios

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:35-36

El mundo moderno nos enseña a pretender alcanzar resultados instantáneos. El ejemplo más claro es el horno de microondas por el cual obtenemos alimentos calientes en pocos minutos. De la misma manera, pretendemos que Dios actúe en nuestras vidas, es decir, pensamos que Dios va a responder a nuestras peticiones de manera automática y lo único que nosotros debemos de hacer es apretar los botones espirituales de una oración apresurada e inmediatamente, en los cielos, nuestro Padre Celestial responderá nuestras peticiones.

El libro de Hebreos nos dice que hay dos prerrequisitos para poder obtener la promesa: tener paciencia y hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecerle. También nos dice que nuestro galardón lo obtendremos si no perdemos la confianza, es decir, si nuestra fe en Dios permanece en nosotros. La Biblia nos define claramente los significados de paciencia, obediencia y promesa.

Paciencia es esperar, como dice Romanos 8:25: Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Paciencia es resistir: Bienaventurado el varón que padece con paciencia la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman (Santiago 1:12). Paciencia es obedecer: Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12). Paciencia es perseverar y dar frutos: Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia (Lucas 8:15). La paciencia perfecciona el carácter cristiano: Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:4). La paciencia nos fortalece a través de Cristo: fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad (Colosenses 1:11).

La obediencia implica cumplir las órdenes y mandamientos de Dios, como nos dice Romanos 16:26: pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe. Seguir las instrucciones que nos dan las personas que están a cargo de nuestro crecimiento espiritual también es parte de la obediencia.

Nuestro ejemplo siempre debe ser Jesucristo, quien fue paciente: Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5). Nuestro Señor también fue obediente: y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8).

Dios nos promete muchas cosas en este mundo y en la eternidad. Como nuestro pastor ha prometido que nada nos faltará. Él ha prometido darnos Su Espíritu Santo, sellarnos con Él y estar con nosotros hasta el fin. Obedezcamos a Dios en todo momento y guardemos con paciencia mientras esperamos las promesas presentes y la herencia eterna.