La Corona Incorruptible de Gloria

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:4

Cuando solo leemos lo que dice 1 Pedro 5:4, podríamos estar muy felices de ver que un glorioso galardón nos espera cuando regrese el Señor. Es una hermosa promesa escuchar esto: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Ahora bien, ¿quiénes recibirán esta corona? La Biblia dice que Dios dará la corona incorruptible de gloria a quienes lleven Su Palabra a otros. Eso podría llevarnos a pensar que entonces los pastores ya la tienen garantizada. Sin tomarlo tan a la ligera, es preciso meditar en detalle todo el contexto de 1 Pedro 5:4.

Para ello, veamos lo que dicen los versículos anteriores, es decir, 1 Pedro 5:1-3: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Las ovejas son del Señor, no nuestras. Él las pone bajo nuestro cuidado, no para que saquemos provecho de ellas. Voy a contar cómo Dios me hizo comprender esa gran verdad. A finales de 2005, yo había vendido mi casa y comprado otra, la cual quedaba el doble de lejos de la iglesia a donde me congregaba. En mi antigua casa, yo era líder de un grupo celular bastante exitoso. Por dos años se había levantado en ese grupo una nueva generación de discípulos con capacidad de liderazgo. Mi mayor preocupación era que mi nueva casa les quedaría muy lejos a todos.

Fue entonces cuando salió de mi boca la pregunta ¿qué voy a hacer con mi grupo? La respuesta de Dios no se hizo esperar. Sentí una voz dentro de mí que me decía: “¿Tu grupo? No es tu grupo, las ovejas son mías, no tuyas.” En ese momento me di cuenta de la terrible imprudencia de mis palabras. Entendí que ese grupo celular no era mi posesión sino que Dios había puesto esas personas bajo mi cuidado por un tiempo y que ya ese tiempo se había terminado. Mi casa había sido comprada por otro líder de la iglesia y le entregué el grupo a él.

En mi nueva casa, me di a la tarea de iniciar un nuevo grupo celular desde cero. Haber obedecido a Dios trajo la bendición de que en muy poco tiempo, el nuevo grupo superó en tamaño y calidad al primero. Estuve con ellos hasta el momento en que Dios me movió de la iglesia donde estaba hacia nuevas responsabilidades. Como ya había aprendido la lección la primera vez. En ningún momento pensé llevarme conmigo a las ovejas. Simplemente me despedí de todos los miembros del grupo y los dejé en manos de su nuevo líder.

Pedro es muy claro en el requisito que debemos cumplir para alcanzar la corona incorruptible de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Recordemos que nuestra misión es la de servir, no que nos sirvan a nosotros. Nuestro mayor galardón no es material sino la corona incorruptible de gloria que nos dará el Príncipe de los pastores. Dios te bendiga.

Una Esperanza Viva

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

1 Pedro 1:3-5

Todo lo que dice 1 Pedro 1:3-5 merece la mayor atención por parte del creyente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Meditemos profundamente sobre esa esperanza viva que nos aguarda.

Pedro dice primero lo siguiente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. La esperanza viva que nos aguarda no es algo que hayamos ganado por nosotros mismos. Ni tampoco viene porque la merecemos. Ha sido la gran misericordia de Dios, quien nos hizo renacer para esta esperanza. Si Él nos hizo renacer, es decir, nacer de nuevo, es porque nuestro primer nacimiento nos impedía tener acceso a esta esperanza. Juan 3:3 nos dice: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

La esperanza viva viene por lo que dice a continuación el apóstol Pedro: por la resurrección de Jesucristo de los muertos. La gran diferencia entre el cristianismo y las religiones humanas es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los líderes de las diferentes religiones mundiales murieron y se quedaron en sus tumbas; pero Jesucristo se levantó de los muertos y hoy está sentado a la diestra del Padre y prometió volver con gloria y poder para reinar con los que han creído en Él. Y porque Cristo resucitó, quien verdaderamente cree tiene esa misma esperanza viva.

Juan 11:25-26 dice: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo nos da la garantía de resucitar para vivir eternamente junto con Él. Y esa vida eterna es la herencia de la que habla Pedro: para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Ese tiempo postrero está cada vez más próximo: el día glorioso de la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y no importa si estamos vivos o no para entonces, porque para todo creyente existe la esperanza viva que nos narra 1 Tesalonicenses 4:16-17: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Dios te bendiga.

Tener Paciencia y Orar

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

Santiago 5:7-8

Quienes esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor debemos de esta conscientes de que no tenemos una fecha señalada. Escrito está que solo el Padre conoce el día y la hora, así que nadie puede afirmar cuándo será. Lo mismo podría ser hoy que en unos días, meses o años. En tal sentido, no debemos de estar ansiosos, sino revestidos de paciencia y velando en oración. Estemos listos para ese grandioso día como si fuera a ocurrir esta noche; pero sin desesperarnos. Está claro que el tiempo solo corre en una dirección, y ese momento está cada vez más próximo.

¿Cómo debe ser nuestra paciencia? Santiago lo expresa de esta manera: Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Es probable que para quienes siempre hemos vivido en las ciudades nos resulte difícil entender la paciencia que tienen los agricultores hasta que logran cosechar el fruto de la tierra. El proceso agrícola ocurre por un período de tiempo que puede tardar desde varios meses hasta varios años, dependiendo del tipo de planta que se ha sembrado.

En todo caso, antes incluso de depositar la semilla en el suelo, el agricultor debe preparar el terreno a fin de acondicionarlo para la siembra. No todas las semillas son fértiles, de ahí que sea necesario seleccionarlas. Luego se siembra y viene toda una serie de etapas de cuidar de la planta, lo cual incluye aplicar abonos, pesticidas y el agua adecuada, podar las hojas para que crezca la planta en el sentido correcto y produzca el fruto deseado. Mientras el labrador espera por el fruto, es probable que sus recursos financieros escaseen.

Al final, cuando llega la cosecha abundante, el agricultor recibirá la alegría de tener en sus manos el fruto de su paciencia. De igual manera, los creyentes que aguardamos la gloriosa venida de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, cuando lo veamos descender de las nubes con Sus santos ángeles, podremos decir que valió la pena tener paciencia para ver tan magno momento.  Y así como el labriego dedicó tiempo para velar por el bienestar de su sembradío, los creyentes debemos dedicar tiempo velando en oración hasta que Cristo venga.

En lo natural, el labrador no siempre alcanza lo que esperaba. Ocurre algunas veces que, a pesar de que él ponga todo su empeño para obtener el fruto de su trabajo, eventos que se escapan de su control se lo pudieran impedir. La naturaleza puede obrar en contra del agricultor, sea por una sequía, exceso de lluvia o plagas que destruyan su plantación. Incluso, el fruto pudiera no ser del tamaño adecuado o su calidad sea deficiente, lo cual haga que su precio en el mercado disminuya y este hombre deje de ganar y hasta pierda lo que invirtió.

Sin embargo, en lo espiritual, nuestra espera por la venida de Cristo no traerá pérdidas. No importa lo que ocurra en el mundo natural o que las huestes espirituales de maldad se opongan. El Señor vendrá sin lugar a dudas, en el tiempo correcto, el cual no lo sabemos; pero de que viene no hay duda. Esperemos por Él con paciencia y velando en oración, ya que vendrá como ladrón en la noche y el gran momento se acerca cada vez más. Dios te bendiga.

Ricos en Fe

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman?

Santiago 2:5

Es curioso que en las últimas décadas se haya desatado una oleada de nuevos “creyentes” que andan más en busca de riquezas que del rostro de Dios. Y lo más curioso es que uno de los nombres de ese movimiento tiene que ver con la fe. Y me pregunto, ¿fe en qué o en quién? ¿Para qué es esa fe? ¿Fe para las promesas eternas o solo para las temporales? Es bueno meditar en lo que nos dice Santiago 2:5: Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

Cuando alguien publica en las redes sociales algún versículo bíblico sobre las promesas de Dios, inmediatamente decenas de personas le dan “Me gusta” o contestan con un amén. Sin embargo, cuando el versículo publicado nos confronta, nos habla de alejarnos del pecado o de vivir en santidad, son contadas las personas que reaccionan. Y lo más probable es que algunos de los que reaccionan lo harán para decir que no juzguemos o que debemos de respetar el pensamiento de los demás.

Hace un tiempo, hice un enlace en Facebook a uno de mis videos de YouTube en el cual hablaba sobre los falsos siervos de Jesucristo. Una hermana en la fe, a quien conozco y le tengo un gran aprecio me corrigió duramente llegando incluso a decirme que me enfocara y que mejor prestara atención a mi llamado. Mi última respuesta a la hermana fue de que lo que yo había publicado era precisamente mi llamado y que en eso estaba plenamente enfocado sin desviarme hacia cosas contrarias a las verdades bíblicas.

Coincido al ciento por ciento con lo expresado por el pastor norteamericano Paul D. Washer: “Hoy en las iglesias hablan de dinero, autos, casas, ropa, fama… ¿No es suficiente que Cristo murió por nosotros? ¡Qué importa si somos pobres toda la vida! ¡Qué importa si sufrimos por Él toda la vida! Cristo murió por mí, es suficiente, le voy a servir, le voy a adorar, voy a trabajar para Su Reino. Cristo murió por nosotros, ¡no necesitamos otra motivación!” Lo mejor que Dios tiene para darnos no son las riquezas efímeras sino la salvación de nuestra alma.

Nuestra motivación de buscar a Dios no debe ser por las cosas terrenales que algún día van a desaparecer o salir de nuestras manos. Como dice Santiago 2:5: ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman. El Reino de Dios no es de este mundo, por lo tanto esas riquezas no son el dinero, los autos, las casas ni las joyas que podemos ver sino tesoros imperecederos e incorruptibles. Es de tonto conformarse con lo que creemos bueno y perdernos de lo mejor de todo.

Santiago no dice que Dios ha elegido a los ricos sino a los pobres de este mundo. Los ricos se sienten seguros de sí mismos; pero la seguridad de los más desventajados no está puesta en los bienes materiales sino solamente en la fe. Porque como dice 2 Corintios 5:7: porque por fe andamos, no por vista. Es tiempo de que los que dicen amar a Dios, lo amen por quien es Él, no por lo que pueda darnos aquí y ahora. Nuestros mayores tesoros deben de estar seguros en los cielos y no basados en esta tierra donde todo es incierto y perecedero. Y ese gran tesoro es la herencia de nuestro Padre Celestial, el dueño de todo, quiere darnos todo. Dios te bendiga.

Toda Buena Dádiva Viene de Dios

Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas.

Santiago 1:17-18

Es imposible que Dios nos dé cosas malas. Los dones, los regalos, las dádivas procedentes de Dios siempre serán buenos. Hay numerosas promesas de Dios en la Biblia, las cuales están destinadas a los que le aman, los que siguen Su Palabra y le creen. Si esas buenas dádivas no llegan a nuestras manos no es porque Dios cambió de idea, sino porque nosotros no hacemos nuestra parte. Siempre será la voluntad de Dios el bienestar de Sus hijos.

El primer buen regalo que viene de Dios es la salvación, de lo cual dice Efesios 2:8: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,  pues es don de Dios. La salvación es algo que no podemos lograr por nosotros mismos, sino una dádiva que procede de Dios. Y este don nos abre las puertas hacia los demás dones, como el don de la justicia del cual nos habla Romanos 5:17: Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.

Siendo injustos por causa de nuestros pecados, Dios nos justifica por medio de la fe en Su Hijo. Y nos hace partícipe de la comunión con Él mismo al darnos el don del Espíritu Santo, como nos dice Hechos 2:38: Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Y teniendo en nosotros el Espíritu Santo, nos llegan con Él los dones espirituales que son descritos en detalle en 1 Corintios 12:1-11.

Dios no cambia, tal como dice Santiago sobre Él: en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Así que Él espera que cuando recibamos Su llamado y los dones que nos da, nosotros los aceptemos y caminemos en esa dirección desde ese momento en adelante. De eso da testimonio la Palabra en Romanos 11:29: Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Si hemos sido liberados de la esclavitud del pecado, hechos salvos y dotados de dones espirituales, no es para que renunciemos a todo eso y regresemos a la antigua vida.

Pablo dice en 1 Timoteo 4:14 que no debemos descuidar el don perfecto que desciende de lo alto: No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. En lugar de descuidar el don de Dios, es nuestro deber avivarlo, como dice 2 Timoteo 1:6: Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

Los dones de Dios no son para que los descuidemos ni para que los usemos de forma egoísta, sino que son para utilizarlos dentro del cuerpo de Cristo. Dice la Escritura en 1 Pedro 4:10: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Así los dones recibidos sirven para edificar la iglesia como dice 1 Corintios 14:12: Así también vosotros;  pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia. Si somos bendecidos con los dones espirituales, que estos no nos sirvan de excusas para que se infle nuestro ego, sino para que reconozcamos que son dados por Dios para capacitarnos en la obra de la expansión de Su Reino. Dios te bendiga.

Soportando las Pruebas

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

Santiago 1:12

Soportar las pruebas, conforme a lo que dice Santiago1:12 trae su recompensa. El galardón de aquellos que han soportado las pruebas es la corona de vida, la cual Dios ha prometido para los que le aman. La mejor demostración de amor que le podemos dar a Dios es soportar la tentación y resistir la prueba. Para ello, es necesario permanecer firmes, sin renunciar ni desanimarse. La tarea no es fácil; pero debemos recordar que Dios es bueno y no nos dará una carga superior a nuestra capacidad de soportar.

Hay tentaciones que son muy obvias y de eso se ha hablado mucho. Creo que cuando muchos escuchan las palabras iniciales de Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación, lo primero que se imaginan es a un hombre tentado a desear una hermosa mujer que no es la suya. Cierto que esa es una de las carnadas que nos pone el enemigo para alborotar las hormonas y hacernos caer; pero existen otras formas más sutiles y peligrosas que esa, las cuales nos conducen a la pérdida total de nuestro galardón.

Cuando sucumbimos a la tentación de seguir el falso evangelio de la prosperidad, estamos reprobando la prueba. De ninguna manera estamos mostrando amor a Dios, sino amor a las riquezas que Dios supuestamente nos dará. Quien tal cosa haga no está buscando a Dios por quien es Él sino por lo que le pueda dar para aumentar su ego y su deseo enfermizo de hacerse rico y poderoso. Usando fuera de contexto la propia Palabra de Dios, este varón cae en la red del enemigo tan sutilmente que cree en la mentira que quien anda mal es aquel que predica la sana doctrina.

Pero todavía hasta esta tentación resulta obvia para muchos, quienes han abiertos sus ojos y se han alejado de tal doctrina dañina. Ahora vienen otras pruebas más fuertes aún para todos. El mundo está moviéndose hacia caminos muy peligrosos que podrían llevar a la humanidad hacia serios conflictos. No sería nada extraño que acontezca una guerra global de terrible destrucción. Ante la guerra, el anhelo de las grandes mayorías es alcanzar la paz. Y ahí viene la tentación, la gran prueba para los creyentes en cuanto a aceptar las condiciones de una paz mundana.

Claudicar en el fundamento de nuestra fe para armonizar con el mundo y obtener la paz no es soportar la tentación y resistir la prueba. Llegar a un consenso ecuménico donde coexiste el Dios verdadero junto a los ídolos no es mostrar amor por el único y sabio Dios. De ninguna manera quien tal cosa haga recibirá la corona de vida. Estamos ya mirando lo que dice Mateo 24:6: Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Si ya nos tiemblan las piernas con los rumores de guerra, ¿seremos capaces de soportar la prueba siguiente? Mateo 24:9 dice cuál es esa prueba: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de Mi nombre. Soportar el odio del mundo por ser cristiano es la mejor demostración de amor a Cristo y es nuestra segura garantía de recibir la corona de vida a Su regreso triunfal. Perseveremos hasta el final y seremos llamados bienaventurados porque estaremos eternamente con el Rey de reyes. Dios te bendiga.

La Esperanza Bienaventurada

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Tito 2:11-14

A pesar de no ser uno de los pasajes bíblicos más conocidos, Tito 2:11-14 es un certero resumen del Evangelio. Pablo nos habla de la gracia para salvación, pero también nos habla del requisito para tener acceso a la gracia, el arrepentimiento, el cual aquí lo expresa como renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. Además nos habla de esta manera sobre la conversión: vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente. En el verso 13 habla sobre lo que da título a este mensaje: La esperanza bienaventurada. Esa esperanza la tendremos cuando ocurra la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

Por otro lado, Tito 2:11-14 es también una llamada de atención para todos los que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Cristo. Él pagó un alto precio por nuestra salvación, así que, una vez salvo, debemos dejar de vivir según los parámetros que dicta el mundo, para caminar de ahí en adelante y hasta el fin conforme a Su santa voluntad. Recordemos siempre esto sobre el Señor: quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Así que, mientras esperamos Su gloriosa venida, hagamos lo que Él nos dice en Mateo 24:44-47: Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. La esperanza bienaventurada de los que aman al Señor implica una gran recompensa.

Esa recompensa es la que Santiago llama la corona de vida. Dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. La Biblia no promete que nuestra espera habrá de ser fácil, tendremos pruebas, persecuciones, tribulaciones, tentaciones y aflicciones; pero, si resistimos todo eso, las promesas de Dios se cumplirán en cada uno de nosotros. La esperanza bienaventurada no ha sido echada en saco roto por nuestro Padre Celestial.

A algunos de nosotros la vida pudiera ser un poco más difícil de lo normal. Si eres uno de ellos, te podrías preguntar, ¿hasta cuándo debo esperar? Apocalipsis 1:3 te dice: Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. Y Apocalipsis 22:7 lo reafirma: ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

El día de la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo está cada vez más cerca, guardémonos en santidad para Él y seremos llamados como dice Apocalipsis 20:6: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años. Dios te bendiga.

La Corona de Justicia

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida.

2 Timoteo 4:7-8

Es gratificante, al final de nuestros días, poder decir algo semejante a lo que dijo Pablo en 2 Timoteo 4:7-8: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida. En resumen, Pablo sentía satisfacción por el deber cumplido y estaba seguro de que su Señor iba a recompensarlo a él y a todo aquel que ama la venida del Señor.

La corona de justicia es una de las cuatro coronas que han sido prometidas a los creyentes. Las otras tres coronas son: la corona de vida, la corona incorruptible y la corona de gloria. Sobre la corona de vida, dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

De la corona incorruptible habla 1 Corintios 9:24-27: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Finalmente, 1 Pedro 5:2-4 habla de la corona de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Cada una de las cuatro coronas tiene un requisito a fin de recibir el galardón. En el caso de la corona de justicia, el requisito es anhelar la venida de nuestro Señor Jesucristo y consagrarnos a Él. Los apóstoles y millones de cristianos a lo largo de dos mil años han vivido sus vidas con el anhelo ferviente de ver llegar a Jesucristo descendiendo del cielo lleno de gloria y revestido de la gran majestad de Su condición de Rey de reyes y Señor de señores. La Palabra de Dios no miente y, sin duda, todos ellos recibirán la corona de justicia.

¿Estamos los creyentes del siglo XXI listos para recibir la corona de justicia? Es una pregunta que nos confronta a todos. ¿Estamos anhelando que Cristo venga o le pedimos que se quede un rato más en el cielo para que podamos continuar gozando de nuestro “maravilloso” mundo? ¿Es nuestro anhelo Su venida o lo único que queremos de Él es que nos haga prósperos y felices en la tierra y que Él continúe como está a la diestra del Padre? Si las cosas empeoran en el mundo, ¿estamos dispuesto a padecer por Cristo o nuestro anhelo es que nos saque del problema? La venida del Señor debe de estar sobre todas las cosas para quienes le amamos. Dios te bendiga.

Tendremos Reposo

Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de Su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en Sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).

2 Tesalonicenses 1:6-10

Muchos se preguntan por qué la vida de quienes se han comprometido más firmemente con Jesucristo es tan difícil. No te asombres por lo que te digo, así es, no es nada cierto que se van a resolver todos y cada uno de tus problemas como por acto de magia por el simple hecho de hacerte cristiano. Yo te podría decir que posiblemente tendrás muchos más problemas que antes. Entonces podrías preguntarme, ¿es que no vale la pena seguir a Cristo? Te digo que, a pesar de las dificultades, es lo único que vale la pena en la vida.

El verdadero Evangelio de Jesucristo no se fundamenta en ser la panacea universal de los problemas terrenales. Las primeras palabras del evangelio son arrepiéntete y conviértete. Estas palabras demuestran que el camino que hemos llevado antes de encontrarnos con Jesucristo no es el correcto, eso implica que debemos dejar de lado todo eso, es lo que el propio Señor llama negarse a uno mismo. En el llamado a seguirle, además de nuestra propia negación, Jesucristo nos invita a tomar nuestra cruz cada día, y eso nos muestra que el camino no será fácil.

Mientras estamos en el mundo, somos participantes de las cosas del mundo; pero para seguir a Cristo, debemos dejar todas esas cosas. Es obvio que nuestros antiguos compañeros en las obras del mundo y de la carne van a dejar de ser nuestros amigos y nos atribularán. Nosotros tenemos dos opciones, o nos aferramos a Jesucristo y le creemos o sucumbimos ante la presión social y practicamos un cristianismo ligero y permisivo para quedar bien con todo el mundo. La última opción no va a agradarle a Dios de ningún modo; pero muchos la están usando hoy día.

Los valientes que prefieren sufrir tribulaciones antes que claudicar frente a la corriente del mundo, no serán olvidados por Dios, sino todo lo contrario. Y los atormentadores serán pagados adecuadamente conforme a la justicia de Dios. Para esos valientes, titanes de Cristo, la promesa es darle reposo en la presencia de nuestro Señor y Rey, Jesucristo, el cual será glorificado en Sus santos y admirado en todos los que creyeron. La Palabra está muy clara, el Señor será glorificado en Sus santos, en los que creyeron en Él y aguantaron tribulación.

¿Qué pasará con quienes nos atormentaron? La propia Palabra da la respuesta: Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan. Digamos que es una especie de ojo por ojo y diente por diente ejecutado por Dios mismo. Y continúa diciendo: para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder. Estas palabras dicen dos cosas, primero sentimos el alivio de que Dios va a tomar en cuenta y cobrará la afrenta a Sus hijos. Lo segundo es una advertencia muy grave para los burladores del evangelio, quienes, de no arrepentirse, sufrirán las consecuencias. Dios te bendiga.

La Recompensa de la Herencia

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Colosenses 3:23-24

No esperemos que todas nuestras recompensas por servir a Cristo las recibiremos en este mundo. Quien así piense, realmente no ha entendido el significado de las palabras de Jesús cuando dijo que Su Reino no es de este mundo. Y aunque en esta vida recibamos golpes por servir al Señor, eso no nos da derecho a sentirnos frustrados o que decaiga nuestro entusiasmo por servirle a Él. La recompensa de la herencia está garantizada y, sin lugar a dudas, la recibiremos.

Por la Biblia conocemos la historia de Abraham, a quien Dios ordenó salir de la tierra de su padre con la promesa de darle otra tierra, la cual sería la herencia para sus descendientes. El libro de Génesis narra toda la historia de Abraham; pero Hebreos 11:8-10 nos da un resumen de la misma: Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Vamos a ver el paralelo que existe entre la vida de Abraham y lo que dice Colosenses 3:23-24. Primero es, que Abraham actúo como dice al principio Colosenses 3:23-24: Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Abraham salió de Ur de los caldeos, en lo que hoy es Iraq, hacia la tierra de Canaán, la cual Dios le prometió dar. Abraham ya era un hombre viejo cuando recibió el llamado de Dios, no tenía hijos; pero no tomó en cuenta nada de eso para obedecer el llamado que había recibido.

Ciertamente que Abraham salió sin saber a dónde iba, en su tiempo, no existían las facilidades de movilidad que existen hoy. Por lo tanto, él iba rumbo a una tierra que jamás había pisado, una tierra de la cual no tenía un mapa. Abraham no tenía Google para hacer una búsqueda y averiguar los detalles de la tierra hacia donde iba. Tampoco disponía de un GPS o una brújula para no perderse en el camino, él solo confió en el Dios que le había ordenado salir de la tierra de su padre y su parentela y lo obedeció de todo corazón.

Ya en la tierra prometida, Abraham habitó como extranjero, y ya en el ocaso de su vida y la de su esposa fue que nació el hijo de la promesa. Dios le pidió a Abraham que le sacrificara su único hijo y él obedeció de todo corazón. Al ver la fidelidad de Abraham, Dios no solo impidió la muerte de Isaac, sino que le hizo la promesa que reseña Génesis 22:16-17: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

Para los que nacimos desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, Génesis 22:16-17 es la mejor demostración de la fidelidad de Dios y la veracidad de la Biblia. Hemos sido testigos de que la descendencia de Abraham ha poseído las puertas de sus enemigos. Esa es nuestra mayor garantía de que también nosotros, los que servimos a Cristo, recibiremos la recompensa de la herencia de la misma manera que la recibieron Abraham y el pueblo de Israel. Dios te bendiga.