Dios Nos Perfecciona

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a Su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

1 Pedro 5:10

Las mejores cosas cuestan más, de eso que no quepa ninguna duda. En el plano material, la mejor ropa, el mejor automóvil o el mejor vino, siempre tendrán un precio más alto que lo normal. Si pasamos un día junto al mejor atleta de cualquier deporte, podríamos darnos cuenta de que él no depende tan solo de su talento natural sino que se dedica a entrenar muchas horas cada día a fin de perfeccionar sus habilidades. En lo espiritual, Jesucristo es nuestro entrenador y seremos sometidos a pruebas con el fin de ser perfeccionados por Dios.

Podría decirse que Michael Jordan es el mejor jugador de baloncesto de la historia de la NBA. ESPN lo ha votado el mejor atleta del siglo XX, derrotando al boxeador Muhammad Alí y al beisbolista Babe Ruth. Jordan fue un atleta con un don natural que tenía un ferviente deseo de mejorar. Trabajó duro para ser más atlético, fortalecerse y desarrollar sus habilidades. Cuando Jordan fue reclutado por los Chicago Bulls en 1984, luego de una estelar carrera universitaria en Carolina del Norte, él parecía tener una gran carrera por venir debido a sus habilidades de carrera y salto.

Jordan se veía como un jugador que podía llegar al aro a voluntad debido a su rapidez, pero no tenía capacidad de lanzamiento desde afuera ni fuerza física. En su temporada de novato fue una revelación. Haciendo uso de su rapidez y capacidad de salto, anotó 28.2 puntos por juego 51.5% lanzamientos desde el campo y 5.9 asistencias por juego. Sin embargo, sabía que tenía que trabajar en su fuerza, ya que podía ser empujado al meterse en el juego, y debía saber utilizar su potencia.

El segundo año de Jordan fue corto debido a una lesión en su tobillo. Sin embargo, luego de recuperarse, decidió que su juego fuera más completo. Jordan siempre había sido un “ratón de gimnasio” en sus épocas de jugador joven, pero luego se concentró en entrenar su fuerza. Aunque levantaba pesas, se centraba en los ejercicios de desarrollo corporal. Los ejercicios desarrollaron su fuerza corporal. Todo esto le permitió a Jordan fortalecerse más que los rivales. Sin lugar a dudas que Jordan se perfeccionó hasta convertirse en el mejor atleta del siglo XX.

Como hijos de Dios somos llamados a la excelencia pues debemos ser luz del mundo. Si tenemos por Padre al Altísimo, no debemos conformarnos con continuar en la mediocridad sino que nuestro anhelo debería ser buscar mostrar con dignidad de quién somos hijos. La perfección es un proceso de duras pruebas, de dolor, de tribulaciones, de pasar a través del desierto y de dejarnos guiar por el Espíritu de Dios en todo tiempo, Así como Jordan tuvo un entrenador que lo ayudó a perfeccionarse, afirmarse, fortalecerse y establecerse como el mejor atleta y pagó un alto precio, nosotros seremos sometidos a prueba en lo espiritual en esta vida.

En 1 Pedro 5:10 vemos que el fin de nuestro perfeccionamiento en el llamado que tenemos a la gloria eterna en Jesucristo. La Biblia nunca oculta la verdad y nos dice que vamos a padecer por un tiempo; pero es el Dios de toda gracia quien se está encargando de perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos como herederos de Su Reino. Dios te bendiga.

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Echando Nuestra Ansiedad sobre Dios

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.

1 Pedro 5:6-7

La ansiedad es prácticamente una epidemia en nuestros días. Numerosas personas de todas las edades reciben tratamiento debido a trastornos por ansiedad. Unos son objetos de terapias psicológicas; pero otros son tratados con drogas diseñadas específicamente para estos fines. Anualmente se gastan millones de dólares en tratamientos para la ansiedad. La Biblia nos da en 1 Pedro 5:6-7 un tratamiento alternativo para la ansiedad: echar toda nuestra ansiedad sobre Dios. Indudablemente que esta terapia resulta conveniente y no tiene efectos secundarios adversos.

La ansiedad es una anticipación involuntaria de un daño o desgracia futuros, que se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. El objetivo del daño anticipado puede ser interno o externo. Se trata de una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.

En las sociedades avanzadas modernas, esta característica innata del ser humano se ha desarrollado de forma patológica y conforma, en algunos casos, cuadros sintomáticos que constituyen los denominados trastornos de ansiedad, que tiene consecuencias negativas y muy desagradables para quienes los padecen. Trastorno de ansiedad es un término general que abarca varias formas diferentes de un tipo de trastorno mental, caracterizado por miedo y ansiedad anormal y patológica. El término ansiedad abarca cuatro aspectos que un individuo puede experimentar: aprehensión mental, tensión física, síntomas físicos y ansiedad disociativa.

Los medicamentos son una opción rápida para eliminar un problema. Pero esto no quiere decir que sean la mejor alternativa y mucho menos la única. En el caso de los problemas psicológicos como la ansiedad, los medicamentos ayudan a disminuir la intensidad de los síntomas pero no erradican el problema. Por ende, una de las quejas más comunes de quienes consumen los medicamentos para la ansiedad es que, apenas dejan de tomarlos, los síntomas vuelven, a veces con más intensidad que antes.

Los principales medicamentos anti ansiedad usados actualmente son: Klonopin (clonazepam), Altivan (lorazepam), Xanax (alprazolam), Buspar (buspirona), Lectopam (bromazepam) y Valium (diazepam). Los posibles efectos secundarios de estas drogas incluyen: visión borrosa, malestar estomacal, dolor de cabeza, confusión, aturdimiento, pesadillas, mareo, náusea, nerviosismo, emoción, dificultad para dormir, fatiga, manos frías y debilidad

La gente hoy día quiere encontrar una pastilla para cada malestar que se le presente, sea físico o psicológico. Creo que hay quienes anhelarían tomar pastillas para resolver sus carencias de dinero o de empleo. Pero la palabra de Dios presenta soluciones mucho más efectivas que tomar una cápsula o una tableta. En el caso de la ansiedad, de la cual nadie está exento, la solución bíblica es dejar en manos de Dios la totalidad de nuestra ansiedad y dejarnos llevar por Él.

El Señor nos dice en Mateo 11:29-30: Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga. Hacer las cosas como Él dice es mejor y sin efectos secundarios. Dios te bendiga.

Miembros de la Familia de Dios

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Efesios 2:19-22

Hay un detalle que se debe tomar en cuenta cuando recibimos a Jesucristo en nuestro corazón: pasamos a formar parte de la familia de Dios. Conociendo que Dios es el creador de todo lo que existe y, por tanto, el dueño del universo, ser parte de Su familia es un honroso privilegio. ¿Podrá existir algo mejor que estar emparentado con el Ser Supremo? Ahora bien, somos miembros de la familia de Dios; pero no como unos primos lejanos o sobrinos de un tataranieto, ¡somos Sus hijos! Y como hijos, somos Sus herederos en primer grado.

Veamos a través de la Escritura lo que significa ser miembros de la familia de Dios. Primero que nada es importante conocer cómo ingresamos a la familia de Dios. Juan 1:12 dice: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Recibir a Jesucristo es el requisito indispensable para tener la potestad, el poder, la autorización de ser hecho hijos de Dios. Se puede decir que recibir a Jesucristo es nuestro certificado de adopción como hijos del Altísimo.

Romanos 8:14-21 nos ilustra sobre el significado de ser hijos de Dios: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Los hijos tienden a parecerse a su padre y a imitar sus gestos, su voz y hasta su forma de caminar. Efesios 5:1 dice: Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. La imitación a nuestro Padre Celestial debe ser un ejemplo para los demás. Filipenses 2:15 dice: para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo. Y nuestro Padre tiene el derecho de disciplinarnos, como dice Hebreos 12:7: Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Finalmente, veamos lo que dice 1 Juan 3:1-2 con respecto a los hijos de Dios: Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.  ¡Qué honrosa distinción ser parte de la familia del Todopoderoso! Dios te bendiga.

Nada nos Separará del Amor de Cristo

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Romanos 8:35

El día que entendamos que el amor de Cristo por nosotros es incondicional, entonces nuestro caminar por la vida será distinto. ¿Estará Su amor distante de nosotros en nuestra tribulación? ¿Dejaría de amarnos Jesús cuando estamos angustiados? ¿Sería capaz el Señor de dejar de amarnos cuando pasamos necesidades? ¿Es Su amor insuficiente para protegernos del peligro? En verdad, el amor de Cristo siempre estará presente en nuestras vidas, en buenos tiempos y en malos tiempos.

Nuestro paso por la vida no siempre es grato y placentero. Hay quienes llegan a los pies de Jesús en sus peores momentos. No puedo negarte que fui uno de ellos. Algunas veces escuchamos que nos dicen que si nos hacemos cristianos nuestra vida será más feliz y próspera. Pero, ¿es esto cierto? Si te dijera que mis problemas desaparecieron cuando me convertí a Jesucristo, yo sería el hombre más mentiroso que existe. La verdad es que he continuado teniendo dificultades y han aparecido otros problemas nuevos que antes no tenía.

Si leemos y meditamos en las palabras de Jesús contenidas en los cuatro evangelios, podemos darnos cuenta de que Él nunca prometió a quienes creyeren en Él que las cosas iban a ser fáciles. En Mateo 16:24 leemos: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Negarse a uno mismo implica renunciar a las cosas que nos gustan y nos hacen felices. Tomar la cruz es sinónimo de enfrentar dificultades. Así que estamos advertidos de que seguir a Cristo vendrá acompañado de duras pruebas.

Mateo 28:19-20 contiene la última ordenanza del Señor, la cual conocemos hoy como la Gran Comisión: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Además del mandamiento, aquí hay una gran promesa, Él estará con nosotros todo el tiempo, hasta el fin del mundo, sin importar lo que pase.

Las dos preguntas que el apóstol Pablo se hace en Romanos 8:35, tienen sus respuestas más adelante en Romanos 8:38-39: Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. No existe absolutamente nada ni nadie que pueda separarnos del amor de Dios, el cual se manifiesta a través de nuestro Señor Jesucristo.

Hoy podrías pensar que tu situación es desesperante, que debes varios meses de renta en la casa donde vives y que ya el dueño te está echando de ella. Quizás tienes delante de ti un juicio en el cual podrías resultar culpable e irás a parar a la cárcel. O te han diagnosticado una enfermedad terminal. Por estar pasando estas cosas, podrías pensar que ya Dios no te ama, que Él se olvidó de que existes. La Palabra de Dios te dice que nada de eso podrá separarte del amor de Dios. Sea que milagrosamente te condonen la deuda del alquiler o que termines en la calle; sea que el juez tenga piedad de ti declarándote inocente o te aplique la pena máxima; sea que vivas o mueras, el amor de Cristo permanecerá en ti de todas maneras. Dios te bendiga.

 

¿Quién Contra Nosotros?

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Romanos 8:31

No tiene sentido decir que uno es cristiano y vivir en temor. Si hemos aceptado y recibido a Jesucristo, entonces tenemos la potestad de ser llamados hijos de Dios. Y si Dios es nuestro Padre, ¿de quién temeremos? ¿Acaso no sabemos quién es Dios? ¿Habrá alguien en todo el universo con más poder que Él? Dios, nuestro Padre, está con nosotros y Él es omnipotente y Todopoderoso. Por lo tanto, no existe nada ni nadie que pueda hacernos daño alguno.

Veamos lo que dice primero Romanos 8:31: Si Dios es por nosotros. Dividamos esta frase en dos partes y hablemos primero de Dios. ¿Sabes quién es Dios? Veamos lo que dice en primer verso de la Biblia, Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La Tierra es el planeta donde vivimos, el cual está situado a la distancia perfecta del sol para facilitar la existencia de vida en ella. Realmente solo la mente maestra de Dios pudo crear nuestro planeta, con la perfecta dimensión para tener una fuerza de gravedad que nos permitiera caminar cómodamente.

Ahora miremos que Dios también creó los cielos y en ellos hay millones de millones de estrellas que forman incontables galaxias. El universo es tan inmenso que nuestro planeta sería como una partícula subatómica, casi un punto insignificante, pero donde viven más de 7,400 millones de personas. Nuestra mente no puede imaginar la completa extensión del universo y, todo eso, lo creó Dios. Si las dimensiones del universo son inmensurables, imagínate las de su Creador.

Ahora que sabemos la inmensidad, la grandeza de Dios, piensa por un instante que ese Dios tan grande y poderoso está de tu lado y del mío. Todo, absolutamente todo lo que existe, sea en el plano físico o en el espiritual, no hay nada ni nadie que no haya pasado por el diseño divino. Sean planetas, estrellas o seres invisibles, Dios los ha creado con el poder de Su Palabra. Así que Él usará también Su Palabra de poder para respaldarnos en nuestras luchas diarias.

Vemos entonces que el Dios Todopoderoso que creó los cielos y la tierra está con nosotros, luego, ¿quién contra nosotros? Nadie puede contra Él, así que quien se mete con nosotros, los hijos de Dios, se está metiendo con nuestro Padre Celestial. Ten por seguro de que Dios no va a permitir que alguien dañe a Sus hijos. Mira lo que dice Marcos 9:42: Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar. Así que ten por seguro que tu Padre te defenderá con todo y contra todos.

Teniendo la plena confianza de ser hijos del Dios Altísimo, podemos andar confiadamente en nuestro caminar por este mundo. Aparte de Su apoyo, recordemos las palabras de 2 Timoteo 1:7: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Nuestro Padre Celestial nos ha dado de Su propio Espíritu, quien mora en nosotros. Ese Espíritu de Dios nos transmite Su poder, Su amor y nos infunde dominio propio para estar firme ante las adversidades de la vida.

Quiero invitarte a que de hoy en adelante te atrevas a caminar por la vida sin miedo, sin temor. Dios está contigo, eres Su hijo o Su hija y Él es Todopoderoso, nadie puede contra Él. Camina con la seguridad de que cuentas con el respaldo del máximo poder. Dios te bendiga.

La Santificación Es Nuestro Fruto

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Romanos 6:22

La palabra santo, como muchas otras palabras utilizadas en la Biblia, ha sido tomada con un significado distinto al que realmente le da la Palabra de Dios. En Romanos 6:22, el apóstol Pablo indica que la santificación, es decir, el hacerse santo, es el fruto de aquellos que han sido libertados del pecado. En otras palabras, ser santo es una consecuencia de haber sido salvo. Sabiendo que la salvación se obtiene por gracia, por medio de la fe, ser santo es nuestra respuesta al favor inmerecido que nos hizo Dios.

La tradición humana tiene una definición de santo muy diferente a lo que dice la Biblia. Para los católicos, los santos forman la llamada Iglesia triunfante e interceden ante Dios por la humanidad, por los vivos en la Tierra y por los difuntos en el Purgatorio: es la llamada comunión de los santos. Todos ellos, incluso los que no han sido oficialmente reconocidos como tales, tienen su festividad conjunta en el Día de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre.

La Iglesia Católica posee un mecanismo formal continuo para llevar a cabo el proceso de canonización de una persona. Actualmente las canonizaciones se efectúan después de un proceso judicial, llamado Proceso de Beatificación y Canonización, o simplemente proceso de canonización. El Proceso de Canonización se puede definir como el proceso que dilucida la duda acerca de la santidad de una persona. Existen dos vías para llegar a la declaración de canonización: la vía de virtudes heroicas y la vía de martirio. En el proceso de canonización se establece la duda procesal de si el candidato a santo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico, o si ha sufrido martirio por causa de la fe.

Además, para llegar a la canonización se requiere de la realización confirmada de uno o dos milagros. La canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papal de que una persona está, de acuerdo a la tradición católica, con toda certeza, contemplando la visión de Dios. Según la misma tradición, el creyente puede rezar confiadamente al santo en cuestión para que interceda en su favor ante Dios. El nombre de la persona se inscribe en la lista de los santos de la Iglesia y a la persona en cuestión se la “eleva a los altares,” es decir, se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia católica.

Ahora veamos lo que dice la Biblia al respecto. Levítico 20:26 dice: Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos. Dios apartó para Él al pueblo de Israel y le dio el mandamiento de que fueran santos porque Él es Santo. Dios no le ordenó que fueran santos a muertos sino a vivos. En Marcos 12:27 la Biblia dice: Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis. Por lo tanto, los santos de Dios no son muertos sino vivos.

En 1 Pedro 1:15-16 hay un llamado a los cristianos a ser santos: sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Si ya has recibido a Jesucristo, ahora debes ser santo, separado para Él. No esperes a que mueras y que un comité religioso decida llamarte santo, ya has sido llamado a ser santo en este tiempo y los milagros no los haces tú sino Él. Dios te bendiga.

Obrero Aprobado

Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

2 Timoteo 2:15

Quien ha estudiado alguna carrera conoce que para aprobar las diferentes asignaturas debe estudiar lo suficiente para alcanzar las notas necesarias para pasarlas. Cuando no se tiene la debida preparación se corre el riesgo de no ser aprobado. Cuando uno falla en algún curso, es muy natural sentir vergüenza. Cuando se trata de servir a Dios, no podemos improvisar. ¡También debemos estudiar! La gran ventaja es que todo lo que necesitamos saber con respecto a Dios está en un solo lugar, la Biblia, la cual es el verdadero libro de texto, lo que Pablo llama la palabra de verdad.

A mis 10 años fui a estudiar al mejor colegio de mi ciudad natal. Allí conocí a Aníbal quien era el mejor estudiante del curso. Aníbal es quizás el amigo más antiguo que tengo. Nos graduamos juntos del colegio y fuimos a la misma universidad a estudiar la misma carrera, ingeniería química. Hasta la mitad de nuestros estudios todo iba muy bien; pero Aníbal, por primera vez en su vida no aprobó el curso de Física II y eso lo avergonzó a tal punto que abandonó la carrera, se cambió de universidad y terminó graduándose en otra área muy distinta. Yo sé que Aníbal era capaz de sobrepasar ese obstáculo de no haber sido por la vergüenza que sintió al ser desaprobado en el curso de Física II.

Cuando conocí al Señor, casi inmediatamente sentí el anhelo de servirle. Pronto me di cuenta que era necesario estar preparado para tal responsabilidad. Por eso, cuando la iglesia donde me congregaba abrió su instituto bíblico, fui de los primeros en inscribirme. El día de nuestra graduación, en la cual obtuve el primer lugar, canté una canción compuesta por mí cuyo título es el mismo del mensaje de hoy. El coro de la canción dice: “Procura con diligencia presentarte ante Dios como obrero aprobado y no sentirás vergüenza al manejar con precisión la Palabra de verdad, al manejar con precisión la Palabra de verdad.” Es obvio que mi canción se basa en 2 Timoteo 2:15.

El dominio de la Palabra es vital para poder ser eficiente sirviendo a Dios. No podemos olvidar que el enemigo la conoce muy bien y la utiliza con frecuencia fuera de contexto para tratar de engañar. En Mateo 4:5-6 leemos: Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.

Quien no sepa usar correctamente la Palabra de Dios podría ser confundido por el enemigo y por los falsos maestros. Los siervos de Jesucristo estamos obligados a actuar diligentemente en la búsqueda de la verdad contenida en la Escritura. Esa es parte importante de nuestra aprobación como obreros del Reino. Si no conocemos cabalmente las instrucciones de Dios, nuestro trabajo para el Reino sería mediocre. Dios exige que trabajemos con excelencia para Él.

Así pues, es totalmente inaceptable pretender que servimos a Dios y al mismo tiempo ser negligentes en el estudio de la Palabra. Y aunque no es necesario que cada cristiano pase por un seminario o instituto bíblico, como ya dije anteriormente, la Biblia es el libro de texto fundamental para estudiar la Palabra de Dios. Procuremos leerla cada día porque solo así veremos revelados los misterios de nuestro Padre Celestial. Dios te bendiga.