La Palabra de Dios no Regresa Vacía

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

Isaías 55:10-11

La Palabra de Dios cumple siempre con su propósito en el tiempo perfecto. En esta época en la cual vivimos muy de prisa, algunas veces nos desesperamos al ver que las promesas de Dios no se están cumpliendo a la velocidad que deseamos. Pero la semilla de la Palabra de Dios que ha sido sembrada va a germinar sin lugar a dudas. Isaías 55:10-11 lo afirma y, si Dios lo dice, es la verdad porque Él no miente. El tiempo de Dios es perfecto, ni se adelanta ni se atrasa. Por lo tanto, el cumplimiento de Su Palabra llegará en el momento justo.

Yo mismo soy un ejemplo vivo de la veracidad de Isaías 55:10-11. Desde mi adolescencia, siempre hubo alguien sembrando la Palabra de Dios en mi vida y, aunque ver el fruto tardó 30 años en brotar, finalmente la Palabra no regresó vacía, sino que hizo lo que Él quería hacer conmigo y fue plenamente prosperada en aquello para lo cual Él la envió. Estos mensajes diarios que comparto con gente de todo el mundo son la mejor prueba del cumplimiento de esa palabra.

Numerosas personas sembraron la semilla de la Palabra de Dios en mí durante 30 años en tres países distintos. Es imposible nombrar a todas esas personas, así que solo hablaré de un par de ellas. Una de esas personas fue Melissa, una méxico-americana quien era mi peluquera mientras vivía en San Antonio, Texas. Ella siempre me decía “Jesús te ama” mientras cortaba mi cabello. Cuando conocí al Señor en Florida, a mi regreso a Texas, lo primero que hice fue ir a cortarme el cabello donde Melissa y le di mi testimonio. Ella se llenó de gozo y glorificó a Dios.

A finales de abril de 2009, mi madre partió con el Señor. Debido a eso yo fui a mi ciudad natal en la República Dominicana y allí me encontré con varios amigos de la infancia. Entre ellos estaba Víctor, quien había entregado su vida a Jesucristo desde la adolescencia como otros tantos muchachos del barrio, entre los cuales, por supuesto que yo no estaba. Víctor me preguntó si yo había visto a mi prima Glenys, otra de las jóvenes que se habían entregado al Señor tres décadas atrás, yo le dije que no. Y él me dijo que ella quería hablar conmigo.

Yo continué dando vueltas por la ciudad sin prestarle mucha atención a lo que Víctor me había dicho. Mis dos hijas andaban conmigo y me dijeron que las llevara a arreglarse el cabello. Así lo hice y mientras las esperaba, Víctor pasó por el lugar y me hizo la misma pregunta. Como le dije de nuevo que no había visto a mi prima, el me dijo: “Ven, ella vive a cinco casas de aquí y podemos ir caminando hasta allí.” Así lo hicimos.

Mi prima se puso muy contenta de verme después de casi 20 años y me dijo que había escuchado que yo me convertí cristiano. Yo le conté mi testimonio con mucho entusiasmo mientras ella me escuchaba sonriente. Al final de mi testimonio, ella me dijo: “Desde que me convertí a Jesucristo, fuiste la primera persona que el Señor trajo a mi mente. Llevo 30 años orando por tu salvación.” Yo quedé sin habla ante ella al ver la fidelidad de Dios.

Si llevas años orando por la salvación de tus seres queridos sin ver resultado, no te rindas. Hay una promesa del Señor de que al creer en Él tú y los tuyos serán salvos. La Palabra de Dios nunca regresa vacía y dará fruto en el tiempo preciso, no antes ni después. Lo he visto en mi propia vida y estoy seguro que lo verás también en la tuya. Dios te bendiga.

Jesús Pagó por Nuestras Culpas

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Isaías 53:5-6

El libro de Isaías es uno que demuestra la autenticidad de la Biblia como Palabra de Dios. Son tantas y tan precisas las profecías cumplidas contenidas en Isaías, que quien lo lee y medita debe quedar convencido de que la Biblia es inspirada por Dios. Desde hablar sobre la redondez de la Tierra (Isaías 40:22) hasta nombrar por su nombre a Ciro, rey de Persia (Isaías 44:28 y 45:1) cerca de un siglo antes de su existencia, Isaías es una muestra de lo que Dios adelanta por medio de sus siervos los profetas para el conocimiento de todos. Pero lo más impactante de Isaías es lo profetizado acerca de Jesús siete siglos antes de su primera venida a la Tierra, un ejemplo de lo cual es Isaías 53:5-6.

Reflexionando sobre lo que dice Isaías 53:5-6 hay que mirar en la justa perspectiva lo que hizo Jesús en la cruz. El pastor norteamericano Charles F. Stanley (1932- ) ha dicho: “La gravedad del pecado se revela por el inmenso costo de la expiación, la pena de muerte, y debe ser pagada por el culpable, o por un sustituto aceptable.” El único sustituto aceptable para la expiación es Jesucristo, fuera de Él nadie más podría morir por los pecados de todo el mundo.

Continúa diciendo Charles F. Stanley: “Solo por la muerte vicaria del perfecto Hijo de Dios, tiene el Padre una base legítima para poder perdonar a cualquiera que venga a Él con fe y arrepentimiento.” Nuestra conciencia debe indicarnos que somos pecadores, que violamos en forma sistemática la Ley de Dios. Como pecadores quedamos para siempre fuera de la presencia de un Dios Santo. La paga del pecado es la muerte, y eso realmente es lo único merecido por cada ser humano. Jesús murió en tu lugar y el mío y la única manera de obtener el perdón es arrepintiéndonos y teniendo fe en Jesucristo.

El escritor y predicador norteamericano Max Lucado (1955- ) dijo: “Si Cristo no nos hubiera cubierto con Su gracia, cada uno de nosotros estaría sobregirado en su cuenta.” Amigo que me escuchas o lees, Dios no nos debe nada a nosotros, somos tú y yo quienes estamos en deuda con Él. Y todos estamos en deuda con Dios, primeramente porque hemos violado Su Ley pecando. Cada pecado es una deuda. También nos endeudamos con Dios porque Él mismo pagó nuestra cuenta al dar a Su Hijo a cambio de saldarla.

El teólogo suizo Francis Turretin (1623-1687) dijo: “El evangelio enseña que aquello que no estaba en nosotros y que debía ser hallado en otro, puede ser encontrado únicamente en Cristo, el Dios-hombre, quien al tomar sobre Sí el oficio de garante satisfizo plenamente la justicia de Dios por medio de Su obediencia perfecta, concediéndonos la única justicia eterna por la que podemos ser justificados.”

Como dice Isaías 53:5-6: Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino. Nadie puede proclamarse inocente porque todos somos culpables. Pecar ha sido el estilo de vida de cada ser humano. Por lo tanto, lo que merecemos, sin lugar a dudas, es la pena de muerte por nuestras culpas. Cuando veas la cruz de Cristo, piensa que quien debió estar allí fuiste tú. Sí, y también yo y cada hombre y mujer que ha nacido en este mundo. Con Su muerte, Jesús pagó por las culpas de cada uno de nosotros. Pero para ser partícipe de Su perdón, es necesario arrepentimiento y fe en Él. ¡Hazlo ya! Dios te bendiga.

 

Cuidando el Testimonio

Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

Romanos 2:21-22

Romanos 2:21-22 es una llamada de atención para todos, pero fundamentalmente para aquellos que hemos sido llamados a compartir la Palabra de Dios. Personalmente, yo sería un verdadero hipócrita si me declarara libre de culpa en cuanto a fallarle a Dios. Cada vez que comparto con los demás uno de mis mensajes, soy el primero a quien debe ser aplicado cada uno de ellos. Y este mensaje de hoy no es la excepción. Aclaro esto para que, quien se sienta aludido por lo que trataremos hoy no lo tome como una crítica, ya que yo mismo estoy siendo confrontado también.

Analicemos lo que dice Romanos 2:21-22 y tratemos de aplicarlo internamente a nosotros mismos. Vemos que primero dice: Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Si el maestro no entiende la lección, ¿cómo la explicará a sus alumnos? No es posible que enseñemos a alguien en la Palabra de Dios sin que la enseñanza no llegue primero a nosotros. Como dije al principio, cada mensaje que escribo y envío me da primero una gran lección de vida cristiana a mí mismo. Hay algunos de ellos que me han hecho revisar mi vida muy seriamente.

Lo siguiente de Romanos 2:21-22 tiene que ver con el cumplimiento de la Ley de Dios: Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Hay un dicho que dice que algunos predican la moral en calzoncillos para referirse a quienes dicen que no se haga algo, pero ellos mismos están violando lo que dicen. Y ciertamente, muchos hemos caído en error semejante.

Cuidar el testimonio es muy importante porque la mayoría de las personas que escuchan el mensaje de la Palabra de Dios a quien miran es al mensajero y tratan de ver si hace lo que predica. Mucha gente no se convierte a Cristo porque dicen que el testimonio de los cristianos que conocen no les convence. Y aunque no hay ninguna garantía de que un buen testimonio convenza a alguien de que necesita la salvación, el motivo principal de mantenerlo es que somos embajadores de Cristo y debemos representarlo dignamente.

Ahora bien, quien comparte la Palabra no es un ángel que bajó del cielo sino un ser humano como todos los demás, con virtudes y defectos. No podemos tener una máscara frente a los demás fingiendo ser lo que no somos. Es lamentable ver religiosos que tratan de presentarse como santos a sus congregaciones cuando llevan una vida privada bastante cuestionable. Eso es una franca hipocresía, es ser como los fariseos.

¿Haber caído nos descalifica para servir a Dios? La respuesta es no porque si así fuera, nadie serviría. La Biblia muestra transparentemente como fueron los hombres y mujeres de Dios. Entre ellos: el borracho Noé, el mentiroso Abraham, el manipulador Jacob, el iracundo Moisés, el adúltero y asesino David, el depresivo Elías, el negador Pedro, el incrédulo Tomás y el perseguidor Pablo. Y todos ellos le sirvieron. Dios te bendiga.

 

La Nutrición del Alma

Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Mateo 4:4

El envejecimiento de los “Baby boomers” ha provocado un enorme crecimiento de la industria de los suplementos nutricionales. Es obvio que nuestra piel sufre como consecuencia de una nutrición inadecuada y deficiente. Así como tu cuerpo no puede vivir sin alimentos, tu alma necesita el alimento de la Palabra de Dios. El propio Jesús, cuando fue tentado por el diablo en el desierto, le recordó que: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Cuando te alimentes con la Palabra de Dios, la debilidad y la confusión desaparecen.

La Organización Mundial de la Salud define la nutrición como la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo. Una buena nutrición (una dieta suficiente y equilibrada combinada con el ejercicio físico regular) es un elemento fundamental de la buena salud. Una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental, y reducir la productividad.

La nutrición hace referencia a los nutrientes que componen los alimentos y comprende un conjunto de fenómenos involuntarios que suceden tras la ingesta de los alimentos, es decir: la digestión, la absorción o paso a la sangre desde el tubo digestivo de sus componentes o nutrientes, y su asimilación en las células del organismo. Existen seis clases de nutrientes que el cuerpo necesita: carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua. Es importante consumir diariamente esos seis nutrientes para construir y mantener una función corporal saludable.

Y al igual que la nutrición natural, la espiritual es una necesidad básica que debemos suplir cada día. Si nuestro cuerpo demanda el consumo diario de los seis tipos de nutrientes, nuestra alma necesita nutrirse cada día con la Palabra de Dios. Esa nutrición incluye la lectura y la meditación de la Escritura. Pero para mayor aprovechamiento de ella, debemos nutrirnos acompañados por el nutricionista espiritual: el Espíritu Santo. Él nos guiará hacia toda verdad.

La Palabra de Dios es semilla plantada en nuestras vidas para dar frutos permanentes. Dios espera que nosotros no sólo escuchemos Su Palabra sino que también seamos hacedores de la misma. La Palabra es poder de Dios, ya que toda la creación ocurrió mediante la Palabra que Dios hablaba. La Palabra es también una espada que nos permite defendernos de los ataques del enemigo y para penetrar a lo más profundo de nuestro ser, como dice Hebreos 4:12: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Demos nutrición diaria a nuestra alma a través de la Palabra de Dios. Que no pase un día sin que comamos de ella. Si cada día te alimentas tres veces, ¿por qué no sacas tiempo para leer la Biblia? Te aseguro que encontrarás revelación fresca. Dios te bendiga.

La Armadura de Dios

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Efesios 6:10-17

Cuando decidimos seguir a Cristo y abandonamos las cosas de este mundo, el príncipe de las tinieblas se convierte en nuestro enemigo. Y como decía el Chavo del 8, sin querer queriendo estamos en medio de una guerra espiritual. En toda guerra hay dos bandos y ambos pretenden ganarla. En las guerras los soldados deben de estar suficientemente entrenados y apropiadamente equipados para poder luchar, sobrevivir y ganar. Nosotros, como soldados de Cristo, debemos conocer nuestro equipo de protección y nuestras armas para poder vencer.

Nuestro entrenamiento lo da nuestro Señor, quien nos da la fuerza. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece dice Filipenses 4:13. Debemos de estar preparados y alertas porque siempre vendrán días malos ya que nuestro enemigo estará siempre listo para atacarnos, como nos dice 1 Pedro 5:8: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. Por eso debemos usar todo el tiempo la Armadura de Dios.

El cinturón de la verdad nos da libertad: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). De este modo estamos seguros de no caer en las mentiras del enemigo. La coraza de justicia protege nuestro corazón, como nos dice Proverbios 4:23: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida. El apresto del evangelio de la paz es nuestro calzado. Somos mensajeros de las buenas nuevas de salvación: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! (Romanos 10:15).

La fe es un escudo impenetrable. Dice Salmo 18:30: En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan. Poniendo nuestra fe en Dios, rechazaremos todos los ataques del enemigo.

Debemos tomar conciencia de que el campo de batalla del enemigo es nuestra mente. Él va a tratar de acusarnos cada vez que cometamos un error, por eso nuestra salvación debe ser el casco que nos proteja: Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo (1 Tesalonicenses 5:8).

Finalmente, nuestra arma de ataque y defensa es la Palabra de Dios: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Dios te bendiga.

El Origen de la Fe

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Romanos 10:17

Todo en la vida tiene una fuente primaria que le da sustento. Las frutas y los vegetales que comemos proceden de plantas que originalmente fueron una semilla germinada la cual creció y dio fruto. Las cosas espirituales también tienen un origen. En Romanos 10:17, el apóstol Pablo nos dice que la fe procede de oír la Palabra de Dios.

El mundo nos dice que hay que ver para creer. Sin embargo, la fe nos dice que si no creemos no veremos. No se trata de la vista sino de un sentido distinto: el oído. Si basamos nuestras creencias solamente en lo vemos, es probable que caigamos en el error. Las cosas no siempre son como aparentemente las vemos. Un ejemplo es el espejismo observado en un desierto, el cual parece ser agua; pero no lo es. Hoy te invito a fortalecer tu fe escuchando lo que dice la Palabra de Dios.

Oyendo la Palabra de Dios adquirimos la fe, la cual nos permite vivir en justicia, como dice Habacuc 2:4: He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Entonces caminaremos por la vida amparados en la fe, no en lo que nos digan nuestros ojos, como expresa 2 Corintios 5:7: porque por fe andamos,  no por vista. Y andando en la fe, agradamos a Dios: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6).

Dios obra en nosotros conforme a nuestra fe, como podemos ver en Mateo 9:29: Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Los ciegos recuperaron la vista por la fe, la cual no solo nos sana, sino que también nos salva: Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora (Mateo 9:22). Y es que la fe nos permite recibir perdón de nuestros pecados: para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hechos 26:18).

Somos justificados por la fe: Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión (Romanos 3:30). Porque por medio de la fe tenemos paz con Dios: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Romanos 5:1-2).

La fe nos hace hijos de Dios: pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús (Gálatas 3:26). Y mediante la fe recibimos al Espíritu Santo: Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? (Gálatas 3:2). Así la fe preserva nuestra alma: Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10:39). Pues la fe vence al mundo: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). Dios te bendiga.

El Poder de la Palabra de Dios

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12

No existe nada más poderoso que la Palabra de Dios. Todo lo que existe ha sido creado por la Palabra pronunciada por Dios. Cuando Él dijo que se hiciera la luz, que se separaran las aguas de las aguas, que hubiera mares y continentes, que la tierra produjera plantas, que exista separación entre la noche y el día, que existieran los animales y los seres humanos, todo por completo fue hecho conforme a las palabras pronunciadas por Dios.

Nuestro Señor Jesucristo utilizó el poder de la Palabra de Dios para dar vista a los ciegos, multiplicar los alimentos, expulsar demonios, resistir las tentaciones del diablo y resucitar muertos. No existe absolutamente nada que la poderosa Palabra de Dios usada por los creyentes no pueda lograr, tal como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 1:18: Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

La Palabra de Dios es viva porque su vigencia es eterna. Contrario a lo que ha quedado escrito en libros concebidos por el hombre, los escritos bíblicos tienen la virtud de ofrecer al lector un mensaje fresco cada vez que se lea. Tal como las diferentes capas de la cebolla, cada verso de la Escritura nos va revelando la Verdad de Dios por cada lectura. La eficacia de la Palabra de Dios es real. Podemos encontrar enseñanza, consuelo, promesas, paz, descanso y gozo en la Biblia.

Cuando Pablo describe la armadura de Dios, compara a la Palabra con una espada: y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Efesios 6:17). La espada es un arma blanca de dos filos que consiste básicamente en una hoja recta cortante y punzante. Basada en esta comparación, la Palabra de Dios es punzante para penetrar a las fibras más profundas del ser humanos. Al ser contante, la Palabra de Dios es capaz de separar las emociones propias del alma humana hasta penetrar en nuestro espíritu.

Es imposible de engañar a Dios, ya que Él conoce las verdaderas intenciones del corazón humano. Su Palabra es el medio que Dios utiliza para traer a la luz las cosas que se pretenden mantener ocultas. La misma Escritura nos muestra como los profetas usaron la Palabra revelada por Dios para hacer palpable las intenciones verdaderas de las personas. El Espíritu Santo, mediante sus diferentes dones, nos recuerda lo que debemos decir ante cualquier situación que se nos presente a fin de traer a la luz lo que estaba oculto.

Usemos el poder que nos da la Palabra de Dios. La oración más eficaz es aquella que hacemos utilizando la Escritura como base. De la misma manera, la misma Escritura la podemos utilizar para dar alabanza a nuestro Rey y Señor. La poderosa Palabra de Dios es el arma principal para sanar enfermos, echar fuera demonios y traer el mensaje de salvación a los perdidos. Como dice una canción de Juan Luis Guerra, usa bien tu espada, soldado de Cristo. Dios te bendiga.

La Biblia Viene de Dios

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

2 Timoteo 3:16-17

Existen personas que consideran que la Biblia es un libro más escrito por el hombre. También existen personas que practican ciertos ritos religiosos en los cuales se utiliza la Biblia; pero la ponen en el mismo nivel que otros libros tradicionales de su credo. A decir verdad, la Biblia no necesita ser defendida porque su veracidad y exactitud son tan claras y evidentes que, por sí misma se establece como la única verdad sobre la divinidad.

Y aunque hay quienes dicen que la Biblia es un libro muy difícil de entender, en realidad no es así. Tal como dice 2 Timoteo 3:16-17, toda Escritura ha sido inspirada por Dios, es decir, no viene de hombres. Además, si la Biblia es útil para enseñar, su estructura debe ser lo suficientemente entendible para que la persona más sencilla pueda recibir enseñanza de ella.

Tengo una amiga que se ufana de estar leyendo la Escritura desde su niñez. Sin embargo, muy frecuentemente me sale con ciertas preguntas en las cuales me dice que la lógica no le da una explicación razonable sobre ciertos pasajes bíblicos. Yo trato de decirle que la lógica no es aplicable a la Palabra de Dios; pero ella me contesta siempre lo mismo sobre su gran coeficiente intelectual, el cual usará para continuar descubriendo lo que está oculto en esos pasajes oscuros que todavía no entiende.

Me parece que Dios es lo suficientemente justo como para haber diseñado la Escritura de tal manera que no solo la entendieran los intelectuales sino cualquier ser humano con un corazón dispuesto. Y esto que digo no es un invento mío, ya que la propia Palabra de Dios lo dice en 1 Corintios 1:27: sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. Por lo tanto, quien solo utiliza su intelecto para tratar de entender la Biblia terminará quedando en vergüenza.

Yo podría pasarme horas enumerando la gran cantidad de profecías bíblicas que se han cumplido y con ello demostrar la certeza de la Escritura. El solo hecho de la existencia de la nación de Israel y su permanencia a lo largo de la historia, confirman que realmente la Biblia es Palabra inspirada por Dios. Hay muchas cosas que fueron escritas en la Biblia con tanta precisión siglos antes de que acontecieran, que no nos deja lugar a dudas de que una mente maestra con conocimiento de todos los tiempos guió las manos que la escribieron.

Para que podamos ser enseñados, redargüidos, corregidos e instruidos en justicia por la Escritura, necesitamos la fe y no la inteligencia humana. Una vez aportamos nuestra fe, el Espíritu Santo nos guiará paso a paso para que podamos comprender los misterios de Dios. No perdamos el tiempo con razonamientos intelectuales, leamos la Biblia cada día guiado por Su autor y estaremos preparados para llevar a cabo la obra que nuestro Padre Celestial nos encomienda. Dios te bendiga.

Un Terreno Lleno de Espinos

El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Mateo 13:22

De nada nos sirve escuchar la Palabra si continuamos en el afán propio del mundo y nuestro enfoque está en hacernos ricos y nada más. La Palabra de Dios tiene cientos de promesas de bendición para quienes deciden ceñirse a ella; pero esa Palabra de verdad no dará frutos a menos que abandonemos totalmente el afán y no nos dejemos engañar por las riquezas. La Palabra dará su fruto cuando dejemos de rendirle culto a Mamón y adoremos al único y eterno Dios.

Conocí un hombre de negocios que por muchos años, antes de que yo lo conociera, tuvo varios socios cristianos quienes les compartían la Palabra de Dios. A pesar de estar expuesto casi diariamente a escuchar hablando sobre Dios, este hombre tenía sus oídos cerrados para escuchar. Varios meses después de haberlo conocido, lo invité a él y a su esposa a un servicio en una iglesia. Ese día, ambos escucharon la Palabra de Dios y fueron impactados de tal modo que abrieron sus corazones a Jesucristo.

A partir de ese momento, esta pareja comenzó a congregarse en iglesias cristianas, incluso en la nuestra. Cada vez más escuchaban y eran expuestos a las Escrituras a través de diferentes siervos de Dios. Sin embargo, el hombre continuaba afanándose por hacer riquezas y a eso dedicaba la mayor parte de su tiempo. Estuve involucrado con algunos negocios con él los cuales solo dejaron pérdidas. Nada de lo que este hombre se ha propuesto ha prosperado y la Palabra que fue sembrada en él tampoco ha dado fruto. Hoy, él continúa en su afán infructuoso y cada día se ve más atrapado en el mismo.

Dios utiliza las pruebas para forjar nuestro carácter y también para probar nuestro corazón. Él quiere saber hacia dónde se inclina nuestra lealtad. Cuando nos enfocamos en las cosas materiales, estamos siendo infieles a Dios porque nuestro corazón anda en busca de las riquezas en lugar de anhelar al Dios vivo. En tales circunstancias, es imposible que la Palabra de Dios que ha sido sembrada en nosotros produzca fruto alguno.

El versículo de la reflexión de hoy es parte de la famosa parábola del sembrador. La semilla de la Palabra de Dios en esta parábola cae en cuatro tipos de suelos: junto al camino, entre pedregales, entre espinos y en buena tierra. Y cada terreno tiene su propia explicación: el que oye y no la entiende; el que tropieza ante las pruebas; el que ahoga la Palabra por el afán de perseguir las riquezas y el que la oye, la entiende y da fruto. A lo largo de nuestra vida, es posible que en algún momento hayamos sido cada uno de esos terrenos.

Si hoy que escuchas o lees este mensaje, al analizarte a ti mismo encuentras que eres el terreno entre espinos, todavía estás a tiempo de convertirte en buena tierra. El afán no necesariamente te ayuda a alcanzar tus metas y las riquezas son pasajeras. Lo único eterno es lo que sucederá cuando esta corta vida terrenal se acabe y de la cual nos iremos con las manos vacías, procura pasar la eternidad en los cielos y no en el lugar de tormento. Dios te bendiga.