Recibiendo Cien Veces más

Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

Mateo 19:29

El ser humano tiene la tendencia a acumular cosas y muy pocos son capaces de soltar lo que tienen. Cuando se trata de seguir a Cristo, mayormente nos resistimos a dejar atrás nuestra casa, nuestra familia o nuestra tierra. Son muy pocos los que se atreven a dejar su zona de seguridad por caminar detrás del Rey de reyes y Señor de señores. En Mateo 19:29, el Señor hace una hermosa promesa para los valientes que decidan dejarlo todo por seguirle: recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna.

El ejemplo más fiel de la promesa del Señor en Mateo 19:29 es el apóstol Pablo. Antes de tener su encuentro personal con Jesucristo, Saulo de Tarso era un fariseo furioso quien se dedicaba en cuerpo y alma a perseguir a los cristianos. En Hechos 8:1-3 leemos: Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él. Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.

El encuentro personal de Saulo de Tarso con Jesucristo ocurrió mientras él persistía en perseguir a los cristianos. Hechos 9:1-4 narra ese encuentro: Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Luego de su conversión, Saulo de Tarso se convirtió en Pablo, el apóstol de los gentiles. Él dejó su familia, sus bienes y su tierra por el nombre de Cristo. En 4 viajes, Pablo recorrió el oriente del Mar Mediterráneo, incluyendo territorios de los Estados actuales de Líbano, Siria, Turquía, Chipre, Grecia, Malta e Italia. En sus viajes, el apóstol Pablo dejó establecidas numerosas iglesias a las cuales escribió sus epístolas.

De todo lo que Pablo dejó atrás por el nombre de Jesucristo, ciertamente que recibió en este mundo cien veces más. Y aunque Pablo no tuvo hijos en la carne porque no se casó por servir al Señor, la Biblia habla de sus hijos espirituales, entre ellos Timoteo (1 Timoteo 1:2), Tito (Tito 1:4) y Onésimo (Filemón 1:10). Pablo dejó atrás su casa; pero recibió cien veces más ya que era recibido por hospedadores en sus viajes, entre ellos Gayo (Romanos 16:23). Pablo recibió también cien veces más hermanos, entre los cuales están: Cuarto (Romanos 16:23), Apolos (1 Corintios 16:12) y Tíquico (Efesios 6:21).

No importa lo que dejemos por seguir a Jesucristo, Su promesa es fiel y verdadera y eso incluye recibir cien veces más en este tiempo y la hermosa herencia de la vida eterna. Pablo y todos los apóstoles lo recibieron; los verdaderos siervos de Dios de todos los tiempos lo han recibido y tú, si los haces también lo recibirás. Las promesas divinas están garantizadas. Dios te bendiga.

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La Misión del Siervo de Jesucristo

Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Hechos 26:18

La vida humana sobre la Tierra no es fácil. Los problemas son inevitables y a nadie les resultan agradables. Sin embargo, ninguno de nuestros problemas es mayor que vivir en tinieblas y bajo la potestad de Satanás. La misión del siervo de Jesucristo no es llevar a la gente a un estado de prosperidad y felicidad, sino de abrir sus ojos para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Quien predique lo contrario a lo que dice Hechos 26:18 no está cumpliendo su tarea como siervo del Señor. Pero lo peor de todo es que está permitiendo que las almas se pierdan.

Muchos predicadores han entendido muy claramente cuál es su misión. Uno de ellos es el alemán Reinhard Bonnke quien ha dicho: “¡Pero el trabajo principal del evangelista es el de ganar almas para Cristo, no el de predicar a cristianos dormidos, y reavivar iglesias muertas!” He visto muchos cristianos que viven calentando bancos en las iglesias, las cuales no crecen porque nadie sale a las calles para pescar a los perdidos y llevarlos a Cristo. Los miembros de esas iglesias solo procuran engordar espiritualmente mientras le niegan el pan de la Palabra a los que no han conocido al Señor.

El predicador británico Martyn Lloyd-Jones (1899-1981) dijo: “Para mí, el trabajo de predicar es el más grande y el más glorioso llamamiento al que alguien puede ser llamado jamás.” Coincido plenamente con lo que dice Lloyd-Jones. Me he desempeñado en varias facetas durante mi vida. Entre ellas están: dirigir grupos musicales, ser ingeniero y científico, fungir como profesor e investigador universitario y servir al Señor. Y aunque ser músico o científico pudieran parecer oficios más prestigiosos, siento que predicar la Palabra de Dios a la gente es mi mayor privilegio.

Evangelizar es la tarea de mayor prioridad en una iglesia cristiana. El evangelista inglés David Watson (1933-1984) dijo: “Hacer otra cosa en la iglesia y no evangelizar es como reacomodar los muebles cuando la casa está en llamas.” La comparación de Watson tiene mucho sentido. El infierno arde en llamas esperando por aquellos que no llegan al arrepentimiento de sus pecados y mueran sin recibir el perdón y la gracia de Dios. Si esas personas no tuvieron la oportunidad de escuchar el plan de salvación por negligencia de la iglesia, nos hacemos culpables por su perdición.

Norman R. Lewis dijo una gran verdad: “El conseguir el perdón de Dios es la necesidad más urgente de cada persona en la Tierra.” Aunque mucha gente piense lo contrario, la solución a los graves problemas personales de cada uno no es nuestra mayor urgencia. De nada nos sirve llegar a resolver nuestros problemas económicos, relacionales o de salud si no prestamos atención a restaurar nuestra relación con Dios, la cual quedó rota por causa del pecado.

Nadie puede ganarse el cielo por mérito propio, todos hemos pecado y eso nos excluye de estar ante la presencia de un Dios santo. La paga del pecado es muerte y ese es nuestro destino a menos de alguien pague por nosotros la deuda. Jesucristo ya lo hizo en la cruz; pero para que la gracia te toque, debes arrepentirte de tus pecados y convertirte a Él. No hay ningún otro camino posible para alcanzar la redención. Recibe pues, por fe, tu herencia. Dios te bendiga.