Esperando Cielos Nuevos y Tierra Nueva

Pero nosotros esperamos, según Sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por Él sin mancha e irreprensibles, en paz.

2 Pedro 3:13-14

El día del regreso triunfal de nuestro Señor Jesucristo debería ser el anhelo más ferviente de todo cristiano. En lugar de pedirle a Dios que arregle las cosas en este mundo corrupto, el creyente debiera orar para que la segunda venida del Señor se materialice pronto. Tenemos la promesa de cielos nuevos y tierra nueva, entonces, ¿por qué nos aferramos tanto a lo viejo? Así que nuestra actitud debe enfocarse en prepararnos para recibirle a Él como dice Pedro: sin mancha e irreprensibles, en paz.

En la actualidad, el mundo sufre convulsiones. Cada día, las noticias nos hablan de conflictos, desastres naturales y enfermedades. Casi en todos los continentes existe algún tipo de violencia, sea guerra, pandillas, narcotráfico, terrorismo o delincuencia común. Casi a diario ocurren sismos de magnitud apreciable en diferentes lugares del mundo. En otros lugares, las tormentas o las sequías ponen en vilo a la población. La aparición de potenciales brotes epidémicos como el ébola o el zika, también causan alarma entre la población del mundo.

Se suman a todo eso las desigualdades sociales que existen entre países pobres y ricos o entre los diferentes grupos étnicos de un mismo país. Y muchos reclaman frenar la injusticia en el mundo. En tal sentido, hacen esfuerzo por mejorar o exigir que se mejoren las condiciones del planeta en el cual vivimos. Quien no ha depositado su confianza en Dios, probablemente ignora que existe algo distinto y mejor. Entonces se puede entender la preocupación de este tipo de personas al respecto porque su única esperanza es lo que conocen.

Incluso los incrédulos acuden a los creyentes para que oren a Dios en los momentos de crisis. Lo que me parece poco congruente es la posición de muchos cristianos de seguir el juego de quien es responsable de que las cosas anden mal. ¿Por qué orar para que se arreglen las cosas en un mundo que está dominado por el maligno? ¿Por qué establecer amistad con el mundo cuando eso significa ser enemigo de Dios? Escrito está que todas esas cosas pasarían. La gente del mundo puede estar asustada; pero los cristianos ya habíamos sido advertidos al respecto.

No sigamos cayendo en la trampa del enemigo, el tiempo se termina, velemos y oremos en la forma correcta, la que va conforme a la voluntad de Dios. Oremos, primero que nada, porque los que no conocen las buenas nuevas del evangelio se arrepientan de sus pecados y reciban en sus corazones a Jesucristo. Oremos para que Dios nos permita mantenernos alejados de las cosas del mundo y viviendo en santidad para prepararnos para la gloriosa venida de nuestro Salvador y Rey. Oremos para que regrese pronto y velemos mientras lo esperamos.

Las injusticias de este mundo no acabarán mientras el maligno sea quien lo domine. La única forma de detener su dominio es cuando venga el Rey de reyes y Señor de señores. Entendamos eso de una vez por toda. Recordemos esta gran promesa: cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Y en los cielos nuevos y la tierra nueva reinará la justicia porque el Rey justo, el Rey de gloria gobernará con Sus santos. Que ese sea nuestro enfoque de ahora en adelante y hasta que Él regrese triunfante y victorioso. Dios te bendiga.

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La Corona de Justicia

He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida.

2 Timoteo 4:7-8

Es gratificante, al final de nuestros días, poder decir algo semejante a lo que dijo Pablo en 2 Timoteo 4:7-8: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman Su venida. En resumen, Pablo sentía satisfacción por el deber cumplido y estaba seguro de que su Señor iba a recompensarlo a él y a todo aquel que ama la venida del Señor.

La corona de justicia es una de las cuatro coronas que han sido prometidas a los creyentes. Las otras tres coronas son: la corona de vida, la corona incorruptible y la corona de gloria. Sobre la corona de vida, dice Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

De la corona incorruptible habla 1 Corintios 9:24-27: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Finalmente, 1 Pedro 5:2-4 habla de la corona de gloria: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

Cada una de las cuatro coronas tiene un requisito a fin de recibir el galardón. En el caso de la corona de justicia, el requisito es anhelar la venida de nuestro Señor Jesucristo y consagrarnos a Él. Los apóstoles y millones de cristianos a lo largo de dos mil años han vivido sus vidas con el anhelo ferviente de ver llegar a Jesucristo descendiendo del cielo lleno de gloria y revestido de la gran majestad de Su condición de Rey de reyes y Señor de señores. La Palabra de Dios no miente y, sin duda, todos ellos recibirán la corona de justicia.

¿Estamos los creyentes del siglo XXI listos para recibir la corona de justicia? Es una pregunta que nos confronta a todos. ¿Estamos anhelando que Cristo venga o le pedimos que se quede un rato más en el cielo para que podamos continuar gozando de nuestro “maravilloso” mundo? ¿Es nuestro anhelo Su venida o lo único que queremos de Él es que nos haga prósperos y felices en la tierra y que Él continúe como está a la diestra del Padre? Si las cosas empeoran en el mundo, ¿estamos dispuesto a padecer por Cristo o nuestro anhelo es que nos saque del problema? La venida del Señor debe de estar sobre todas las cosas para quienes le amamos. Dios te bendiga.

La Venida del Señor

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

1 Tesalonicenses 4:13-17

El tema tratado por Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-17 ha sido objeto de muchas discusiones doctrinales dentro de la iglesia cristiana durante los últimos 200 años. Quien no escudriña la Palabra de Dios ni estudia la historia de la iglesia, podría pensar que lo que la mayoría de los cristianos creen hoy día sobre la venida del Señor era exactamente lo que creía la iglesia primitiva y la cristiandad por dos mil años. Ciertamente, para todos los cristianos, la venida de nuestro amado Señor Jesucristo debiera ser el evento más esperado de nuestra vida terrenal.

Una gran parte de la iglesia cristiana actual cree firmemente que, antes de que surjan los eventos terribles, que la Biblia llama la gran tribulación, el Señor vendrá en secreto por Su iglesia, en lo que muchos llaman el rapto. Y como la palabra rapto, tal como se interpreta hoy no aparece en la Biblia, quienes justifican de todos modos este acontecimiento le dicen arrebatamiento, en una clara referencia a lo que dice 1 Tesalonicenses 4:13-17: seremos arrebatados. La pregunta es si la iglesia siempre tuvo esa creencia o no.

En verdad, de la misma manera que muchos católicos piensan erróneamente que su iglesia siempre ha creído en la infalibilidad del papa, la inmaculada concepción de María o su papel de corredentora, muchos cristianos piensan que siempre se ha creído en el rapto. Sin embargo, el principio de esta doctrina data del año 1830, cuando una jovencita de 15 años de nombre Margaret McDonald, en Port Glasgow, Irlanda, recibió una “revelación” especial según la cual la Segunda Venida de Cristo tendría lugar en dos etapas; la primera para recoger a un grupo de creyentes “preparados y selectos” que serían llevados al cielo para ir al encuentro del Señor antes de la aparición del Anticristo, o sea antes de la Gran Tribulación.

Ahora bien, la Biblia no dice en ninguna parte que Jesucristo volverá en dos etapas. Y Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2:1-3: Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición. Por 2 Tesalonicenses 2:1-3 vemos que antes de la venida del Señor vendrán la apostasía y el Anticristo.

Finalmente, Apocalipsis 1:7 desmiente la venida en secreto de Jesucristo: He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Esperemos su venida, consciente de que será de victoria, seamos o no parte de los decapitados de la gran tribulación. Dios te bendiga.

La Multiplicación de la Maldad

Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Mateo 24:12

Con solo ver las noticias diarias nos podemos dar cuenta de que cada día se multiplica la maldad en el mundo. La organización terrorista denominada Estado Islámico acostumbra publicar en videos los crueles métodos que utiliza para ejecutar a sus prisioneros. Hordas de violadores en India o Brasil publican videos de cómo abusan de mujeres, algunas de las cuales son menores de edad. Las calles de algunas naciones centroamericanas se llenan de cadáveres por la guerra entre pandillas. Estos son solo algunos ejemplos de la maldad que nos rodea hoy.

La multiplicación de la maldad no se limita a organizaciones criminales o terroristas, sino que hoy día somos testigos de crímenes atroces cometidos incluso contra los propios hijos por parte de padres y madres. El 19 de septiembre de 2016, un padre arrastró por el cabello a su pequeña hija de unos cinco años. El padre enrolló parte del pelo de su hija al carrito de compra en un supermercado de una ciudad de Texas en los Estados Unidos. El padre justificaba su acción en que castigaba a la niña por algo que había hecho y continuó con el castigo a pesar de todo.

El 20 de febrero de 2016, un hombre de 25 años, Ryan Lawrence, mató a su hija de 21 meses, quemó su cuerpo y lo arrojó a un arroyo en el condado de Onondaga, estado de New York, Estados Unidos. El padre asesino confesó que cometió el horrendo crimen porque sentía celos por la atención mediática que la pequeña recibía tras sobrevivir al cáncer. Lawrence secuestró a su hija, la llevó a una ubicación remota y allí la golpeó en la cabeza con un bate de béisbol hasta matarla.

En Alburquerque, New México, Estados Unidos, Michelle Martens, de 35 años, admitió haber planeado la muerte de su hija Victoria de 10 años. Martens contrató a Fabián Gonzales, de 31 años, quien invitó a su prima Jessica Kelley para cometer el crimen. Juntos drogaron a la niña con metanfetamina y la agredieron sexualmente en el apartamento de la familia Martens. Acto seguido, el hombre la estranguló y su prima la acuchilló. Ambos procedieron a desmembrar el cuerpo, pero no terminaron su trabajo, sino que prendieron fuego a los restos en la bañera. Todo ocurrió ante la mirada complaciente de la madre, el 24 de agosto de 2016.

Estos tres hechos horribles son solo ejemplos de lo que pasa cada día, no solamente en un país, sino en todo el mundo. Ciertamente que todos ellos son un reflejo de la multiplicación de la maldad sobre la tierra. Como consecuencia de ello, el amor de muchos se ha enfriado. Solo así se puede explicar que un padre o una madre asesinen con sus propias manos o contraten asesinos para que terminen con la vida de sus hijos. ¿Dónde está el amor hacia los hijos que fueron procreados por estos padres y madres?

El congelamiento del amor ha llegado a tal grado que hoy llaman hacer el amor a tener sexo con cualquiera aunque no haya amor. Realmente ya la gente no entiende el verdadero significado de la palabra amor. La gran mayoría de la humanidad camina por la vida centrada en sí misma, sin tomar en cuenta al prójimo. Hoy muy pocos están cumpliendo el mandamiento dado en Juan 15:12: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Sin duda que el fin de los tiempos y la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo están cerca. Estemos pendientes de las señales para que no nos tomen por sorpresa. Dios te bendiga.

Los Falsos Profetas

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos.

Mateo 24:11

En los últimos años se ha levantado una cantidad apreciable de llamados profetas que anuncian las cosas terribles que, según ellos, Dios les ha hablado que sucederán. Incluso, algunos son tan osados que dan día, hora y lugar en los cuales ocurrirán terremotos, tsunamis y choques de cometas o asteroides contra la tierra. Las fechas de tales acontecimientos han pasado sin pena ni gloria. No hay que ser un científico espacial para darse cuenta de la falsedad de tales profecías, lo cual confirma Mateo 24:11.

Ya desde el Antiguo Testamento se habla de falsos profetas. El texto de Jeremías 23:9-40 es uno de denuncia sobre los falsos profetas, mientras que Ezequiel 13:1-23 habla sobre la condenación de los falsos profetas. En el Nuevo Testamento, tanto el Señor Jesús, como Pedro y Juan hablaron de los mismos. Además de Mateo 24:11, el Señor Jesús profetiza sobre la aparición de falsos profetas en Mateo 24:24 y Marcos 13:22. Sin lugar a dudas que el enemigo trata de imitar todo lo de Dios con tal de confundir y engañar a los incautos.

¿Qué características tiene un falso profeta? En Mateo 7:15-16 dice el Señor: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Un falso profeta pudiera lucir por fuera de manera muy parecida a uno verdadero. Así que su forma de hablar o su aspecto físico no lo delatarían. De esa forma pueden engañar a muchos. Pero sus frutos lo dan a conocer, si su profecía no se cumple, obviamente es un falso profeta.

Otra característica de un falso profeta la vemos en Lucas 6:26: ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas. La gran capacidad de engañar de un falso profeta le permite tener buena fama entre la gente. Sin duda que un falso profeta dirá a cada uno las palabras que quieren escuchar, lo cual le granjeará la aceptación de muchos. Lo que estos muchos ignoran es que son engañados.

En 2 Pedro 2:1 vemos una tercera característica de un falso profeta: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. La falsa profecía viene acompañada por la predicación de falsas enseñanzas, las cuales Pedro llama herejías destructoras.

Para no caer en la trampa de los falsos profetas, debemos tomar en cuenta lo que nos dice 1 Juan 4:1: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. El espíritu de la verdadera profecía dará testimonio de Jesucristo, como dice Apocalipsis 19:10, si el profeta no da testimonio del Señor, sino que se desvía hacia otro lado, sin duda que es uno falso. Toda profecía debe coincidir al ciento por ciento con lo que ya está escrito.

En Apocalipsis 22:18-19 dice: Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía. Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. No hay nada que quitar o agregar. Dios te bendiga.

Nuestra Habitación Celestial

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.

2 Corintios 5:1-3

En 2 Corintios 5:1-3, el apóstol Pablo compara nuestra morada terrestre con la morada celestial que nos espera. Pero hay que destacar que Pablo utiliza el edificio en sentido figurado y no se está refiriendo a una casa sino a nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo terrenal algún día desaparecerá, será simplemente polvo. Pero para el que ha creído en Jesucristo existe la gran esperanza de que moraremos con Él y tendremos un cuerpo glorificado semejante al suyo.

Al resucitar, Jesús no dejó de tener un cuerpo físico y, para no dejar duda de eso, les pidió de comer a Sus discípulos y comió delante de ellos, como dice Lucas 24:41-43: Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Jesús no necesitaba estas cosas para sobrevivir porque Su cuerpo glorificado ya no estaba sujeto a las leyes naturales; pero lo hizo para demostrarle que había resucitado.

Este cuerpo de Jesús es el modelo del cuerpo que tendremos cuando estemos con Él. Nos dice 1 Juan 3:2: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucitó de entre los muertos.

Nuestra morada terrestre, nuestro cuerpo actual no es perfecto y sufre deterioro con el tiempo. En Filipenses 3:20-21 nos dice el apóstol Pablo: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Pablo se refiere a nuestros cuerpos actuales marcados por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental.

Ciertamente tendremos una habitación celestial, un nuevo cuerpo, el cual será imperecedero, incorruptible, glorioso, honroso, poderoso, libre de vergüenza, fuerte y espiritual al estar completamente sujeto al Espíritu Santo. Sin duda habrá una transformación impresionante en nuestros cuerpos. Pablo la describe en 1 Corintios 15:51-54: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Dios te bendiga.

La Gran Esperanza del Creyente

Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos, sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros.

2 Corintios 4:13-14

La gran esperanza de creer en Jesucristo no es que todos nuestros problemas serán resueltos. Tampoco es que seremos prósperos, ricos y felices. Si fuera así, no habría una gran diferencia entre ser cristiano, ateo o practicante de las religiones orientales. Existen métodos fuera de Jesús para intentar ser feliz, alcanzar riquezas o intentar minimizar los problemas. Pero nuestra gran esperanza la explica 2 Corintios 4:14: sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús.

Resulta impactante ver la forma en que los apóstoles y los primeros cristianos no tuvieron temor alguno de recibir el martirio en nombre de Jesús. Me imagino que sus verdugos los verían como loquitos que preferían perder la vida antes que renegar de su fe en Jesucristo. Pero esa actitud de ser martirizados antes que negar a Cristo ha continuado por dos mil años entre los verdaderos cristianos. La razón de esta aparente locura es una sola: quien ha creído y conocido al Cristo resucitado tiene la misma esperanza de resucitar.

Esa gran esperanza del creyente en Jesucristo, la cual lo distingue de los que creen en otras cosas la resumió el propio Señor en Su promesa dada en Juan 11:25-26: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Creer en Jesucristo es sinónimo de tener vida después de la muerte y no cualquier tipo de vida. La vida que Él promete para quienes le creen, es eterna, sin fin y no en un cuerpo de muerte como el actual, sino en uno glorificado.

Quizás esperaba que yo te trajera hoy un mensaje de esperanza de que las cosas en el mundo fueran a mejorar en el futuro. Lamento desilusionarte con eso, pero debo decirte que eso no sucederá. Somos testigos de la sucesión de terremotos en diferentes lugares del mundo casi uno tras otros. Los propios científicos auguran que cada vez está más próximo que ocurran varios terremotos catastróficos con intensidad superior a 8.0 en la escala Richter. Y, como consecuencia del cambio climático, se habla de más tormentas, sequías, nevadas y tornados.

Por su parte, los analistas económicos no vaticinan nada positivo en el mundo financiero, sino todo lo contrario. El sistema bursátil mundial podría colapsar en cualquier momento y mucha gente corre el riesgo de pasar de la abundancia a la indigencia en un abrir y cerrar de ojos. Como si fuera poco, la amenaza de guerras en las cuales se utilicen armas de destrucción masiva es cada vez más creíble a medida que crece el número de miembros del club nuclear y que gente con mentes retorcidas pretenda sembrar el terror.

¿Te asombran y te aterran esas cosas? No deberían asombrarte porque todas y cada una de ellas han sido profetizadas en la Biblia. Y no estoy hablando de los libros del Antiguo Testamento, ve a Mateo 24 y al libro de Apocalipsis y lo verás. Pero si te aterran esas cosas, que Mateo 24:6 dice que es necesario que sucedan, es porque no estás consciente de la gran esperanza del creyente en Jesucristo. Y esta gran esperanza es que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús. Con Cristo, tendremos resurrección y vida eterna. Dios te bendiga.