¿Para Quién Es la Ley?

Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina.

1 Timoteo 1:8-10

En 1 Timoteo 1:8-10, el apóstol Pablo dice que la Ley es buena si uno la usa legítimamente. También Pablo indica que la Ley no fue dada para el justo sino para el pecador. Y de nuevo presenta un largo catálogo de violadores de la Ley que incluye a los transgresores, desobedientes, impíos, pecadores, irreverentes, profanos, parricidas, matricidas, homicidas, fornicarios, sodomitas, secuestradores, mentirosos y perjuros. En resumen, Pablo indica que tales personas se oponen a la sana doctrina.

Lo primero que dice Pablo es que la Ley es buena. El pastor inglés Maurice Roberts (1938- ) dice al respecto: “Los Diez Mandamientos no son un yugo de plomo alrededor de nuestro cuello, sino un marco de bendición y felicidad mientras vivamos sobre la Tierra. Así como no podemos vivir sin la ley de gravedad, no podríamos vivir felices sin los Diez Mandamientos. Tal como la gravedad nos ancla con seguridad a nuestro hogar terrenal, del mismo modo la Ley Moral de Dios tiene el propósito de guardarnos de hacernos daño a nosotros mismos y a los demás.”

Legítimamente, la Ley de Dios nos previene de todos los peligros que podamos enfrentar. Entre ellos, no caer en una falsa religión, proteger nuestro cuerpo y nuestra alma, defensa de la tiranía y la vida, nos enseña a vivir en castidad y prosperidad, nos muestra cómo proteger nuestra reputación y a controlar nuestros pensamientos más íntimos. Algunos de los Diez Mandamientos son la base de leyes humanas cuya violación nos podría llevar a la cárcel y, en algunos países hasta ser sentenciados a muerte.

Ahora bien, Pablo también enfatiza que Ley fue dada para los transgresores y desobedientes. Es decir, para cada uno de los que se desvían del camino señalado por Dios. Hoy en día, a mucha gente le fascina tener la libertad de hacer lo que le dé la gana. El predicador irlandés Frederick Leavy (1922-2006) dijo: “Cuán a menudo escuchamos decir: ‘Tengo derecho de hacer lo que quiera con mi cuerpo.’ Nada puede estar más lejos de la verdad. Ante la Ley de Dios ningún hombre o mujer es libre para hacer con su cuerpo lo que le plazca.”

Y en cuanto a los que refiere Leavy de gente que dice que tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera, Pablo menciona al menos dos que caerían dentro de esa categoría, ellos son los fornicarios y los sodomitas. Todos sabemos que fornicarios son los que practican el sexo fuera del matrimonio. Sodomita se refiere a quien practica la sodomía. Y la sodomía hace referencia a determinados comportamientos sexuales, históricamente utilizados para describir el acto del sexo anal entre homosexuales y las demás prácticas homosexuales masculinas, si bien también puede usarse para describir el sexo anal heterosexual.

Hoy podemos ver que las sociedades modernas han legalizado la sodomía, la cual muchos la ven como más aceptable que predicar el evangelio. Es evidente la revelación que el Espíritu Santo le dio a Pablo cuando dijo que tales personas se oponen a la sana doctrina. Eso es precisamente lo que vivimos hoy, donde practicantes de la sodomía se sienten con el gran derecho de exigirle a Dios que cambie Su Ley para que se ajuste a su pensar. Dios te bendiga.

 

Dios Detesta el Orgullo

Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune.

Proverbios 16:5

Una de las cosas que Dios aborrece es el orgullo. En muchos lugares de la Biblia queda esto claramente establecido, siendo Proverbios 16:5 uno de ellos. Pero siempre han existido personas orgullosas en todo tiempo y en todo lugar. Esas personas se sienten superiores a los demás por diferentes motivos. Podría ser porque tienen dinero, o una posición social alta, o una buena preparación académica, o por ser de la raza mayoritaria o dominante. No importa lo que motive el orgullo, a Dios nunca le agradará esa postura.

Si bien es cierto que, por lo general, la mayoría de las personas orgullosas podrían tener las características antes señaladas, puede haber orgullo en otros estratos sociales. He conocido gente muy pobre que a la vez son muy orgullosas y también gente adinerada con un corazón humilde. También he conocido orgullosos de todas las razas y nacionalidades, así como gente sencilla de igual origen. Por lo tanto, el orgullo carece de un estereotipo específico y puede ser encontrado en cualquier lugar.

Meditemos en lo que dice la Escritura en Ezequiel 28:14-17: Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.

Ese querubín grande, protector que menciona el profeta Ezequiel no es otro que a quien hoy conocemos como el diablo o Satanás. La Escritura dice que él fue perfecto desde el día que fue creado hasta que se halló la maldad el él. Por lo que dice el versículo 17: Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor, el gran pecado de este querubín fue el orgullo. Se creyó mucho más grande e importante de lo que era realmente.

Isaías 14:-12-14 arroja más luz sobre el pecado cometido por el diablo cuando todavía era uno de los ángeles del cielo: ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

La soberbia, el orgullo de Satanás fueron tan grandes que lo impulsaron a creerse igual a Dios y capaz de ocupar el trono del Altísimo. Y si Dios odia la mentira porque le hace recordar al padre de la mentira, es obvio que debe también odiar el orgullo porque fue el primer pecado cometido en el universo. Ese orgullo que desafiaba incluso la autoridad de Dios y pretendía ocupar su trono santo no puede ser jamás de Su agrado.

Quitemos de nuestro corazón todo vestigio de orgullo. Seamos como dice el Salmo 51:17: Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. El mejor ejemplo de humildad nos lo ha dado nuestro Señor Jesús quien se humilló y entregó Su vida en la cruz por ti y por mí. Dios te bendiga.

 

Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

Tito 1:15-16

El pecado obscurece la mente de las personas haciéndoles ver las cosas malas como normales y las buenas como si fueran una aberración. De este modo, una mente corrompida ve como un derecho humano quebrantar la Ley de Dios y, al mismo tiempo, ve la misma Ley como un atropello a la dignidad humana. Por eso, ese tipo de personas exige cosas tales como su libertad de amar a alguien de su propio sexo y su derecho de exigirle a Dios que modifique Su Palabra a fin de acomodarla a sus gustos y preferencias. Solo una mente y una conciencia que estén corrompidas hacen posibles la manifestación de ideas semejantes.

El sábado 14 de marzo de 2015, el cantante puertorriqueño Ricky Martin se expresó sobre el matrimonio del mismo sexo en una entrevista que le hacían en el programa “Punto Final” de la televisión colombiana. Según lo expresado por el famoso cantante: “La Biblia no tiene ningún poder ni autoridad para frenar decisiones de ningún estado sobre ninguna ley relativa a las uniones homosexuales.” Y continuó diciendo: “No son válidos los argumentos religiosos basados en la Biblia para impedir que dos personas del mismo sexo formalicen mediante matrimonio, una relación íntima.”

Por su parte, el astrólogo puertorriqueño Walter Mercado asegura que Dios le ha pedido que escriba la segunda parte de la Biblia. Según palabras de Mercado: “Es la primera vez que hablo con Él, me pidió ser intermediario como los viejos profetas, para dictarme la segunda parte de la Biblia. Me siento muy honrado, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.” Y continuó diciendo: “Quiere aprovechar el éxito en ventas de la Biblia original, está seguro de que una secuela será otro bestseller. Necesita mi ayuda porque no se da abasto con el trabajo.”

La diócesis mexicana de Saltillo, presidida por el Obispo Raúl Vera López, respalda a una organización de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), pese a que ésta promueve principios contrarios a las enseñanzas de la propia iglesia católica en materia de sexualidad. La diócesis celebró en Saltillo, del 25 al 27 de marzo de 2011 el 4º Foro de Diversidad Sexual, Familiar y Religioso, organizado por la comunidad San Elredo, un grupo LGBT que tiene como objetivo “erradicar lo que algunos sectores de la Iglesia piensan acerca de la homosexualidad,” y especialmente “que los actos homosexuales son opuestos a Dios.”

Estos tres ejemplos que he presentado aquí muestran, como dice Tito 1:15-16: Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra. Con respecto a lo que dice Ricky Martin, él no tiene ningún poder ni autoridad para decir lo que debe contener o no la Biblia. Sus argumentos no son válidos delante de Dios y él no es nadie para decirle a Dios lo que es pecado o no.

Con respecto a Walter Mercado, creo que su mente y su conciencia corrompidas lo llevan a decir cosas sin sentido. La Biblia ya ha sido escrita y Dios no es ningún autor ambicioso en busca de fama. Además, ¿quién ha dicho que Dios está abrumado de trabajo? Lo del obispo de Saltillo, México, es un ejemplo de cómo las modas de hoy van calando en las iglesias, al punto de contradecir sus propios fundamentos. Debemos de actuar con valentía y exponer las verdades bíblicas tan contundentemente como la mentira es difundida hoy. Dios te bendiga.

 

Las Obras de la Carne

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Gálatas 5:19-21

Es curioso ver como muchas personas justifican su conducta y tratan de acomodar la Escritura conforme a sus propios pensamientos. Así, hay quien puede pensar dentro de sí que no es mentir decir que no está cuando no es cierto, o que si no tiene pareja y se acuesta con alguien que le gusta no comete fornicación. En Gálatas 5:19-21, el apóstol Pablo da una lista de las obras de la carne las cuales nos impiden heredar en Reino de Dios. Ese listado incluye: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes.

Las obras de la carne no se limitan a las diecisiete que Pablo llama por su nombre, ya que las cosas semejantes podrían incluir otras muchas más. Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia y orgías caen dentro de la categoría de pecados sexuales. ¿Qué cosas son semejantes a estas? Entre otras tenemos: masturbación, sadismo, masoquismo, fantasías sexuales, pornografía, homosexualidad, lesbianismo, bestialismo, sodomía, prostitución e incesto. No creo que alguien se atreva a catalogar ninguna de estas prácticas como obras del Espíritu. Por lo tanto, todas ellas son obras de la carne.

¿Qué es la idolatría? La palabra idolatría significa adoración de imágenes. La palabra adoración consiste en: rendir culto, reverencia o venerar a un ser u otro objeto que se considera divino. La palabra venerar consiste en: honrar, dar culto a lo sagrado. En pocas palabras venerar y adorar es lo mismo. Muchas imágenes de santos y vírgenes son adoradas en muchos países del mundo. Quienes practican esto, cuando son confrontados con el segundo mandamiento, se justifican diciendo que no las adoran sino que las veneran. En realidad ambas cosas significan lo mismo y su justificación es un autoengaño.

Cosas semejantes a la hechicería son: magia, conjuro, superstición, encantamiento, brujería, horóscopo, astrología, hipnotismo, entre otras. Por su parte, cosas semejantes a herejías son: apostasía, injuria, blasfemia e irreverencia. Otras cosas semejantes a las obras de la carne son: agresiones verbales y físicas, intimidación, odio, desacuerdo, resentimiento, disgusto, rencor, hostilidad, mala voluntad, aborrecimiento, discordia, animosidad, discusiones, divergencia, enfrentamientos, disputas, riñas y rabia.

Cosas semejantes a los homicidios son: alevosía, ensañamiento, eutanasia, asesinatos, atentados, terrorismo, linchamiento, violación, amenaza, secuestro, sicariato y suicidio. Las cosas semejantes a la borrachera incluyen drogadicción, alcoholismo y tabaquismo. Todas esas obras de la carne fueron amonestadas por Pablo a los gálatas y por extensión a todos los cristianos.

Pablo fue muy enfático cuando dijo que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Erradiquemos pues de nuestras vidas toda obra de la carne y vivamos solamente pensando y haciendo las obras del Espíritu, las cuales nos dan vida. Dios te bendiga.

 

Los que Viven según la Carne

Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Romanos 8:5-8

La Escritura es bastante clara en cuanto a la gran diferencia entre vivir según la carne y vivir de acuerdo al Espíritu. Pensar en las cosas de la carne es ser de la carne, mientras que pensar en las cosas del Espíritu es ser del Espíritu. Pablo establece muy acertadamente que ocuparse de la carne es muerte, pero que ocuparse del Espíritu es vida y paz. Vivir según la carne es estar opuesto a Dios, quien es Espíritu. Es imposible ser carnal y resultarle agradable a Dios. Por lo tanto, hay que abandonar toda práctica afín a la carne y abrazar la vida del Espíritu.

El apóstol Pablo en su carta a los Gálatas 5:19-21 enumera las obras de la carne. Pronto voy a abundar más sobre estos versículos en una próxima reflexión. Por ahora, reflexionemos sobre lo que nos dice Romanos 8:5-8. Lo primero que leemos es que quienes son de la carne piensan en las cosas de la carne. En mi país natal existe un refrán que dice que cada ladrón juzga por su condición. Por lo tanto, quien es carnal no va a pensar en algo distinto a su naturaleza carnal.

Hace algún tiempo fui con una pareja a una reunión de negocios. La reunión se llevaría cabo en la oficina de alguien a quien yo conocía, lo mismo que a su esposa. Había varias personas más en la reunión, incluyendo una mujer, a quien yo no conocía, la cual se comportaba muy cariñosa con el dueño de la oficina y su esposa. Mis acompañantes se sintieron incómodos en la reunión y, al salir me dijeron que ese señor era un bígamo y que probablemente su esposa era bisexual. Entonces me manifestaron que no iban a hacer negocios con tales personas.

A mí me chocó la impresión que le dieron a la pareja que me acompañaba. Por un buen tiempo me alejé de ese hombre de negocios y continué adelante con mi relación comercial con la pareja. Lamentablemente yo había caído sin darme cuenta en una trampa del enemigo llevada a cabo usando a un par de mentes carnales. Estas dos personas, especialmente el hombre, resultaron ser un par de farsantes y estafadores, quienes no solo me hicieron perder miles de dólares sino que fueron piedra de tropiezo con personas íntegras.

¿Cuál era la realidad de este hombre de negocio, su esposa y esa otra mujer? La otra mujer recibió una gran ayuda de este hombre y su esposa hace muchos años. Ella se ha sentido agradecida toda la vida y es capaz de hacer cualquier cosa por quienes la han ayudado tanto. Los tres son personas de gran valor moral y el cariño que se expresan es producto de un amor genuino y desinteresado movido por el Espíritu. Por sus mentes jamás ha pasado nada deshonesto. Pero no sucedió así con las mentes carnales de la otra pareja.

Vivir según la carne, pensar en las cosas de la carne lo único que produce es muerte. Porque practicar tales cosas nos lleva irremediablemente hacia el pecado y la paga del pecado es la muerte conforme a la Escritura. Quien vive pensando en las cosas de la carne no puede agradar a Dios, como finaliza diciendo Romanos 8:5-8. Si queremos agradar a Dios, debemos enfocarnos en las cosas del Espíritu. Al ocuparnos de la cosas del Espíritu tendremos vida y paz. Tendremos la vida eterna y la paz que sobrepasa todo entendimiento. Dios te bendiga.

 

Solo Jesús Puede Perdonar Pecados

Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados  (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.

Mateo 9:6

Cuando apelamos a nuestra conciencia y comparamos nuestra conducta con la Ley de Dios, la conclusión lógica es que somos pecadores. A sabiendas que la paga del pecado es muerte, lo cual significa pasar la eternidad en el infierno, resulta sensato que busquemos alguna manera de recibir perdón por nuestros pecados. ¿Quién tiene potestad en la Tierra para perdonar pecados? Los escribas y fariseos tenían claro que ningún hombre está autorizado para perdonar pecado, sino solo Dios, por eso ellos murmuraban que Jesús blasfemaba al perdonar pecados. Mateo 9:6 afirma el poder de Jesús para perdonar pecados.

Ciertamente, como los escribas y fariseos pensaban, ningún hombre o mujer sobre la Tierra tiene el poder de perdonar los pecados. Vamos a tratar de explicar esto con un ejemplo de la vida terrenal. Supongamos que le debemos cierta cantidad de dinero a una persona. Hemos hecho promesa de pago para determinado período de tiempo. Al cumplirse el plazo establecido le fallamos a la persona, quien nos da una segunda oportunidad a cambio de pagar un mayor interés por el préstamo.

Al cumplirse el nuevo plazo que nos dio nuestro acreedor, volvemos a fallarle y ni pagamos el monto prestado ni los intereses. Si el vecino de nuestro acreedor nos expide un documento diciendo que nuestra deuda está perdonada, tal documento no tiene ninguna validez porque la deuda no ha sido con él. Solamente la persona que nos prestó el dinero, a quien le hemos fallado ya en dos ocasiones tiene el poder para decidir si perdona o no nuestra deuda. Nadie más lo puede hacer.

Cuando pecamos, nos metemos en deuda con Dios y nuestra obligación es de pagar nuestra deuda. Solamente Dios tiene la facultad de perdonar nuestra deuda, es decir, perdonar nuestro pecado porque es a Él a quien hemos ofendido. Lo que dice Mateo 9:6 de que Jesús, el Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados es porque esos pecados han sido cometidos contra Él, quien también es Dios. Por lo tanto, Mateo 9:6 es una prueba bíblica de la divinidad de Jesús.

Mucha gente se resiste a considerar al Hijo como Dios. Vemos lo que dice Juan 20:27-29 al respecto: Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

En ningún momento Jesús corrigió a Tomás cuando le dijo ¡Señor mío, y Dios mío! Eso quiere decir que Él aceptó que el discípulo le llamara Dios. La única razón por la cual Jesús aceptó ser llamado Dios por Tomás es porque Él es Dios. Y así mismo le llama Isaías 9:6 cuando dice: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Solo Jesús puede perdonar pecados porque todos hemos pecado contra Él, quien es nuestro Señor, nuestro Dios Fuerte, nuestro Admirable Consejero, nuestro Padre Eterno, el gran Príncipe de Paz, a quien sea la honra, la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos; quien fue, quien es y quien vendrá a reinar por siempre. Dios te bendiga.

 

El Destino del Pecador

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Apocalipsis 21:8

La parte temible del libro de Apocalipsis es que describe de manera muy gráfica lo que sucederá con la humanidad pecadora que no se arrepienta. En Apocalipsis 21:8 se describe el lago de fuego y azufre, al cual también llama la muerte segunda. Se enumeran también quienes serán los que van a habitar perpetuamente este lugar de tormento. Ellos son los cobardes, los incrédulos, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos. Todas estas clases de personas son pecadoras y ese lago de fuego y azufre no es otra cosa que el infierno.

A mucha gente le desagrada que en las iglesias les hablen de temas como el infierno. Incluso hay quienes se niegan a creer en la existencia del mismo. Lo que sí le agrada a todo el mundo es que le hablen del cielo y las cosas buenas. El pastor norteamericano John MacArthur ha dicho: “Jesús habló más del infierno que del cielo. Él habló acerca de un fuego que nunca se apaga, de un lugar donde el gusano no muere, donde las personas crujen los dientes, se lamentan y lloran, donde hay absoluta oscuridad. Eso es el significado de perdición.”

Lo que dice John MacArthur se puede verificar fácilmente con solo leer las palabras de Jesús en los evangelios. Se pueden ver tales cosas, por ejemplo en Marcos 9:44-48, Mateo 8:12, Mateo 13:42, Mateo 22:13, Mateo 24:51 y Lucas 13:28, entre otros. Por lo tanto, no se hace un daño a nadie si se le enseña de los peligros de ir perpetuamente al infierno, sino todo lo contrario. Ocultar tales verdades bíblicas a la gente es perjudicarlas.

El predicador británico William Booth (1829-1912), fundador del Ejército de Salvación dijo: “Sacar a un hombre del barrio, sanar su cuerpo, regalarle ropa decente, proveerle una casa propia en el campo, y dejarle morir e ir al infierno, verdaderamente, no vale la pena.” Aunque la gente demanda de mensajes que les acurruquen el alma o precisan de que vengan en su ayuda para resolver sus problemas materiales, lo que realmente vale la pena es encaminarles a buscar su salvación e impedir que pasen una eternidad en el infierno.

Ahora bien, nadie va a darse cuenta de que en esta vida estamos de paso y que existe la opción de ir por la eternidad a un lugar de tormento si no se predica en tales términos y se les enseñan las verdades bíblicas tal como son. El inglés John Charles Ryle (1816-1900) dijo: “La gente jamás se encaminará decididamente hacia el cielo, ni vivirán como peregrinos, mientras no sientan que realmente están en peligro de ir al infierno.” Tal peligro es muy real y debemos estar muy conscientes del mismo.

El motivo principal de mis mensajes es precisamente el de advertir a la gente de ese gran peligro. Otros consiervos han sentido la misma ansiedad. Por ejemplo el evangelista alemán Reinhard Bonnke (1940- ) dijo: “Debemos advertir a la gente del peligro del infierno como si ellos fuesen nuestros propios hijos caminando al borde de un volcán.” También el predicador escocés William Still (1911-1997) dijo: “Si realmente creemos en la realidad el infierno, ¿no deberíamos proclamarlo desde las azoteas aun en contra de todas las normas y hacer que las personas teman vivir siquiera un instante sin huir a Dios para alcanzar misericordia?”

El destino del pecador es el infierno, y todos los somos, solo la misericordia de Dios a través de la gracia nos evita la muerte segunda. Arrepiéntete y conviértete a Él. Dios te bendiga.

 

Dios Odia la Mentira

Los labios mentirosos son abominación a Jehová; pero los que hacen verdad son su contentamiento.

Proverbios 12:22

Existen culturas en las cuales mentir es el deporte nacional. En tales pueblos, nadie mira mal que se exagere, que se incumpla la palabra o que se mienta descaradamente. Todos se sienten buenas personas porque solamente dicen mentiras blancas o piadosas. Y para ellos, eso no está mal. Ahora bien, ¿qué piensa Dios al respecto? Proverbios 12:22 es tajante cuando dice: Los labios mentirosos son abominación a Jehová. Esto es equivalente a decir que Dios odia la mentira.

En mi barrio tuve un amigo llamado Carlitos quien era extremadamente mentiroso. Él es de mi misma edad y crecimos juntos porque su casa y la mía quedaban muy cerca. Además empezamos juntos en la escuela y, aunque luego estudiamos en diferentes instituciones educativas, estuvimos en el mismo grado hasta que Carlitos repitió por cuatro años uno de ellos y se atrasó considerablemente con respecto a mí. Sin embargo, eso no quitaba que nuestra amistad continuara y compartiéramos juntos muchas aventuras.

Cada vez que yo salía con Carlitos tenía que ser testigo de las muchas mentiras que decía. Cuando yo terminé en el colegio e iba a ingresar a la universidad, él le decía a la gente que estaba en la misma situación que yo, cuando en realidad apenas había sobrepasado los cuatro años en el mismo grado. Mientras yo estudiaba ingeniería, él decía que también estudiaba lo mismo en la misma universidad que yo. La realidad era que le faltaban varios años para poder ingresar a la universidad.

Por años me tuve que aguantar la risa y la vergüenza de las mentiras que descaradamente él contaba delante de mí a otras personas. Sin embargo, a mí me hablaba francamente hasta que cierto día me llegó con una de sus mentiras. Yo lo confronté de inmediato y le dije que como se atrevía a mentirme teniendo en cuenta que yo sabía lo embustero que era. Su respuesta me dejó pasmado: “Yo sé que no lo ibas a creer, pero tú debes entender que yo debo practicar. Cuando no encuentro a quien mentirle, me paro frente a un espejo y me miento a mí mismo.”

Carlitos no es el único mentiroso compulsivo que he conocido en mi vida. Pero también hay muchas personas que se encargan de hablar lo que no es verdadero a los demás sin que les remuerda la conciencia. Nuestro Señor identifica al artífice de toda mentira en Juan 8:44: Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Queda claro pues que quien miente se convierte en hijo del padre de la mentira, es decir, el mismo diablo en persona. Practicar olímpicamente la mentira es ser un instrumento del enemigo porque toda mentira viene de él. No existen mentiras blancas ni mentiras piadosas. Toda mentira es igual de grave y es abominación delante de Dios de la misma manera que el padre de la mentira es en sí mismo abominación.

Hoy te invito a que hagas un autoanálisis y verifique si la mentira es parte de tu vida. Si sueles prometer y no cumplir, eso es mentir, lo mismo que decirle a otros que digan que no estás. Para por completo esa práctica, si es tu costumbre hacerlo. Ponte a cuentas con Dios y deja de ser hijo del padre de la mentira y conviértete en hijo del Padre Celestial porque para Él los que hacen verdad son su contentamiento. Dios te bendiga.

 

No Hay Excusa

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Romanos 1:18-20

Un viejo refrán dice que desde que se inventaron las excusas nadie queda mal. Eso podría funcionar entre los humanos y bajo ciertas circunstancias. Sin embargo, en cuanto a nuestra relación con Dios, no tenemos ninguna excusa para nuestro pecado. Mucho antes de que Dios le entregara las tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí, Él mismo había manifestado a la humanidad Sus reglas desde la misma creación cuando dio instrucciones a nuestros primeros padres en el Edén. A partir de ahí, ya estábamos advertidos y sin excusa válida para nuestras faltas.

Voy a compartir una historia que leí hace un tiempo. Se dice que muchos años atrás el Virrey de Nápoles hizo una visita a Barcelona, España. En el puerto había un barco de remos, una galera, con prisioneros condenados a remar, castigo usual para la época. El Virrey se acercó a los prisioneros y les preguntó que había pasado, que los había llevado a estar ahora en esta situación. Así escuchó de primera voz terribles historias.

El primer hombre dijo que estaba allí porque un juez aceptó un soborno de sus enemigos y lo condenó injustamente. El segundo dijo que sus enemigos habían pagado a falsos testigos para que lo acusaran. El tercero dijo que había sido traicionado por su mejor amigo, quien escapó de la justicia dejándolo. Y así por el estilo. Finalmente el Virrey dio con un hombre que le dijo: “Mi señor, yo estoy aquí porque lo merezco. Necesitaba dinero y le robé a una persona. Estoy aquí porque merezco estarlo.”

El Virrey quedó absolutamente anonadado y volviendo sobre el capitán del navío de esclavos dijo: “Aquí tenemos a todos estos hombres que son inocentes, están aquí por injustas causas, y aquí este hombre malvado en medio de todos ellos. Que lo liberen inmediatamente, temo que pueda infectar a los demás.” De esta manera el hombre que se había confesado culpable fue liberado y perdonado, mientras aquellos que continuaban excusándose a sí mismos volvieron a los remos.

Esta es una historia verdadera, y la moraleja es bastante obvia. Hablamos de las excusas y su poder. De cómo nos encadenan y mantienen sujetos en un determinado orden de cosas. En lo espiritual sucede algo muy parecido. La mayoría de la las personas cuando son confrontadas por sus pecados van a presentar excusas. Podrían decir cosas como estas: “No tuve la culpa de haber fornicado, ella era tan bella que me provocó;” o “Le prendía velas a los santos porque mi abuelita me enseño, pero no fue mi culpa.” Y muchas otras más.

Pero el Señor lo dice muy claro en Juan 15:22: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado. La Ley de Dios nos condena y Jesús nos habló la forma en la cual podríamos salvarnos y ser perdonados por nuestros pecados. El evangelio es claro, nuestras obras en lugar de salvarnos demuestran nuestra culpabilidad. Solo la gracia nos justifica; pero las excusas por nuestros pecados, en especial, el pecado de rechazar a Cristo, solo conllevan condena en el juicio de Dios. Dejemos pues de presentar excusas, es hora de arrepentirnos de todo pecado. Dios te bendiga.

Amen

El Estándar de Dios

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Mateo 7:21-23

Las palabras del Señor Jesús en Mateo 7:21-23 ponen a pensar a cualquiera. ¿Cómo es posible tener a Jesús y no entrar en el Reino de los cielos? ¿Será posible hacer milagros, prodigios y señales en el nombre de Jesús y ser rechazado por Él en el Día del Juicio? Pues ciertamente que el Señor afirma que todo eso sucederá con algunos. Eso quiere decir que no todos Sus siervos van a la pasar la prueba. El estándar de Dios es mucho más estricto que hacer las cosas lo mejor que podamos, requiere hacerlas exactamente conforme a Su voluntad.

Hacer la voluntad de Dios es el requisito que el Señor puso para poder entrar al Reino de los cielos. Si hemos orado toda la vida que se haga la voluntad de Dios en la tierra y en el cielo, entonces se supone que estamos interesados en hacer las cosas de esa manera. Quizás sea más fácil decirlo que hacerlo y se nos dificulte conocer cuál es la voluntad de nuestro Padre. Por eso debemos orar como hizo el salmista en Salmo 143:10: Enséñame a hacer tu voluntad,  porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

Una oración como esa va a ser contestada por Dios siempre. Afortunadamente para nosotros, tenemos a la mano una fuente confiable para conocer la voluntad de Dios. Esa fuente es la Biblia, la cual nos dice en Romanos 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Hacer la voluntad de Dios nunca será una carga pesada porque Su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Vamos a ver cuatro componentes de lo que significa hacer la voluntad de Dios. El primero de ellos lo encontramos en Juan 6:39: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Dios tiene gran interés en que nadie se pierda. Si quieres hacer Su voluntad, entonces comparte con otros las buenas nuevas de salvación porque evangelizar es hacer la voluntad de Dios.

En 1 Pedro 2:15 está el segundo componente: Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos. Cuando hacemos el bien a otros estamos haciendo la voluntad de Dios. El tercer componente está escrito en 1 Tesalonicenses 5:18: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Tener un corazón agradecido es también hacer la voluntad de Dios.

El cuarto componente está en 1 Tesalonicenses 4:3: pues la voluntad de Dios es vuestra santificación. Los versículos siguientes dan una lista de cosas que significan santificación. Todo se puede resumir a que abandonemos la práctica del pecado. Pablo menciona entre ellos la fornicación y el engaño. Siendo Dios Santo, nosotros como hijos suyos somos llamados a ser santos y siéndolos estamos haciendo Su voluntad. El estándar de Dios implica hacer Su voluntad tal como Él lo manifiesta en Su Palabra. Por lo tanto, empecemos desde hoy a compartir el Evangelio, a hacer el bien a todos, a dar gracias por todo y a mantenernos alejados del pecado. De esta manera entraremos al Reino de los cielos. Dios te bendiga.