Esperando Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

2 Pedro 3:13-14

El día del regreso triunfal de nuestro Señor Jesucristo debería ser el anhelo más ferviente de todo cristiano. En lugar de pedirle a Dios que arregle las cosas en este mundo corrupto, el creyente debiera orar para que la segunda venida del Señor se materialice pronto. Tenemos la promesa de cielos nuevos y tierra nueva, entonces, ¿por qué nos aferramos tanto a lo viejo? Así que nuestra actitud debe enfocarse en prepararnos para recibirle a Él como dice Pedro: sin mancha e irreprensibles, en paz.

En la actualidad, el mundo sufre convulsiones. Cada día, las noticias nos hablan de conflictos, desastres naturales y enfermedades. Casi en todos los continentes existe algún tipo de violencia, sea guerra, pandillas, narcotráfico, terrorismo o delincuencia común. Casi a diario ocurren sismos de magnitud apreciable en diferentes lugares del mundo. En otros lugares, las tormentas o las sequías ponen en vilo a la población. La aparición de potenciales brotes epidémicos como el ébola o el zika, también causan alarma entre la población del mundo.

Se suman a todo eso las desigualdades sociales que existen entre países pobres y ricos o entre los diferentes grupos étnicos de un mismo país. Y muchos reclaman frenar la injusticia en el mundo. En tal sentido, hacen esfuerzo por mejorar o exigir que se mejoren las condiciones del planeta en el cual vivimos. Quien no ha depositado su confianza en Dios, probablemente ignora que existe algo distinto y mejor. Entonces se puede entender la preocupación de este tipo de personas al respecto porque su única esperanza es lo que conocen.

Incluso los incrédulos acuden a los creyentes para que oren a Dios en los momentos de crisis. Lo que me parece poco congruente es la posición de muchos cristianos de seguir el juego de quien es responsable de que las cosas anden mal. ¿Por qué orar para que se arreglen las cosas en un mundo que está dominado por el maligno? ¿Por qué establecer amistad con el mundo cuando eso significa ser enemigo de Dios? Escrito está que todas esas cosas pasarían. La gente del mundo puede estar asustada; pero los cristianos ya habíamos sido advertidos al respecto.

No sigamos cayendo en la trampa del enemigo, el tiempo se termina, velemos y oremos en la forma correcta, la que va conforme a la voluntad de Dios. Oremos, primero que nada, porque los que no conocen las buenas nuevas del evangelio se arrepientan de sus pecados y reciban en sus corazones a Jesucristo. Oremos para que Dios nos permita mantenernos alejados de las cosas del mundo y viviendo en santidad para prepararnos para la gloriosa venida de nuestro Salvador y Rey. Oremos para que regrese pronto y velemos mientras lo esperamos.

Las injusticias de este mundo no acabarán mientras el maligno sea quien lo domine. La única forma de detener su dominio es cuando venga el Rey de reyes y Señor de señores. Entendamos eso de una vez por toda. Recordemos esta gran promesa: cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Y en los cielos nuevos y la tierra nueva reinará la justicia porque el Rey justo, el Rey de gloria gobernará con Sus santos. Que ese sea nuestro enfoque de ahora en adelante y hasta que Él regrese triunfante y victorioso. Dios te bendiga.

La Corona Incorruptible de Gloria

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

1 Pedro 5:4

Cuando solo leemos lo que dice 1 Pedro 5:4, podríamos estar muy felices de ver que un glorioso galardón nos espera cuando regrese el Señor. Es una hermosa promesa escuchar esto: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Ahora bien, ¿quiénes recibirán esta corona? La Biblia dice que Dios dará la corona incorruptible de gloria a quienes lleven Su Palabra a otros. Eso podría llevarnos a pensar que entonces los pastores ya la tienen garantizada. Sin tomarlo tan a la ligera, es preciso meditar en detalle todo el contexto de 1 Pedro 5:4.

Para ello, veamos lo que dicen los versículos anteriores, es decir, 1 Pedro 5:1-3: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.

Las ovejas son del Señor, no nuestras. Él las pone bajo nuestro cuidado, no para que saquemos provecho de ellas. Voy a contar cómo Dios me hizo comprender esa gran verdad. A finales de 2005, yo había vendido mi casa y comprado otra, la cual quedaba el doble de lejos de la iglesia a donde me congregaba. En mi antigua casa, yo era líder de un grupo celular bastante exitoso. Por dos años se había levantado en ese grupo una nueva generación de discípulos con capacidad de liderazgo. Mi mayor preocupación era que mi nueva casa les quedaría muy lejos a todos.

Fue entonces cuando salió de mi boca la pregunta ¿qué voy a hacer con mi grupo? La respuesta de Dios no se hizo esperar. Sentí una voz dentro de mí que me decía: “¿Tu grupo? No es tu grupo, las ovejas son mías, no tuyas.” En ese momento me di cuenta de la terrible imprudencia de mis palabras. Entendí que ese grupo celular no era mi posesión sino que Dios había puesto esas personas bajo mi cuidado por un tiempo y que ya ese tiempo se había terminado. Mi casa había sido comprada por otro líder de la iglesia y le entregué el grupo a él.

En mi nueva casa, me di a la tarea de iniciar un nuevo grupo celular desde cero. Haber obedecido a Dios trajo la bendición de que en muy poco tiempo, el nuevo grupo superó en tamaño y calidad al primero. Estuve con ellos hasta el momento en que Dios me movió de la iglesia donde estaba hacia nuevas responsabilidades. Como ya había aprendido la lección la primera vez. En ningún momento pensé llevarme conmigo a las ovejas. Simplemente me despedí de todos los miembros del grupo y los dejé en manos de su nuevo líder.

Pedro es muy claro en el requisito que debemos cumplir para alcanzar la corona incorruptible de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Recordemos que nuestra misión es la de servir, no que nos sirvan a nosotros. Nuestro mayor galardón no es material sino la corona incorruptible de gloria que nos dará el Príncipe de los pastores. Dios te bendiga.

Una Esperanza Viva

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

1 Pedro 1:3-5

Todo lo que dice 1 Pedro 1:3-5 merece la mayor atención por parte del creyente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Meditemos profundamente sobre esa esperanza viva que nos aguarda.

Pedro dice primero lo siguiente: Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. La esperanza viva que nos aguarda no es algo que hayamos ganado por nosotros mismos. Ni tampoco viene porque la merecemos. Ha sido la gran misericordia de Dios, quien nos hizo renacer para esta esperanza. Si Él nos hizo renacer, es decir, nacer de nuevo, es porque nuestro primer nacimiento nos impedía tener acceso a esta esperanza. Juan 3:3 nos dice: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.

La esperanza viva viene por lo que dice a continuación el apóstol Pedro: por la resurrección de Jesucristo de los muertos. La gran diferencia entre el cristianismo y las religiones humanas es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Los líderes de las diferentes religiones mundiales murieron y se quedaron en sus tumbas; pero Jesucristo se levantó de los muertos y hoy está sentado a la diestra del Padre y prometió volver con gloria y poder para reinar con los que han creído en Él. Y porque Cristo resucitó, quien verdaderamente cree tiene esa misma esperanza viva.

Juan 11:25-26 dice: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo nos da la garantía de resucitar para vivir eternamente junto con Él. Y esa vida eterna es la herencia de la que habla Pedro: para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

Ese tiempo postrero está cada vez más próximo: el día glorioso de la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y no importa si estamos vivos o no para entonces, porque para todo creyente existe la esperanza viva que nos narra 1 Tesalonicenses 4:16-17: Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Dios te bendiga.

Tener Paciencia y Orar

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

Santiago 5:7-8

Quienes esperamos la venida gloriosa de nuestro Señor debemos de esta conscientes de que no tenemos una fecha señalada. Escrito está que solo el Padre conoce el día y la hora, así que nadie puede afirmar cuándo será. Lo mismo podría ser hoy que en unos días, meses o años. En tal sentido, no debemos de estar ansiosos, sino revestidos de paciencia y velando en oración. Estemos listos para ese grandioso día como si fuera a ocurrir esta noche; pero sin desesperarnos. Está claro que el tiempo solo corre en una dirección, y ese momento está cada vez más próximo.

¿Cómo debe ser nuestra paciencia? Santiago lo expresa de esta manera: Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Es probable que para quienes siempre hemos vivido en las ciudades nos resulte difícil entender la paciencia que tienen los agricultores hasta que logran cosechar el fruto de la tierra. El proceso agrícola ocurre por un período de tiempo que puede tardar desde varios meses hasta varios años, dependiendo del tipo de planta que se ha sembrado.

En todo caso, antes incluso de depositar la semilla en el suelo, el agricultor debe preparar el terreno a fin de acondicionarlo para la siembra. No todas las semillas son fértiles, de ahí que sea necesario seleccionarlas. Luego se siembra y viene toda una serie de etapas de cuidar de la planta, lo cual incluye aplicar abonos, pesticidas y el agua adecuada, podar las hojas para que crezca la planta en el sentido correcto y produzca el fruto deseado. Mientras el labrador espera por el fruto, es probable que sus recursos financieros escaseen.

Al final, cuando llega la cosecha abundante, el agricultor recibirá la alegría de tener en sus manos el fruto de su paciencia. De igual manera, los creyentes que aguardamos la gloriosa venida de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, cuando lo veamos descender de las nubes con Sus santos ángeles, podremos decir que valió la pena tener paciencia para ver tan magno momento.  Y así como el labriego dedicó tiempo para velar por el bienestar de su sembradío, los creyentes debemos dedicar tiempo velando en oración hasta que Cristo venga.

En lo natural, el labrador no siempre alcanza lo que esperaba. Ocurre algunas veces que, a pesar de que él ponga todo su empeño para obtener el fruto de su trabajo, eventos que se escapan de su control se lo pudieran impedir. La naturaleza puede obrar en contra del agricultor, sea por una sequía, exceso de lluvia o plagas que destruyan su plantación. Incluso, el fruto pudiera no ser del tamaño adecuado o su calidad sea deficiente, lo cual haga que su precio en el mercado disminuya y este hombre deje de ganar y hasta pierda lo que invirtió.

Sin embargo, en lo espiritual, nuestra espera por la venida de Cristo no traerá pérdidas. No importa lo que ocurra en el mundo natural o que las huestes espirituales de maldad se opongan. El Señor vendrá sin lugar a dudas, en el tiempo correcto, el cual no lo sabemos; pero de que viene no hay duda. Esperemos por Él con paciencia y velando en oración, ya que vendrá como ladrón en la noche y el gran momento se acerca cada vez más. Dios te bendiga.

La Esperanza Bienaventurada

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Tito 2:11-14

A pesar de no ser uno de los pasajes bíblicos más conocidos, Tito 2:11-14 es un certero resumen del Evangelio. Pablo nos habla de la gracia para salvación, pero también nos habla del requisito para tener acceso a la gracia, el arrepentimiento, el cual aquí lo expresa como renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. Además nos habla de esta manera sobre la conversión: vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente. En el verso 13 habla sobre lo que da título a este mensaje: La esperanza bienaventurada. Esa esperanza la tendremos cuando ocurra la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

Por otro lado, Tito 2:11-14 es también una llamada de atención para todos los que hemos sido redimidos por la preciosa sangre de Cristo. Él pagó un alto precio por nuestra salvación, así que, una vez salvo, debemos dejar de vivir según los parámetros que dicta el mundo, para caminar de ahí en adelante y hasta el fin conforme a Su santa voluntad. Recordemos siempre esto sobre el Señor: quien se dio a Sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Así que, mientras esperamos Su gloriosa venida, hagamos lo que Él nos dice en Mateo 24:44-47: Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. La esperanza bienaventurada de los que aman al Señor implica una gran recompensa.

Esa recompensa es la que Santiago llama la corona de vida. Dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. La Biblia no promete que nuestra espera habrá de ser fácil, tendremos pruebas, persecuciones, tribulaciones, tentaciones y aflicciones; pero, si resistimos todo eso, las promesas de Dios se cumplirán en cada uno de nosotros. La esperanza bienaventurada no ha sido echada en saco roto por nuestro Padre Celestial.

A algunos de nosotros la vida pudiera ser un poco más difícil de lo normal. Si eres uno de ellos, te podrías preguntar, ¿hasta cuándo debo esperar? Apocalipsis 1:3 te dice: Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. Y Apocalipsis 22:7 lo reafirma: ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

El día de la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo está cada vez más cerca, guardémonos en santidad para Él y seremos llamados como dice Apocalipsis 20:6: Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años. Dios te bendiga.

La Corona de Justicia

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida.

2 Timoteo 4:7-8

Es gratificante, al final de nuestros días, poder decir algo semejante a lo que dijo Pablo en 2 Timoteo 4:7-8: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida. En resumen, Pablo sentía satisfacción por el deber cumplido y estaba seguro de que su Señor iba a recompensarlo a él y a todo aquel que ama la venida del Señor.

La corona de justicia es una de las cuatro coronas que han sido prometidas a los creyentes. Las otras tres coronas son: la corona de vida, la corona incorruptible y la corona de gloria. Sobre la corona de vida, dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

De la corona incorruptible habla 1 Corintios 9:24-27: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Finalmente, 1 Pedro 5:2-4 habla de la corona de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Cada una de las cuatro coronas tiene un requisito a fin de recibir el galardón. En el caso de la corona de justicia, el requisito es anhelar la venida de nuestro Señor Jesucristo y consagrarnos a Él. Los apóstoles y millones de cristianos a lo largo de dos mil años han vivido sus vidas con el anhelo ferviente de ver llegar a Jesucristo descendiendo del cielo lleno de gloria y revestido de la gran majestad de Su condición de Rey de reyes y Señor de señores. La Palabra de Dios no miente y, sin duda, todos ellos recibirán la corona de justicia.

¿Estamos los creyentes del siglo XXI listos para recibir la corona de justicia? Es una pregunta que nos confronta a todos. ¿Estamos anhelando que Cristo venga o le pedimos que se quede un rato más en el cielo para que podamos continuar gozando de nuestro “maravilloso” mundo? ¿Es nuestro anhelo Su venida o lo único que queremos de Él es que nos haga prósperos y felices en la tierra y que Él continúe como está a la diestra del Padre? Si las cosas empeoran en el mundo, ¿estamos dispuesto a padecer por Cristo o nuestro anhelo es que nos saque del problema? La venida del Señor debe de estar sobre todas las cosas para quienes le amamos. Dios te bendiga.

Santificados por Completo

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.

1 Tesalonicenses 5:23-24

Cuando vamos a participar de algún evento importante, siempre nos preparamos con esmero. Y más si tenemos una participación activa en el mismo. Procuramos estar limpios, bien bañados, con nuestro cabello bien peinado, usamos un buen perfume, vestimos nuestras mejores galas y calzamos zapatos que brillan de limpieza. Los cristianos seremos partícipes del evento más importante de la historia humana: el regreso triunfal y glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Para esta ocasión, debemos lucir más impecables que nunca, estando completamente santificados.

Está claro que para ver al Señor debemos ir a su encuentro vestidos completamente de santidad. Esa pureza total y completa es imposible de lograr en nuestra corrupta humanidad. El esfuerzo propio resulta inútil porque nuestra naturaleza es pecaminosa y el pecado es lo opuesto a la santidad. Y de la misma manera que nuestra salvación la recibimos por gracia y no por nuestras obras, nuestra santificación necesita la intervención divina. 1 Tesalonicenses 5:23-24 lo dice: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo.

Dios tiene varios recursos disponibles para llevarnos hasta nuestra completa santificación. En 2 Corintios 7:1 leemos: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Temor de Dios no significa salir atemorizados corriendo de Él, sino tener miedo de estar lejos de Él. El temor de Dios es obedecerle y respetarle, es reconocer su señorío y majestad sobre nuestras vidas. Cuando nos sometemos a Dios, hasta el diablo huye de nosotros.

En el temor de Dios, debemos poner de nuestra parte y eso significa doblegar nuestra voluntad y someternos a la de Él. Entonces, viene la respuesta amorosa de Dios que nos ayuda a alcanzar la santificación. 1 Corintios 6:11 dice: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Nuestros pecados fueron emblanquecidos en la sangre de Jesús y, en Su nombre, somos justificados y santificados por el Espíritu de Dios.

El mismo Espíritu Santo que nos da convicción de pecados para que nos arrepintamos y estemos listos para recibir la gracia, actúa en el proceso de nuestra santificación. En 2 Tesalonicenses 2:13 leemos: Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Nuestra parte en este proceso es aportar la fe, es creerle a Dios que podremos superar los obstáculos y alcanzar la meta.

Vemos que la santificación debe ser de todo nuestro ser: y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. No es pensar que solo debemos de tener limpio nuestro espíritu porque Dios es Espíritu. Nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo y lo santo no habita en lugar inmundo ni mugriento. Nuestra alma, la cual incluye nuestras emociones y nuestra voluntad, también debe de ser descontaminada por completo para recibir a nuestro Señor y Rey Jesucristo en Su gloriosa venida. Dios te bendiga.

La Venida del Señor

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:13-17

El tema tratado por Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-17 ha sido objeto de muchas discusiones doctrinales dentro de la iglesia cristiana durante los últimos 200 años. Quien no escudriña la Palabra de Dios ni estudia la historia de la iglesia, podría pensar que lo que la mayoría de los cristianos creen hoy día sobre la venida del Señor era exactamente lo que creía la iglesia primitiva y la cristiandad por dos mil años. Ciertamente, para todos los cristianos, la venida de nuestro amado Señor Jesucristo debiera ser el evento más esperado de nuestra vida terrenal.

Una gran parte de la iglesia cristiana actual cree firmemente que, antes de que surjan los eventos terribles, que la Biblia llama la gran tribulación, el Señor vendrá en secreto por Su iglesia, en lo que muchos llaman el rapto. Y como la palabra rapto, tal como se interpreta hoy no aparece en la Biblia, quienes justifican de todos modos este acontecimiento le dicen arrebatamiento, en una clara referencia a lo que dice 1 Tesalonicenses 4:13-17: seremos arrebatados. La pregunta es si la iglesia siempre tuvo esa creencia o no.

En verdad, de la misma manera que muchos católicos piensan erróneamente que su iglesia siempre ha creído en la infalibilidad del papa, la inmaculada concepción de María o su papel de corredentora, muchos cristianos piensan que siempre se ha creído en el rapto. Sin embargo, el principio de esta doctrina data del año 1830, cuando una jovencita de 15 años de nombre Margaret McDonald, en Port Glasgow, Irlanda, recibió una “revelación” especial según la cual la Segunda Venida de Cristo tendría lugar en dos etapas; la primera para recoger a un grupo de creyentes “preparados y selectos” que serían llevados al cielo para ir al encuentro del Señor antes de la aparición del Anticristo, o sea antes de la Gran Tribulación.

Ahora bien, la Biblia no dice en ninguna parte que Jesucristo volverá en dos etapas. Y Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2:1-3: Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición. Por 2 Tesalonicenses 2:1-3 vemos que antes de la venida del Señor vendrán la apostasía y el Anticristo.

Finalmente, Apocalipsis 1:7 desmiente la venida en secreto de Jesucristo: He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Esperemos su venida, consciente de que será de victoria, seamos o no parte de los decapitados de la gran tribulación. Dios te bendiga.

Manifestando la Gloria con Cristo

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Colosenses 3:3-4

Entender la esencia de ser cristiano no es tarea fácil cuando usamos la mentalidad del mundo. Tratar de interpretar nuestra relación con Dios a través de Su Hijo Jesucristo mediante emociones humanas tampoco nos ayuda a entenderlo. Es preciso poner a funcionar los sentidos espirituales para poder percibir el significado de recibir a Cristo. Haber nacido de nuevo nos da una naturaleza completamente distinta a la del viejo hombre y la gloria de Cristo, en su plenitud, habrá de manifestarse en nosotros cuando Él vuelva.

El anhelo ferviente de quienes aman a Cristo es verlo regresar a la tierra lleno de gloria. El mismo Señor anunció Su regreso en Mateo 16:27: Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. Y lo describió con más detalles en Marcos 13:26-27: Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

Vemos por Marcos 13:27 que los creyentes, los escogidos de Cristo, van a participar de la gloriosa venida de nuestro Señor. Él enviará a Sus ángeles para juntar a todos los que han creído en Él. Eso nos da una gran esperanza de que seremos parte de Su gloria. Y esa gloria implica una transformación, como dice 1 Corintios 15:51-52: He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Apocalipsis 19:11-16 describe en detalle la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo: Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.   Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

También Apocalipsis 20:4 dice lo que pasará al regreso del Señor con aquellos que se han mantenido fieles a Jesucristo, aún a costa de su propia vida: Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Volviendo al principio de este mensaje, no podemos interpretar nuestra participación en la gloria de Cristo solamente en términos de lo que los humanos llamamos éxito. En el proceso de seguir a Cristo, podemos incluso perder la vida, ser perseguidos y atribulados; pero, si perseveramos, nos espera un trono junto a Él, un galardón, una corona y ser partícipes de Su gloria. Dios te bendiga.

El Anhelo de Su Venida

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Apocalipsis 22:17

Cuando se ama a alguien, uno anhela fervientemente estar cerca de la persona amada. Si por alguna razón, esa persona está ausente, contamos cada segundo que pasamos sin ella, esperando su regreso con ansias. Por más que otro ser humano nos ame, nadie podría amarnos más que Jesús. Solo Él entregó su vida en una cruz por ti y por mí. Pero Él no permaneció muerto, sino que resucitó, subió al cielo y prometió volver. Si nuestro amor por Jesús es genuino, anhelar Su venida debiera ser una reacción natural en nosotros.

Una de las canciones en inglés más populares del último cuarto del siglo XX es When I need you, lo cual se traduce al español Cuando te necesito. Esta canción fue escrita por Albert Hammond y Carole Bayer Sager y popularizada en 1977 por el cantante británico Leo Sayer. La primera estrofa de la canción se traduce de la siguiente manera: “Cuando te necesito, solo cierro mis ojos y estoy contigo. Y todo lo que yo quiero darte está tan solo a un latido del corazón de distancia. Cuando necesito amor solo extiendo mis manos y toco amor. No sabía que hubiera tanto amor que me mantuviera cálido noche y día.”

La siguiente estrofa de la canción se traduce como: “Millas y millas de espacio vacío entre nosotros. El teléfono no puede tomar el lugar de tu sonrisa, Pero tú sabes que no estaré viajando para siempre. Hace frío afuera, pero aguanta y haz como yo hago.” Esta canción narra la historia de una pareja de enamorados quienes están separados por una gran distancia; pero que anhelan estar juntos. Él le dice a ella lo que hace para sentir su amor de cerca, que no estará viajando por siempre y que el teléfono no puede ocupar el lugar de ella.

Y, como la historia de esa canción, estamos hoy los que amamos a Jesús. Él no está presente físicamente con nosotros. Pero si realmente lo amamos, cuando lo necesitamos, solo cerramos nuestros ojos y estamos con Él. Y todo lo que queremos darle está tan cerca como un latido de nuestro corazón, porque Él vive allí. Cuando necesitamos amor, solo tenemos que levantar nuestras manos al cielo y tocamos Su inmenso amor. Su amor es tan inmenso que nos mantiene cálidos de noche y de día.

Hoy, un inmenso espacio vacío nos separa de nuestro amado Jesús. Él está en el cielo, sentado a la diestra del Padre, mientras nosotros estamos aquí en la tierra. El teléfono para comunicarnos con Él es la oración. Está muy bien conversar con Él continuamente por medio de la oración. Pero ese “teléfono” nunca va a ocupar el lugar de nuestro amado Señor descendiendo del cielo vestido de Rey para reunirse con nosotros. Sabemos que Él ha prometido volver y nuestro mayor deseo ahora debe ser que llegue ese día en que nuestro amado regrese y estemos con Él para siempre.

Es penoso ver que hay personas que dicen ser cristianos y cuando leen en la Biblia sobre todo lo que debe pasar en el mundo para que Cristo venga, les tiemblan las piernas. Es como si no desearan que el amado regrese. Abramos nuestros ojos y oídos y unámonos al coro: Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. No nos cansemos nunca de anhelar que venga nuestro amado Señor Jesucristo. Ven, Señor, ya no tardes más. Te anhelamos. Dios te bendiga.