La Buena Tierra

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto;  y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Mateo 13:23

En la era post moderna es muy popular la prédica de la siembra y la cosecha. Se afirma que uno siembra y luego obtiene la cosecha. Sin embargo, lo que muchas veces se pasa por alto en tal predicación que ninguna siembra dará cosecha sin una buena tierra donde se pueda sembrar la semilla. No todos los terrenos de nuestro planeta son aptos para sembrar y obtener cosechas. En lo espiritual también existen terrenos estériles que no producen nada y buena tierra que da abundante fruto.

Hace varios años yo fui a Puerto Rico para resolver ciertos asuntos personales. Como de costumbre cada vez que voy a la isla del encanto, llamé a Miguel, mi mejor amigo, quien me recibió en su apartamento ubicado frente al aeropuerto de San Juan. Llegué un viernes y el sábado Miguel, quien es adventista, me preguntó si quería acompañarlo a su iglesia. Yo le dije que no tenía ningún inconveniente en ir con él. Así que ambos salimos temprano para su iglesia.

Lo que más me impactó del servicio de ese sábado en la iglesia de mi amigo Miguel fue que el predicador dio un sermón sobre la parábola del sembrador. Al finalizar su sermón dijo lo siguiente: “El problema no es la semilla porque la semilla siempre es buena ya que es la Palabra de Dios. El problema es el tipo de terreno en el cual cae la semilla. ¿Qué clase de terreno eres tú?” Al escuchar esas palabras, el Espíritu me dio testimonio de que yo mismo, a lo largo de mi vida, había sido sucesivamente el terreno junto al camino, terreno pedregoso, terreno sembrado de espinos y buena tierra.

El domingo, mi pastor, quien coincidía conmigo en Puerto Rico me llamó y me preguntó si yo tenía algún plan para el lunes en la mañana. Yo le dije que no y él me dijo que pasaría a recogerme a las 10 de la mañana. Así lo hizo y me llevó a una casa donde estaban reunidas varias señoras católicas. Mi pastor compartió la palabra de Dios con ellas y le habló sobre la parábola del sembrador. Al finalizar, el pastor les dijo lo siguiente: “El problema no es la semilla porque la semilla siempre es buena ya que es la Palabra de Dios. El problema es el tipo de terreno en el cual cae la semilla. ¿Qué clase de terreno eres tú?”

Al escuchar a mi pastor repetir exactamente las mismas palabras que yo oí el sábado en la iglesia de mi amigo Miguel, yo quedé impactado. Mi pastor ignoraba por completo dónde yo había estado el sábado ni tampoco sabía lo que yo escuché porque no le hice ningún comentario al respecto, así que él no hizo tal comentario por estar enterado de lo que yo había escuchado dos días antes. Pero el Espíritu de Dios si lo sabía y se había movido en dos ambientes religiosos totalmente distintos para darme un mensaje claro y certero.

Hoy yo comparto esta historia contigo que me escuchas o lees. Es probable que tú, al igual que lo fui yo, a lo largo de tu vida, has escuchado la Palabra; pero el enemigo ha arrebatado lo que fue sembrado en tu corazón. También es probable que en ocasiones hayas escuchado la Palabra y al momento la recibiste con gozo; pero al venir las pruebas hayas tropezado. Otras veces pudiste haber oído la Palabra; pero el afán de este mundo y el engaño de las riquezas han ahogado la Palabra haciéndola infructuosa. ¿Qué clase de terreno has sido tú?

Hoy es el día que seas esa buena tierra, que recibas la Palabra en tu corazón, la entiendas y produzcas fruto al ciento, a sesenta, y a treinta por uno. Dios te bendiga.

 

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Dios Pelea Nuestras Batallas

Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud; y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres  muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho.

2 Crónicas 20:24-25

Ignorar que estamos en una guerra es dar ventaja al enemigo. Mientras estemos dormidos y disfrutando de lo que creemos es paz, el enemigo está planificando darnos un golpe mortal para aniquilarnos. La guerra es real y cada día tenemos una batalla nueva. Dios siempre nos avisa de lo que urde el enemigo. El aviso de Dios viene a través de Su Palabra, de las señales que nos da, de visiones, de sus siervos los profetas y del testimonio que da Su Espíritu que mora en nosotros.

Voy a compartir otra de las visiones que el Señor me ha permitido observar cuando busco Su presencia. Me vi ataviado como un soldado de la antigüedad y tenía una espada en mi mano. Entendí que llevaba puesta la armadura de Dios de Efesios 6:11-17: Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Me vi en un campo de batalla. Yo conducía un tanque de guerra e iba ataviado como un soldado moderno. A mi alrededor iba el resto del ejército que me acompañaba, algunos iban a pie, armados con ametralladores, tal como los soldados de hoy; otros conducían tanques igual que yo; y otros muchos montaban a caballo llevando espadas y armaduras, como los soldados antiguos.

También vi en el cielo a nuestros aviones, armados con misiles; pero también vi a un formidable ejército de ángeles, con vestiduras blancas y espadas doradas, quienes volaban a mayor velocidad que nuestros aviones y se adelantaban hacia el campo enemigo. Todos nosotros íbamos desde el occidente hacia el oriente. El ejército enemigo venía hacia nosotros desde el oriente hacia el occidente; pero yo no podía distinguir bien sus características porque aún estaban muy lejos de nosotros. Sólo pude ver que sobre ellos volaba un ejército de demonios vestidos de rojo, quienes iban al encuentro de los ángeles para darles batalla.

Finalmente vi el campo después de la batalla; pero ya no estaban las huestes espirituales (ángeles y demonios). El ejército enemigo había sido aniquilado por completo, pero nuestro ejército resultó totalmente ileso y todos nosotros recogíamos un valioso botín, tal como hicieron Josafat y los judíos. Estamos en una guerra; pero Dios está con nosotros peleando cada batalla para darnos la victoria. No hay nada que temer. Dios te bendiga.

La Puerta Abierta que Nadie Puede Cerrar

Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

Apocalipsis 3:7-8

Cuando andamos en busca de algo, todos queremos encontrar las puertas abiertas para entrar a donde vamos. Si se trata de la búsqueda de un empleo, nos gustaría que nos abran las puertas del lugar donde pretendemos trabajar en lugar de que la cierren en nuestras narices. Si vamos de compras a una tienda, nos gustaría encontrarla abierta y no llegar tarde cuando haya cerrado sus puertas. En Apocalipsis 3:7-8, el Señor promete a Su iglesia fiel que le pondrá delante una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar.

Voy a compartir una visión que el Señor me permitiera tener hace ya varios años. Me vi acostado sobre lo que, en principio, creí que era el suelo y sentí una gran paz. Al abrir mis ojos en la visión, vi que estaba recostado sobre algo blanco, no sobre un pasto verde como había pensado. Sin embargo, supe que no se trataba de nieve porque sentí algo cálido mi lugar de descanso.

Observé mejor y descubrí que estaba acostado sobre nubes y vi ángeles volando alrededor de mí. Me incorporé de mi descanso y dos ángeles se acercaron a mí diciéndome: “Ven, te llevaremos ante Su presencia.” Cada uno de ellos me tomó por un brazo y alzaron vuelo conmigo. Sentía un gozo infinito y esa gran paz que sobrepasa todo entendimiento.

Llegamos ante Su presencia, ante Su trono y, tanto los ángeles como yo, nos postramos para adorarle. Todo era muy impresionante y sentí temor y respeto porque podía percibir con todos mis sentidos Su hermosa santidad. Me uní a todos los presentes cantando: “Santo, Santo, Santo.”

Escuché al Señor decirme las palabras que están en Apocalipsis 3:7-8: Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.

Siento que Dios está queriendo decir algo al remanente fiel de Su iglesia. En estos tiempos difíciles en los cuales se están cerrando muchas puertas para aquellos siervos de Dios comprometidos con la verdad, el Señor nos dice que está abriendo una puerta que nadie puede cerrar. No importa si los que predican el evangelio bíblico, sin distorsionarlo, tengan poca fuerza, Dios sabe que todos ellos han guardado Su Palabra y no han negado Su nombre.

Si fuera un torneo deportivo, diríamos que estamos en la etapa del campeonato, donde se separan los hombres de los muchachos, como decía un locutor en mi país natal. Los cristianos fieles van a ser probados para ver quien niega o afirma serlo ante la presión del mundo. ¿De qué lado estarás tú? Yo quiero estar del lado del Señor pase lo que pase. ¿Piensas hacer lo mismo tú? Recuerda la promesa del Señor, aunque seamos débiles, Él nos abrirá una puerta que nadie podrá cerrar. Dios te bendiga.

La Nutrición del Alma

Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Mateo 4:4

El envejecimiento de los “Baby boomers” ha provocado un enorme crecimiento de la industria de los suplementos nutricionales. Es obvio que nuestra piel sufre como consecuencia de una nutrición inadecuada y deficiente. Así como tu cuerpo no puede vivir sin alimentos, tu alma necesita el alimento de la Palabra de Dios. El propio Jesús, cuando fue tentado por el diablo en el desierto, le recordó que: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mateo 4:4). Cuando te alimentes con la Palabra de Dios, la debilidad y la confusión desaparecen.

La Organización Mundial de la Salud define la nutrición como la ingesta de alimentos en relación con las necesidades dietéticas del organismo. Una buena nutrición (una dieta suficiente y equilibrada combinada con el ejercicio físico regular) es un elemento fundamental de la buena salud. Una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental, y reducir la productividad.

La nutrición hace referencia a los nutrientes que componen los alimentos y comprende un conjunto de fenómenos involuntarios que suceden tras la ingesta de los alimentos, es decir: la digestión, la absorción o paso a la sangre desde el tubo digestivo de sus componentes o nutrientes, y su asimilación en las células del organismo. Existen seis clases de nutrientes que el cuerpo necesita: carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua. Es importante consumir diariamente esos seis nutrientes para construir y mantener una función corporal saludable.

Y al igual que la nutrición natural, la espiritual es una necesidad básica que debemos suplir cada día. Si nuestro cuerpo demanda el consumo diario de los seis tipos de nutrientes, nuestra alma necesita nutrirse cada día con la Palabra de Dios. Esa nutrición incluye la lectura y la meditación de la Escritura. Pero para mayor aprovechamiento de ella, debemos nutrirnos acompañados por el nutricionista espiritual: el Espíritu Santo. Él nos guiará hacia toda verdad.

La Palabra de Dios es semilla plantada en nuestras vidas para dar frutos permanentes. Dios espera que nosotros no sólo escuchemos Su Palabra sino que también seamos hacedores de la misma. La Palabra es poder de Dios, ya que toda la creación ocurrió mediante la Palabra que Dios hablaba. La Palabra es también una espada que nos permite defendernos de los ataques del enemigo y para penetrar a lo más profundo de nuestro ser, como dice Hebreos 4:12: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Demos nutrición diaria a nuestra alma a través de la Palabra de Dios. Que no pase un día sin que comamos de ella. Si cada día te alimentas tres veces, ¿por qué no sacas tiempo para leer la Biblia? Te aseguro que encontrarás revelación fresca. Dios te bendiga.

Dios Nos Habla a Través de Su Hijo

En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.

Hebreos 1:2

La Biblia es un compendio de las palabras que Dios ha dado a la humanidad. En el Antiguo Testamento, Dios habló con voz audible a hombres y mujeres como Adán, Eva, Noé, Abraham o Moisés. Sin embargo, Dios habló mayormente al pueblo de Israel o a los pueblos gentiles por medio de Sus profetas. Así vemos a los profetas que le hablaron a los reinos de Judá e Israel, como Elías, Isaías o Jeremías; Jonás quien llevó el mensaje de Dios a los asirios en Nínive; o Daniel a los caldeos y persas.

En el Nuevo Testamento, un profeta, Juan el Bautista, anunció la inminente llegada del Mesías. Dice Lucas 3:16: respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Luego de Juan el Bautista, Dios envió Su poderoso mensaje a la humanidad a través de Su propio Hijo Jesucristo. Ese mensaje de parte de Dios es mayormente recopilado en los cuatro evangelios.

Uno de los discursos más notorios de Jesús es el sermón del monte el cual está en el capítulo 5 del evangelio de Mateo. La mayoría de las personas se han familiarizado con las llamadas bienaventuranzas que forman parte de este sermón, pero eso no fue lo único que dijo allí el Hijo de Dios. Veamos lo que dice Mateo 5:17-19: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

Esta parte de las enseñanzas de Jesucristo se predica muy poco en las iglesias. Es mucho más fácil llevarle a la gente un mensaje de que las cosas le saldrán muy bien si se hacen cristianos que enseñarles a cumplir lo que Dios ha ordenado. El cumplimiento de la Ley se llevó a cabo en el mismo Jesús, quien se hizo pecado sin haber pecado para pagar por los nuestros. Ningún ser humano es capaz de cumplir con la Ley de Dios, solo Cristo puede hacerlo. Por eso Él es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Dios también habló a través de Su Hijo en Juan 3:16-17: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Aquí está la clave de la salvación de cada ser humano sobre la Tierra.

Las palabras que Dios ha hablado al mundo en estos tiempos postreros a través de Su Hijo se pueden resumir en que el ser humano es incapaz de salvarse por sí mismo. Por lo tanto, solo un ser perfecto como Jesucristo es capaz de propiciar nuestra salvación. Se hace necesario creer en Él para tener vida eterna. Dios te bendiga.

La Palabra de Dios es Limpia

Toda palabra de Dios es limpia; Él es escudo a los que en él esperan.

Proverbios 30:5

Es muy bonito ver una fuente de agua limpia y cristalina. Y lo mejor de todo es poder disfrutar en nuestro paladar de esa agua natural y libre de contaminación. Lamentablemente en nuestra época cada día quedan menos fuentes de agua limpia porque el desarrollo y la modernidad se han encargado de introducir sustancias extrañas en los cuerpos de agua. La Palabra de Dios permanece como la única fuente de agua viva pura y limpia. Esa fuente de vida está disponible todo el tiempo para calmar nuestra sed de justicia, amor y perdón.

Recuerdo cuando era niño y estudiaba en el colegio que mis compañeros y yo solíamos ir a un río que quedaba a unos diez kilómetros al sureste de nuestra ciudad. A pesar de que había un balneario público muy cerca de la carretera, mis amigos y yo nos adentrábamos por una carretera no pavimentada hasta una finca de los padres de uno de ellos. El paisaje era espectacular porque el río corría entre dos montañas y formaba una cascada a la cual le decíamos el chorro.

Una vez que disfrutábamos de un pasadía en el río, cayó un aguacero bastante fuerte y todos salimos del agua y nos refugiamos en una cabaña cercana. El agua se tornó muy sucia ya que de las laderas de las montañas bajaban torrentes enlodados que caían en el cauce del río. Nosotros nos sentimos muy tristes porque se nos había malogrado el paseo. Uno de los empleados de la finca nos dijo: “Esperen que pase el aguacero y ya verán.” Dejó de llover y diez minutos más tarde, el agua del río estaba totalmente cristalina.

Unos 15 años después de eso, dos de esos amigos, quienes eran hermanos, y yo tuvimos la idea de instalar una planta para embotellar agua. Yo ya me había graduado de ingeniero químico y uno de los hermanos era administrador de empresas. Nos reunimos y decidimos tomar muestras de varias fuentes de agua alrededor de la ciudad y enviarlas a un laboratorio para su análisis. Cuando recogí los resultados, el director del laboratorio me dijo que una de las aguas le había llamado mucho la atención por su pureza y alta calidad, era justamente el agua proveniente del río del chorro.

La Palabra de Dios es de altísima calidad y de gran pureza. Es tan pura como no existe agua limpia sobre la tierra o debajo de ella. Dice el Salmo 119:9: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. La Palabra de Dios es capaz de limpiar nuestro camino. Escudriñemos la Escritura y encontraremos en ella dirección para nuestra vida. Sigamos al pie de la letra las sabias instrucciones que nuestro Padre Celestial ha dejado escritas en la Biblia.

Dice el Salmo 119:140: Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo. Y la Palabra de Dios que es dulce, limpia y sumamente pura nos sirve como lámpara que alumbra nuestro camino, nos sustenta y nos da entendimiento. Porque como dice Salmo 119:160: La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia. Que cada día saquemos tiempo para disfrutar de la Palabra de Dios. Apaguemos nuestra sed espiritual bebiendo de esa fuente limpia, dulce y pura Dios te bendiga.

Si Estamos con Dios, Nadie Nos Dañará

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Romanos 8:31

Es muy bueno sentirse bajo la protección de quien tiene el poder. En cualquier país del mundo, los que tienen el respaldo de quien ejerce la autoridad caminan confiados de que están cubiertos por las fuerzas policiales o militares de ese país. Estas personas pueden confiar que quien trate de hacerles daño va a ser repelido por la fuerza que los protegen. Pero ni siquiera el país más poderoso de la Tierra tiene el poder y la autoridad de Dios, quien es Todopoderoso. Entonces, si estamos con Dios, podemos caminar con mucha más seguridad conociendo que nadie podrá contra nosotros.

Dice la Palabra de Dios en Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Yo te pregunto a ti que me escuchas o lees este mensaje, ¿has recibido a Jesucristo? ¿Has creído en Su nombre? Si tu respuesta a ambas preguntas es afirmativa, la Escritura dice que se te ha dado la potestad de ser hecho hijo de Dios.

¿Habrá algún padre que no ofrezca protección a sus hijos? Quizás me digas que sí conoces a varios de ellos y que probablemente el tuyo sea uno de esos. Pero lo que pasa es que Dios es tu Padre con mayúscula y nunca te fallará sino que siempre te protegerá. Y ahora que sabes que Dios como tu Padre va a protegerte siempre, es tiempo de que medites en quién es Él.

La Biblia dice en Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Ponte a pensar por un momento en la inmensidad y perfección de la obra de Dios. El supremo arquitecto de todo lo que existe, lo hizo con el poder de Su Palabra. Por ejemplo, Génesis 1:3 dice: Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. ¿Te das cuenta el poder infinito que tiene tu Padre Celestial? Él fue capaz de hacerlo todo solamente pronunciando las palabras para que sucediera.

Ahora que sabes que eres un hijo de Dios por haber recibido a Jesucristo y creído en Su nombre; y que además sabes el poder que tiene tu Padre, creo que debes de sentirte que puedes caminar por el mundo con entera confianza. Recuerda y haz tuyas las palabras de Romanos 8:31. Di cada día al levantarte: “Si Dios es conmigo, ¿quién contra mí?” tu Padre Celestial está solamente esperando que tengas fe en Él y crea que Él todo lo puede y está de tu lado.

Bueno, quizás tú que me escuchas o lees este mensaje me digas: “Tony, todo esto suena muy lindo, pero no tengo la seguridad de que Dios está conmigo.” Si ese es tu caso, voy a repetirte lo que dice Juan 1:12: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Si no estás seguro de que Dios está contigo es porque no has recibido a Jesucristo y no has creído en Su nombre. Por eso no te sientes parte de la familia de Dios. Te digo que hoy es el día que el Señor te invita a formar parte de Sus hijos. Arrepiéntete de tu vida pasada, cree en tu corazón en Jesucristo, quien murió por tus pecados en una cruz. Entrégale tu corazón a Él y recíbelo como tu Señor y Salvador. Tendrás seguridad de tener vida eterna. Dios te bendiga.