Los Últimos Serán Primeros

Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

Mateo 20:16

La lógica de Dios no coincide con la humana. Para nosotros, la tendencia natural es a preferir el orden del primero hasta el último. Ciertamente que muchos se molestarían si alguien salta por encima de su turno y todos aprueban que el último se vaya al final de la cola. Pero el Señor nos dice los primeros serán postreros, y los postreros, primeros, contradiciendo por completo la preferencia humana. Ante Dios, un cristiano que lleva 50 años de convertido no le lleva ventaja a quien recibe a Jesucristo en su corazón en este día.

Creo que un ejemplo bíblico de lo que dice el Señor en Mateo 20:16 es el apóstol Pablo. Pedro, Juan y los demás apóstoles anduvieron durante tres años y medio con Jesucristo. Le siguieron paso a paso durante Su ministerio terrenal y fueron Sus primeros discípulos. En cambio, Saulo de Tarso, originalmente fue un perseguidor acérrimo de los cristianos hasta que tuvo un encuentro sobrenatural con el Señor. Pablo es un apóstol postrero; pero es primero entre todos ellos en cuanto a los frutos que dio en su ministerio. La mitad del Nuevo Testamento salió de su pluma.

¿Por qué Dios coloca primero a los que llegaron de último? La respuesta la da la segunda parte de Mateo 20:16: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. El llamado del Señor a arrepentirnos y seguirlo es universal, pero no todos responden a ese llamado. Muchos deciden ignorar el llamado y continuar por el camino de perdición que les marca el mundo. Por otra parte, hay quienes responden al llamado a la salvación, pero no responden el llamado al servicio y prefieren seguir engordando espiritualmente, pero sin hacer nada más.

Me podrías decir que llevas 30, 40 ó 50 años en el cristianismo y asistes religiosamente a cada servicio en la misma iglesia que te convertiste. Y si te preguntara si le has dado el mensaje del evangelio a alguien durante todos esos años y me dijeras que no, ¿te sentirías avergonzado de ser colocado en un lugar postrero y no estar entre los escogidos? ¿Te enojaría si ves que un hombre lleno de numerosos pecados que se convirtió el mes pasado ya hasta lo ves predicándole a la gente en las calles y está pensando dedicarse a pastor?

Si te molesta ver que antiguos narcotraficantes, sicarios, prostitutas, homosexuales, adúlteros y violadores hoy son ministros de la Palabra, mira lo que dice 1 Corintios 1:26-28: Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en Su presencia.

Serán primeros los que le respondan a Dios: “Heme aquí, envíame a mí,” no los que piensen que les toca ese turno por antigüedad. Es imposible que Dios escoja para servirle a quien no tenga un corazón dispuesto a negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirle. Llegar postrero y ser llamado primero por el Señor no tiene que ver con nuestros méritos ni con nuestro pasado. De quien vamos a predicar es de Jesucristo, es Él el verdadero protagonista, no es nuestra fama sino la suya. No se trata de nosotros, se trata solamente de Él y nada más. Dios te bendiga.

Hacedores de la Obra

Mas el que mira atentamente en la perfecta Ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

Santiago 1:25

Hay que hacer notar algo, las obras que hacemos no nos hacen merecedores de la salvación porque ésta es obtenida por gracia, como un regalo de Dios. Pero una vez somos salvos, debemos de convertirnos en hacedores de la obra, hacedores de la Palabra, viviendo conforme a lo que en ella está escrito. La gracia no es una licencia para pecar sino un salvoconducto para ser hacedores de obras dignas de arrepentimiento.

Hoy muchos que se llaman a sí mismos cristianos no se sienten obligados a obedecer la Ley de Dios porque piensan que la gracia es suficiente y ya están salvos y no tienen nada más que hacer. Este pensamiento es producto de una enseñanza errada de muchas iglesias. Aunque las obras no nos sirven para salvación, ser salvo y dejar de observar lo que manda Dios es una burla a la sangre derramada en la cruz por Jesucristo.

El pastor inglés Maurice Roberts (1938- ) ha dicho al respecto: “Aunque somos justificados y salvos solo por la fe, no perseveramos para vida eterna solo por la fe. Debemos cooperar por medio de la obediencia a Su Palabra escrita e implorando diariamente Su gracia suficiente.Tres siglos antes que Roberts dijera lo anterior, otro inglés, William Jenkyn (1613-1685), había dicho: “Nosotros no somos justificados por hacer buenas obras, sino que al ser justificados entonces hacemos el bien.”

Hacer la obra es una consecuencia lógica y directa de haber sido salvado y justificado por gracia mediante la fe en Jesucristo. Sería un acto de suprema traición al Dios que nos perdonó de nuestros pecados el continuar pecando. Al contrario, ahora, por medio de Su Espíritu estamos capacitados para hacer el bien.

Las palabras que dijo otro compatriota y contemporáneo de Jenkyn no tienen desperdicio. El inglés Richard Baxter (1615-1691) dijo: “Si tienen un mejor amo que el que tenían antes, ahora deben trabajar más de lo que hacían antes. ¿No servirán a Dios con más celo que como servían al diablo? ¿No se esforzarán más arduamente en la salvación de sus almas que lo que hacían para condenarlas? ¿No tendrán más celo en el bien que el que tenían en el mal? Si son verdaderos creyentes, ahora tienen una esperanza reservada en los cielos; procúrenla, de la manera en que los mundanos se dedican a ir tras el mundo.”

Otro aspecto de hacer la obra es el servicio. El propio Señor Jesucristo lo dijo en Mateo 23:11: El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. En tal sentido, veamos lo que dijo el predicador irlandés Frederick Leahy (1922-2006): “No es un comentario insignificante decir que somos ‘salvos para servir.’ Sin el servicio a Dios y a los demás por medio del evangelismo y la compasión cristiana, la vida del cristiano pronto vendría a estar centrada en sí misma y a ser introvertida.”

La vida cristiana no es para ser llevada de modo egoísta. Somos llamados a servir tanto a los hermanos en la fe como a aquellos que todavía no son tocados por la gracia. Ese fue el mandato del Señor en Mateo 10:8: Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. Cierro con lo que dijo el pastor norteamericano Phineas F. Bresee (1838-1915): “Somos deudores a cada hombre en darle el evangelio en la misma medida en que lo hemos recibido.” Dios te bendiga.

Hijos de Luz

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

1 Tesalonicenses 5:4-5

Lo que está escrito en 1 Tesalonicenses 5:4-5 es algo que debe tener presente todo cristiano. En su contexto, este pasaje bíblico es parte de lo que Pablo explica a la iglesia en Tesalónica con respecto a la segunda venida del Señor. Pero eso nos aplica a todos los que creemos en Cristo. Somos hijos de luz, no hijos de las tinieblas y debemos de caminar por este mundo conforme a lo que somos. Además, es sumamente importante estar preparados para cuando llegue nuestro Señor. Estamos en el mundo, pero no podemos vivir como el mundo quiera.

No estamos en tinieblas porque hemos creído en Jesucristo y lo tenemos a Él, la luz del mundo. Juan 8:12 dice: Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Y lo confirma en Juan 12:46: Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Teniendo ya a Cristo, creyendo en Él, siguiéndole a Él, hemos dejado atrás el pecado, hemos sido liberados del reino de las tinieblas y ahora somos parte del Reino de la luz.

Habiendo aceptado a Jesucristo en nuestro corazón, también hemos salido de las tinieblas porque nuestros ojos han sido abiertos y ahora tenemos el conocimiento de la verdad que nos ha hecho libres. En 2 Corintios 4:6 leemos: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Ahora sabemos de dónde nos ha sacado Dios y a donde nos ha llevado.

En cuando a que la venida del Señor no nos sorprenda, 1 Tesalonicenses 5:4-5 se confirma por  lo que dice Romanos 13:12: La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Ese día está cada vez más cercano, los hijos de luz debemos de andar en luz y estar preparados, desechando ese mundo de tinieblas en el cual vivimos antes y ahora solamente enfocarnos en satisfacer la voluntad de quien nos salvó del castigo eterno.

Por lo tanto, hagamos lo que dice Efesios 5:8-13, el cual se explica solo: Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.

Actuemos como lo que somos, como hijos de luz. No tenemos por qué seguir la corriente de un mundo perdido y esclavizado por la tiranía del maligno. Levantemos nuestras cabezas y usemos las armas de la luz, la espada de dos filos que es la Palabra de Dios. Recordemos siempre quienes somos, como dice 1 Pedro 2:9: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. No tengamos miedo alguno al rechazo por traer la palabra de luz y llamarle a las cosas como dice la Biblia. Tenemos el respaldo de nuestro Padre. Dios te bendiga.

Plenitud de Vida en Cristo

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Colosenses 2:11-15

Hay un versículo bastante conocido, Juan 10:10, en el cual se establece el contraste entre a qué ha venido Cristo y a qué vino el ladrón. La última parte de Juan 10:10 dice: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. A mucha gente le encanta escuchar esto y se imaginan esa vida abundante con poseer una mansión fabulosa, una colección de autos de lujo, millones de dólares en cuentas de bancos y disfrutando de la aceptación de todo el mundo. En Colosenses 2:11-15, Pablo describe la plenitud de vida en Cristo, la cual no necesariamente coincide con prosperidad material.

Abundando un poco más sobre la supuesta vida abundante con la que sueña mucha gente, creo prudente recordarles que muchos han poseído todo eso: mansiones, autos, dinero, popularidad y fama; pero cuyas vidas han sido tan vacías que lo único que tenían era dinero. En cambio, hay personas con recursos limitados que llevan vidas plenas. Los bienes materiales no son la clave de una vida abundante. Personas adineradas tienen muchas veces la preocupación de proteger sus bienes y terminan confinados en sus mansiones sin disfrutar la plenitud de la naturaleza.

Si Cristo vino para darnos una vida abundante, es decir, plenitud de vida, esa abundancia debe de estar asociada a algo mucho más valioso que las riquezas de este mundo. De Colosenses 2:11-15 podemos ver en qué consiste esa plenitud de vida. En primer lugar, Cristo echó de nosotros el cuerpo pecaminoso carnal. Al recibir a Jesucristo estamos naciendo de nuevo del agua y del Espíritu, somos nuevas criaturas y ya no somos dominados por la carne sino por el Espíritu. Él nos hizo libre del pecado.

Al bautizarnos, estamos haciendo un acto de fe simbolizando la muerte y resurrección de nuestro Señor. Nos estamos identificando con Él, quien es la resurrección y la vida. Así afirmamos la esperanza de ser resucitados para reinar con Él. Y cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Él nos dio vida junto a Él. En esa nueva vida en Cristo, compartiremos Su gloria cuando Él regrese triunfante. Pero sobre todo, al rescatarnos de la inmundicia, el Señor perdonó todos nuestros pecados y los arrojó al fondo del mar,

En la cruz quedó anulada el acta de los decretos que nos condenaba en pago por nuestros pecados. Esa sentencia de muerte que en justicia merecíamos por a haber pecado contra Dios fue cancelada en la cruz, en donde quedó clavada. Y el acusador y sus huestes espirituales fueron derrotados también en la cruz donde fueron despojados de su control y dominio sobre quienes hemos creído en Cristo. Por lo tanto, la nueva vida en Cristo es plena, abundante y completa. Ahora somos libres del pecado, de la muerte y del reino de las tinieblas. Dios te bendiga.

Vivir Es Cristo

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Filipenses 1:21

Cuando Pablo escribió su carta a los Filipenses, él se encontraba en la cárcel. El motivo de la prisión de Pablo era haber predicado el evangelio. Su integridad física no estaba asegurada y lo mismo podía lograr su libertad que ser condenado a muerte. En medio de su aflicción por la gran prueba que sufría, Pablo dijo lo que está en Filipenses 1:21: Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. No cabe duda de que Pablo tenía muy claro que había entregado su vida a Cristo y sabía muy bien que la había puesto en las mejores manos.

Pablo no fue el único que pensaba de esa manera pues cada uno de los apóstoles y los primeros cristianos lo vivieron en carne propia. Todos ellos vivían para Cristo y no dudaron en poner sus vidas antes que renegar de su fe ya que sabían que morir era ganancia porque se reunirían con el Amado Jesús. Por dos mil años, millones de cristianos han vivido conforme a Filipenses 1:21, para ellos vivir era Cristo y morir era ganancia. Incluso, eso continúa sucediendo hoy día en muchos lugares del mundo.

¿Qué ha llevado a los cristianos a través de los siglos a ser capaces hasta de entregar sus vidas por el nombre de Jesús? Cuando se conoce realmente quién es Jesucristo y lo que es capaz de hacer, no hay temor en arriesgarlo todo por Él. En Juan 11:25-26 dice el Señor: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Esas palabras, como todas las que dijo el Señor, continuarán teniendo vigencia por los siglos de los siglos.

Estamos viviendo un tiempo en el cual una gran parte de los que dicen ser cristianos no están viviendo conforme a lo que dice Filipenses 1:21. Estas personas no viven para Cristo ni piensan que morir es ganancia sino que se aferran a esta vida y sus deleites como si estuvieran destinados a morar en este mundo eternamente. Son personas que saltan de sus asientos y gritan de júbilo cuando en las iglesias les hablan de bendiciones, prosperidad y felicidad; pero que se hacen los sordos cuando se les habla del precio que hay que pagar por seguir a Cristo.

Es una pena que tales personas se empeñen en posturas semejantes. Eso es todo lo contrario a lo que dice la Palabra. Recordemos lo que dice el Señor en Juan 12:25: El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Se acercan los tiempos más difíciles que la humanidad jamás haya vivido. En Mateo 24:9-10 se profetiza lo que pasará con los cristianos: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Muchos que se llaman cristianos se ufanan diciendo que antes de que vengan los tiempos de la gran tribulación, el Señor vendrá en secreto y nos librará de la misma. Lo siento, mi hermano; pero eso no es lo que dice Mateo 24:9-10. A menos que seas de los muchos que tropezarán y que entregarán a sus hermanos, corres el riesgo de perder tu vida física por causa del nombre de Jesús. Si amas tu vida hasta el punto de ser capaz de renegar de tu fe por salvar el pellejo, recuerda a Juan 12:25. Es mejor aborrecer nuestra vida en este mundo y guardarla para vida eterna. Que nuestra vida sea Cristo y si morimos por Él, no perdemos, ganamos. Dios te bendiga.

Un Galardón Grande

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

Lucas 6:35

En todo evento deportivo, competencia o concurso, los participantes anhelan llevarse el primer lugar. Todos luchan, entrenan y se sacrifican por alcanzar la medalla de oro, el campeonato, la copa, la corona o el trofeo. En resumen, cada concursante anhela el galardón grande. En el mundo espiritual, el galardón grande va destinado a quienes hacen cosas extraordinarias como amar a sus enemigos y prestar sin esperar devolución.

Hacer el bien a las personas que amamos, a nuestros amigos y parientes es algo sumamente fácil que no requiere un gran esfuerzo. Sin embargo, pagar con bien a quienes nos odian o han hecho mal es algo que cuesta trabajo. Es muy normal, en lo natural, que nos esforcemos por dar las mejores cosas a los nuestros y dejar las sobras o no dar nada a quienes nos caen mal o a las personas desconocidas que nos encontramos en nuestro caminar por la vida.

En mi vida he conocido personas quienes no escatiman esfuerzos por darle costosos regalos a sus hijos o parientes cercanos; pero quienes son extremadamente tacaños al tratarse de quienes están fuera de su círculo sanguíneo. También he visto como las personas guardan rencor de por vida a quienes en algún momento de su existencia le han hecho mal y, si vieran a su enemigo en el piso, lo más probable es que le pondrían el pie sobre su cabeza para hundirlo más.

La experiencia de la vida me ha enseñado muchas lecciones con respecto a las relaciones humanas. Tu enemigo de ayer podría ser tu aliado de mañana y tu amigo de hoy podría ser quien te clave el puñal por la espalda mañana. Incluso, nuestra propia familia puede comportarse como nuestro enemigo. Eso lo he vivido en mi propia carne y no me asombro por ello ya que el Señor lo profetizó en Mateo 10:36: y los enemigos del hombre serán los de su casa.

Hacer el bien a los amigos, a nuestros hijos, a los que amamos o nos caen bien no está mal; pero no hay ninguna garantía de que recibamos alguna recompensa por ello. En lo espiritual, actuar de esa manera no tiene un gran mérito. Aún los peores criminales son generosos con sus familiares. Así que cuando hacemos bien a los nuestros, no hacemos diferencia con respecto a ellos. Además, las personas más cercanas a nosotros pueden pagar con ingratitud nuestro esfuerzo por agradarlos. Eso lo he visto en mi vida y en las de personas cercanas a mí.

No puedo decirte que si le haces un bien a tu enemigo, éste te lo va a agradecer o te amará. En verdad, tampoco está garantizado que va a tratarte mejor por eso; pero en Lucas 6:35, el Señor te dice que tu galardón será grande. Así que, hagamos el bien, no esperando una retribución en lo terrenal, sino el reconocimiento de nuestro Padre en los cielos. Pablo dice en Gálatas 6:9: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Hagamos pues la diferencia con respecto a los demás procurando hacer el bien a quienes nos han hecho mal. Quizás me digas que eso es muy difícil y que yo no sé lo mal que te han hecho, lo cual no puedes olvidar ni perdonar. Sabes, a mí también me han hecho mucho mal: han intentado matarme, me han robado, me han calumniado y humillado y, si tuviera la oportunidad de hacer el bien a esas personas, lo haría para ganarme ese galardón grande. Dios te bendiga.

Censurados por el Nombre de Cristo

Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.

1 Pedro 4:14

Aunque la mayoría de la gente no lo pueda entender, ser injuriado y maltratado por el nombre de Jesucristo es un honor y un privilegio. Por eso la Escritura es tan reiterativa en llamar   bienaventurados a los que padecen persecución y otras aflicciones a causa de Jesús y el evangelio. Hay que estar muy conscientes de a quién servimos. Jesucristo es Rey de reyes y Señor de señores, es el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Si nos rechazan por servirle, en lugar de entristecernos, nos gozamos, porque Él está con nosotros.

La Biblia dice la verdad sin dorar la píldora. En ningún momento la Escritura oculta que la vida cristiana es muy difícil, todo lo contrario, habla bastante sobre aflicción, tribulación, persecuciones, tomar la cruz cada día, negarse a sí mismo, poner la otra mejilla y dar la milla extra, entre otras cosas. En todo momento, tanto el Señor Jesús como los apóstoles enfatizaron en que habrían dificultades en el camino, incluso, todos ellos las padecieron: los metieron a la cárcel, los apedrearon, los persiguieron y casi todos fueron martirizados.

Pero la censura a los cristianos no se limitó a los tiempos bíblicos. Los primeros tres siglos de la iglesia fueron de total persecución tanto por los romanos como por los judíos. A medida que el número de cristianos iba aumentando, su influencia en el imperio también creció. Fue de esa manera que un emperador, Constantino, como una manera táctica de solidificar su poder, decretó el cristianismo como la religión oficial del imperio romano. De esta manera, la iglesia dejó de ser perseguida, pero a partir de ese momento, las cosas cambiaron de forma radical dentro de ella.

Hasta los tiempos de Constantino, los cristianos estuvieron conscientes de que podían ser censurados por el nombre de Cristo. Pero cuando la censura iba a ocurrir en la acera de enfrente, los que practicaban otras religiones tomaron la decisión de unirse a la nueva religión oficial del imperio. La mayoría de los nuevos “cristianos” provenían del paganismo y habían sido personas de influencia quienes se “convirtieron” con el único propósito de no perder sus privilegios.

Pero eso significó que la iglesia se llenó de falsos convertidos y con el correr de los siglos fue cambiando completamente hasta el punto de abandonar gradualmente la doctrina original que Jesucristo transmitió a Sus apóstoles. Entonces la censura y la persecución continuaron, pero ahora de parte de la jerarquía de la iglesia hacia los cristianos que cuestionaban sus nuevos dogmas alejados de la sana doctrina.

Millones de verdaderos cristianos han sido martirizados a través de los siglos y la orden de ejecutarlos ha venido muchas veces desde dentro de una institución que también se proclama cristiana. Este mensaje no es una crítica malsana hacia ningún grupo religioso particular. Todo lo que he dicho aquí son hechos históricos comprobables los cuales fueron también previamente profetizados en la propia Palabra de Dios. Por dos milenios, los verdaderos cristianos han sido censurados y perseguidos, aún por otros que se dicen ser cristianos. Eso no ha parado hoy día, y si pasara contigo, recuerda lo que dice 1 Pedro 4:14: Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Dios te bendiga.

Padeciendo por Causa de la Justicia

Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

1 Pedro 3:14-16

En este mundo del sálvese quien pueda, los verdaderos cristianos pueden parecer seres de otro planeta. Al leer las instrucciones que 1 Pedro 3:14-16 da a los seguidores de Cristo, cualquiera que viva apegado a los parámetros del mundo pensaría que somos locos. ¿Cómo es posible que alguien perseguido se sienta bienaventurado? ¿Por qué presentar una defensa mansa y reverente? De seguro que en el mundo se reacciona de otra manera. El perseguido viviría angustiado y temeroso y se defendería como fiera herida.

Y aunque muchos vean como una rareza aguantar y gozarse el padecimiento por causa de la justicia de Dios, en la vida mucha gente lo hace por otras causas. Mucha gente hace largas filas por horas para ir a un evento deportivo o un concierto de su artista favorito. Algunos hasta se pelean por conseguir el mejor asiento y aguantan hambre, calor, frío, sol y lluvia con tal de alcanzar su objetivo.

En los últimos años, en los Estados Unidos de América ha estado ocurriendo un fenómeno que para mí es mucho más loco que gozarse ser perseguido por causa de Cristo. El siguiente día al de Acción de Gracias ha sido denominado el Viernes Negro. Las tiendas de todos los centros comerciales venden solo por ese día a precios especiales. Al principio, las tiendas abrían a primeras horas de la mañana del viernes, es decir, cerca de las 8 de la mañana. Con el tiempo, algunas tiendas han comenzado a abrir más temprano y otras ya están abriendo incluso desde la noche del jueves.

A medida que la actividad del Viernes Negro fue ganando popularidad, mucha gente inició la práctica de acampar frente a las puertas de las tiendas con el fin de ser los primeros en entrar para aprovechar los precios especiales. Muchas de esas personas aguantaban las inclemencias del tiempo, las necesidades físicas e incluso se peleaban unos con otros por el mejor puesto. Y para cada uno de ellos, el Día de Acción de Gracias perdía su importancia porque su mayor interés era comprar a un buen precio y no les importaba lo que padecerían porque al final iban a salir con su trofeo, el artículo anhelado adquirido por una fracción de su precio.

Y yo me pregunto ¿cómo es posible que haya gente dispuesta a padecer lo que sea con tal de adquirir primero que nadie la versión más nueva del iPhone? ¿Cómo es posible que existan mujeres capaces de poner en riesgo su vida con tal de verse bellas y más jóvenes? ¿Cómo es posible que haya hombres capaces de dormir en la calle en un país extraño, pasar hambre y dejar por un mes su familia solamente por no perderse la Copa Mundial de Fútbol? ¿Cómo es posible que aguantemos todo eso y nos pese padecer por Cristo?

En la actualidad, la mayoría de la gente mira a Jesucristo como una válvula de escape a sus problemas. Cuando hay enfermedades, carencias y soledad, todo el mundo clama por oración o hace el intento de aceptar a Jesucristo. Por la misma razón, cuando llegan las pruebas, los que habían buscado de Él por causa de sus problemas, saldrán corriendo. Yo te digo, no lo hagas, mejor soporta los padecimientos y siéntete bienaventurado. Dios te bendiga.

Nuestro Galardón en los Cielos

Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas.

Lucas 6:22-23

Las cosas de Dios parecen no tener ni lógica ni sentido cuando las analizamos humanamente. En lo natural, no resulta agradable ser aborrecido, apartado, vituperado y desechado como malo. Cuando cualquiera de esas cosas nos ocurre en la vida, uno se siente desgraciado y triste. Es poco probable que quien padezca algo semejante tenga deseos de hacer una fiesta y estar contento. Pero el Señor dice en Lucas 6:22-23: Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos.

En 2009 fui en un viaje misionero a Medellín, Colombia. Fue un viaje en el cual vi al Espíritu de Dios moverse con poder y autoridad por todos los lugares donde fuimos. Tengo muchas anécdotas de ese viaje; pero una de las que más me impactó fue la historia de Luis, un joven a quien conocí en una de las iglesias que visitamos y que luego nos siguió por todos lados al punto de que no se perdió ni uno solo de los servicios en los cuales ministramos.

Luis vivía en uno de los peores barrios de Medellín. Desde muy joven se vio involucrado en actividades delictivas dentro del mundo del narcotráfico. Su misión era la de suministrar las armas a los sicarios. De este oficio vivía Luis y sustentaba a su esposa y al resto de la familia. Sus ingresos podían superar holgadamente la media de su barrio y, por supuesto que a su esposa no le importaba el origen sucio de ese dinero con tal de satisfacer sus necesidades materiales.

Unos meses antes de nuestro viaje a Medellín la historia de Luis cambió radicalmente. Él tuvo un encuentro personal con Jesucristo y el Espíritu Santo le dio convicción de pecados. Luis se dio cuenta de que no podía ser cristiano y continuar la vida que llevaba. Entonces él decidió cortar de raíz con toda actividad delictiva y consagrar su vida al Señor mientras trataba de ganarse el pan de manera honrada.

El cambio de Luis no solo menguó sus ingresos, sino que trajo como consecuencia que su esposa empezara a aborrecerlo y a apartarse de él por causa de Jesucristo. A partir de su nuevo nacimiento en Cristo, Luis fue objeto de burlas y toda clase de vejaciones de parte de su familia y las personas más cercanas a él. Ya lo veían como el malo de la película por haber dejado atrás su pasado y abrazado la fe en el Hijo de Dios. Incluso mucha gente “piadosa” lo miraba con recelo por su trasfondo criminal y dudaban de su conversión.

En todo momento, Luis soportó todas esas pruebas creyendo en las promesas de que él y su casa serían salvos, como pasaría algún tiempo después. Como el caso de Luis hay muchos y el galardón en los cielos de quienes pasan con éxito las pruebas está más que garantizado. Yo pasé también por mis pruebas, como otras personas que conozco. Pero lo importante es creer más en lo que dice el Señor que en lo que dice la gente.

Tener un encuentro personal con Jesucristo y nacer de nuevo es la mejor experiencia que un ser humano pueda tener en su vida. Pasó con Luis, pasó conmigo y pasará contigo si abres tu corazón a quien te amó tanto que entregó Su vida por ti en una cruz. Cuando hagas eso, es muy probable que te conviertas en objeto de burla, igual que Luis, igual que yo. Pero no debes temerle a eso porque tu nombre ha sido inscrito en los cielos. Dios te bendiga.

Que las Tribulaciones no Nos Inquieten

A fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.

1 Tesalonicenses 3:3

He escuchado a muchos que se llaman a sí mismos cristianos decir alegremente que cuando llegue al mundo la gran tribulación ellos estarán gozando del Señor, quien habría de venir secretamente a rescatarlos. Yo no me atrevería a decir tal cosa. Si el Señor nos quiere proteger de la tribulación, ¡gloria a Dios! Pero si somos perseguidos y atribulados por el nombre de Jesús, también ¡gloria a Dios! No hay por qué inquietarse si padecemos tribulaciones, para eso estamos puestos, como dice la Escritura.

Es lamentable que muchos de los predicadores modernos no hablen de la posibilidad de que seamos perseguidos y de que pasaremos tribulaciones. A fin de ganar adeptos, hay quienes predican que Jesucristo es la solución para todos los problemas humanos. Se enfatiza en que la tristeza, la escasez, la soledad, la falta de empleo, entre otras cosas, van a desaparecer de forma automática al hacernos cristianos. No en vano el evangelista alemán Reinhard Bonnke se pregunta: “¿Se ha reducido el evangelio a una promesa de azúcar, un sazonador y todas las cosas agradables?”

En el mismo sentido se expresaba el predicador norteamericano Aiden Wilson Tozer (1897-1963) cuando dijo: “El mensaje cristiano de estos tiempos es aguado o desvirtuado para ajustarlo a lo que esté de moda en el mundo, y la finalidad es hacer el evangelio aceptable al público.” Lo malo de todo esto es que engañar a la gente con un falso evangelio lo único que consigue es llevarles por un camino de perdición. Complacer a la gente predicando lo que quieren escuchar no es amarles lo suficiente porque les estaríamos cerrando las puertas del Reino de Dios.

Los problemas temporales de este mundo no son nada comparados con el terrible problema de pasar la eternidad en el infierno. El evangelista neozelandés Ray Comfort (1949- ) ha dicho: “En lugar de predicar que Jesús ‘mejorará su vuelo,’ debemos estar advirtiendo a los pecadores que un día tendrán que saltar del avión.” Lo que quiere decir Comfort es que Jesús es nuestro paracaídas que debemos llevar porque el avión de nuestra vida caerá al morir. Sin Cristo iríamos a parar al vacío del infierno, con Él tendremos vida eterna.

Los primeros cristianos sufrieron muchas aflicciones y las soportaron porque tenían presente que todo padecimiento por el nombre de Jesús no era en vano. Además sabían que el Señor ya los había advertido de tendrían tribulaciones, como dice Mateo 24:9: Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Probablemente muchos de los que han sido atraídos hacia Cristo con un falso evangelio saldrían corriendo ante lo que dice Mateo 24:9.

En los primeros siglos de nuestra era, muchos cristianos fueron perseguidos, encarcelados, asesinados y sufrieron las más crueles tribulaciones. Sin embargo, la persecución no menguó el crecimiento de la iglesia. El pastor norteamericano Paul Washer (1961- ) ha dicho al respecto: “La persecución nunca ha hecho daño a la iglesia, la prosperidad sí.”

Muchos cristianos modernos han perdido la esencia de lo que significa seguir a Cristo. No lo seguimos porque seremos más prósperos o más felices, sino porque fuera de Él no existe salvación. Lo que pase con nosotros en este mundo no es tan importante porque cuando ponemos nuestra fe en Él, viviremos aunque estemos muertos. Dios te bendiga.