Plenitud de Vida en Cristo

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.

Colosenses 2:11-15

Hay un versículo bastante conocido, Juan 10:10, en el cual se establece el contraste entre a qué ha venido Cristo y a qué vino el ladrón. La última parte de Juan 10:10 dice: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. A mucha gente le encanta escuchar esto y se imaginan esa vida abundante con poseer una mansión fabulosa, una colección de autos de lujo, millones de dólares en cuentas de bancos y disfrutando de la aceptación de todo el mundo. En Colosenses 2:11-15, Pablo describe la plenitud de vida en Cristo, la cual no necesariamente coincide con prosperidad material.

Abundando un poco más sobre la supuesta vida abundante con la que sueña mucha gente, creo prudente recordarles que muchos han poseído todo eso: mansiones, autos, dinero, popularidad y fama; pero cuyas vidas han sido tan vacías que lo único que tenían era dinero. En cambio, hay personas con recursos limitados que llevan vidas plenas. Los bienes materiales no son la clave de una vida abundante. Personas adineradas tienen muchas veces la preocupación de proteger sus bienes y terminan confinados en sus mansiones sin disfrutar la plenitud de la naturaleza.

Si Cristo vino para darnos una vida abundante, es decir, plenitud de vida, esa abundancia debe de estar asociada a algo mucho más valioso que las riquezas de este mundo. De Colosenses 2:11-15 podemos ver en qué consiste esa plenitud de vida. En primer lugar, Cristo echó de nosotros el cuerpo pecaminoso carnal. Al recibir a Jesucristo estamos naciendo de nuevo del agua y del Espíritu, somos nuevas criaturas y ya no somos dominados por la carne sino por el Espíritu. Él nos hizo libre del pecado.

Al bautizarnos, estamos haciendo un acto de fe simbolizando la muerte y resurrección de nuestro Señor. Nos estamos identificando con Él, quien es la resurrección y la vida. Así afirmamos la esperanza de ser resucitados para reinar con Él. Y cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Él nos dio vida junto a Él. En esa nueva vida en Cristo, compartiremos Su gloria cuando Él regrese triunfante. Pero sobre todo, al rescatarnos de la inmundicia, el Señor perdonó todos nuestros pecados y los arrojó al fondo del mar,

En la cruz quedó anulada el acta de los decretos que nos condenaba en pago por nuestros pecados. Esa sentencia de muerte que en justicia merecíamos por a haber pecado contra Dios fue cancelada en la cruz, en donde quedó clavada. Y el acusador y sus huestes espirituales fueron derrotados también en la cruz donde fueron despojados de su control y dominio sobre quienes hemos creído en Cristo. Por lo tanto, la nueva vida en Cristo es plena, abundante y completa. Ahora somos libres del pecado, de la muerte y del reino de las tinieblas. Dios te bendiga.

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El Verdadero Dios y la Vida Eterna

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

1 Juan 5:20

Gran parte de la humanidad habla de Dios, pero la pregunta es si todos hablan del verdadero Dios. ¿Es el Dios de Israel el mismo dios de los árabes? ¿Adoran los budistas e hinduistas al mismo Dios que los cristianos? ¿Adoran al Dios verdadero todos los grupos religiosos que mencionan el nombre de Cristo? 1 Juan 5:20 da la explicación que puede contestar todas estas preguntas: estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

No cabe duda de que 1 Juan 5:20 es una afirmación bíblica acerca de la divinidad de Jesucristo. Mucha gente no tiene una idea clara acerca de Jesús. Se imagina que fue un hombre virtuoso, un maestro; pero, a fin de cuentas, un hombre más. Ciertamente que Jesús fue hombre; pero Él no es solamente eso. Una parte de Su naturaleza no es humana sino divina y la Biblia tiene mucha evidencia sobre eso. Isaías 9:6 lo profetiza de esta manera: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

La profecía de Isaías acerca del nacimiento del Mesías, Jesús, establece como uno de Sus nombres Dios Fuerte, para que no quepa duda de Su divinidad. El principio del evangelio de Juan lo afirma mucho más claramente. Dice Juan 1:1-3: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. El Verbo, Jesucristo, conforme a este evangelio, era con Dios, era Dios y creó todas las cosas.

Hay otros pasajes bíblicos que demuestran la divinidad de Jesucristo y Su existencia eterna. Por lo tanto, no estamos hablando de un simple hombre virtuoso que ha tenido una gran influencia en la historia humana. Estamos hablando del Creador mismo de la humanidad, el universo y todo lo que existe. Y en cuanto a Su divinidad, no estamos hablando de un diosito, sino de quien Isaías llama Dios Fuerte. No estamos hablando de un Jehová junior, sino de quien Juan dice: y el Verbo era Dios.

Solo entendiendo plenamente que Jesucristo es Dios encarnado, podemos comprender que solo Él puede llevar a cabo la misión por la cual vino a esta Tierra. Ningún simple ser humano, sea hombre o mujer, es capaz de reunir los requisitos para exonerar de la culpa del pecado a cada persona que, por la fe, acepta la gracia, el favor inmerecido. Solo el ofendido por el pecado, es decir, el propio Dios, tiene la facultad de otorgar clemencia y perdón, nadie más podría hacerlo.

Te exhorto a meditar sobre la persona de Jesucristo tomando en cuenta Su real naturaleza. Hablar de Él en forma ligera es no solamente faltarle el respeto a Dios mismo, sino menospreciar a quien, por amor, ofreció voluntariamente Su vida para darte salvación. Nunca olvides que Jesús es el verdadero Dios y la vida eterna y que no existe salvación fuera de Él. Arrepintiéndote de tus pecados y convirtiéndote a Él, te convertirás en hijo de Dios, escribirás tu nombre en el Libro de la Vida y asegurarás la vida eterna. Dios te bendiga.

La Vida Eterna Es Conocer a Dios

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

Juan 17:3

Cuando la Biblia habla de conocer no se refiere solamente a saber de alguien sino tener una relación íntima con ese alguien. En Juan 17:3, el Señor dice que la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo. Por lo tanto, la vida eterna es tener una relación íntima con Dios, la cual solo se logra a través de la persona de Su Hijo Jesucristo. Sin una intimidad con Dios es imposible conocerle. El anhelo del Padre es que cada ser humano pueda relacionarse con Él. En esta relación, nos convertimos en Sus hijos y Él pasa a ser nuestro Padre.

Ya desde los tiempos del Antiguo Testamento Dios había expresado Su deseo de ser conocido por la humanidad. Jeremías 9:23-24 dice: Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. Conocer y entender a Dios es mucho más importante que la sabiduría o las riquezas.

Jesús es el único que da a conocer a Dios. Juan 1:18 dice: A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Solamente a través de Jesús, por los ojos de la fe, podemos ver al Padre. En Juan 14:7 leemos: Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Conociendo a Jesucristo, podemos ver y conocer a Dios, porque como dice Colosenses 1:15: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

En todas las épocas de la historia humana ha habido gente religiosa, incluso en la nuestra, la cual es aparentemente apática a las cosas espirituales. Las religiones pretenden buscar a Dios, sin embargo, la forma en la cual las distintas religiones intentan alcanzar la divinidad es fallida. Cada religión inventa sus propios ritos y fórmulas que les permitan llegar hasta a Dios. Lo que ningún religioso se ha detenido a pensar es si sus tradiciones lo acercan a Dios. La Biblia dice varias veces que nadie busca a Dios, por lo tanto, las religiones jamás alcanzarán su objetivo.

En lugar de religión, Dios ha buscado, desde la creación del hombre, tener una relación con la humanidad. Lamentablemente hemos sido nosotros mismos los culpables de romper todo vínculo con nuestro Creador. Una humanidad pecadora no puede relacionarse con un Dios santo. No hay religión alguna que ofrezca un mecanismo adecuado para restablecer la perdida relación con Dios. La solución proviene de la iniciativa del propio Dios, quien envió a Su Hijo Jesucristo con el fin de darse a conocer y romper las barreras que nos separaban de Él.

Juan 3:17 nos dice el motivo que tuvo Dios para enviar a Su Hijo: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Jesús vino para salvar al mundo, para darnos a conocer al Padre, del cual Él es Su imagen visible. Cuando conocemos a Dios a través de Su Hijo, alcanzamos la verdadera vida eterna. Recibamos pues con agrado al que vino a rescatarnos de la muerte y del pecado, a Jesucristo, nuestra única garantía de vida eterna, nuestro único camino hacia el Padre, porque fuera de Él, no hay nada. El paso es muy simple: arrepentirse y convertirse a Él. ¡Hazlo ahora mismo! Dios te bendiga.

¿A Qué Has Venido?

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Juan 10:10

El gran contraste entre Jesús y el ladrón. Mientras el segundo solo viene a robar, matar y destruir, el Señor ha venido para que tengamos vida; pero no una vida simple, sino una vida en abundancia. Mientras el ladrón nos quita todo, incluso la vida y busca nuestra destrucción, el Señor nos da la oportunidad de levantarnos incluso de los muertos y preparar lugar para nosotros en Su morada celestial. El objetivo del ladrón es nuestra perdición; pero Jesús quiere nuestra salvación.

Mucho se ha escrito sobre lo que el ladrón viene a robar, matar y destruir. Se ha dicho que nos quiere quitar nuestra dignidad, comunión con Dios, trabajo, amigos, familia, salud, fe, finanzas, identidad como hijos de Dios, gozo, promesas de Dios, sueños, alma, propósito en la tierra y bendiciones, entre otras cosas. La Biblia dice lo que nos roba en Lucas 8:11-12: Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven.

Realmente, el diablo solo necesita robarnos la Palabra de Dios para quitarnos todo. Cuando nos roba la Palabra, nos quita la oportunidad de alcanzar la salvación y la vida eterna. Ese es su objetivo principal, distraernos con las añadiduras con el fin de arrastrarnos hacia la perdición, evitando así que busquemos primero el Reino de Dios y Su justicia. Cuando nos enfocamos en ser parte del Reino de Dios, el enemigo no puede tocarnos como dice 1 Juan 5:18: Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

Jesús es de quien Juan dice Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, el mismo que afirma yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Todas las artimañas del enemigo son destruidas por nuestro Señor, como dice 1 Juan 3:8: El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. El plan diabólico ha sido descubierto, expuesto y destruido por Jesucristo. No nos dejemos engañar con sus mentiras ni permitamos que siga robando, matando y destruyendo nuestras vidas.

Colosenses 2:15 no deja duda acerca del triunfo definitivo de Cristo sobre el diablo: y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por lo tanto, como dice una frase que circula en el ciberespacio: “En tu camino, el enemigo coloca piedras, el hombre arroja espinos, mas Dios traza un destino. Y es por eso que aunque muchos pasos sean dolorosos, tu final ha de ser maravilloso.” Siempre que nuestro final sea con Cristo, no hay nada que temer a lo que el ladrón pretenda hacer con nosotros.

En resumen, Juan 10:10 nos muestra a dos que han venido. Uno es el ladrón quien viene con intenciones de aniquilarnos. El otro es Jesús, quien ha venido para darnos una vida abundante. ¿A quién de los dos recibes? Si te llaman la atención las cosas de este mundo, el cual es dominado por el diablo, el propio ladrón te quitará todo y te destruirá. Confía solo en Jesús, de quien dice 1 Juan 4:4: Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Dios te bendiga.

No Sabemos si Tendremos un Mañana

¡Vamos ahora! Los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

Santiago 4:13-14

Mucha gente vive como si fueran a permanecer eternamente en esta Tierra. Viven acumulando bienes y afanados por mantener un estatus o una posición social sin tomar en cuenta la fragilidad de la existencia humana. Cada día hay quienes se acuestan a descansar y no tienen la oportunidad de ver la luz del siguiente día. Y lo peor de todo es que ninguno de nosotros sabemos cuándo nos llegará la hora de partir. Pero una vida puede terminar en un abrir y cerrar de ojos.

Recientemente, un pequeño avión cayó sobre una residencia en el Condado Palm Beach del estado de Florida. El avión se incendió con el impacto y el piloto murió instantáneamente. Dentro de la vivienda dormía una muchacha a quien la muerte sorprendió cuando menos la esperaba. La muchacha era una estudiante universitaria quien el día anterior al accidente había publicado en su cuenta de Facebook una foto suya y la de un avión donde decía que deseaba irse lejos en un avión. Realmente ella no despertó viva de sus sueños y ciertamente un avión la llevó a la eternidad.

He conocido muchos casos semejantes al de esta muchacha. Algunos de ellos me han tocado muy de cerca porque las personas involucradas estaban de alguna manera  muy relacionadas conmigo. Uno de esos casos fue el de una de mis compañeras del colegio. Ella era una de las más inteligentes del salón; pero cuando nos graduamos, en lugar de ir a la universidad, ella primero se casó y levantó una familia.

Luego de que nacieran sus hijos, mi compañera de colegio decidió estudiar en la universidad y le fue muy bien. Estando a pocos meses de graduarse, ella andaba una mañana con unos compañeros de estudios porque estaban haciendo un trabajo académico. Una camioneta se metió en contra del tránsito e impactó el automóvil en el cual viajaban mi amiga y sus compañeros. Ella fue la única víctima del accidente y allí vio tronchados sus sueños de graduarse, ejercer su carrera y ver crecer a sus hijos.

Mi madre siempre decía que andamos vivos, pero apestando a muertos. Lo que ella quería decir es que morir en cualquier momento es una posibilidad con la cual vive cada ser humano. Parece irónico; pero para morir solamente necesitamos estar vivos. Por eso es tan importante vivir esta vida tan breve con una mentalidad de eternidad. Y es que además de la incertidumbre de desconocer el momento de nuestra partida, existe la certeza de que algo más nos espera a partir del momento de nuestra muerte. Ese algo puede ser incluso más terrible que la muerte misma o puede ser algo hermoso y perenne.

Muchas filosofías humanas tratan de explicar el más allá a su manera. Algunos dicen que vamos a reencarnar, otros que todo se acaba al morir, otros que resucitaremos y reinaremos en la Tierra y otros admiten que existen varios lugares distintos para ir; pero que nadie tiene seguridad de hacia dónde se dirige. Sin embargo, la Palabra de Dios establece de forma muy clara lo que pasará con cada ser humano: seremos salvados o condenados.

Y aunque no sabemos cuándo partiremos, si podemos escoger a tiempo nuestro destino final. Arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador es nuestra única garantía de vida eterna. ¡Hazlo hoy! Mañana pudiera ser tarde. Dios te bendiga.

 

Las Promesas de Jesús para Quien lo Deja Todo por Él

Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

Marcos 10:29-30

Esta es la promesa de Jesús al que se niega a sí mismo, toma su cruz y le sigue. Si dejamos casa, hermanos, hermanas, padre, madre, mujer, hijos o tierra por causa de Cristo y del evangelio, Él nos promete: para este tiempo cien veces más casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras; pero además tendremos persecuciones; la otra gran promesa es la vida eterna.

Mucha gente, cuando se convierte en cristiano, escucha estos dos versículos de Marcos a medias. A ese tipo de personas les suena bien que van a recibir ahora en este tiempo cien veces más que lo dejado atrás. Les gusta esa promesa porque lo ven como una buena inversión. Para ellos resulta provechoso dejar una casa y obtener cien. Sin embargo, cuando viene la segunda parte de la promesa en este tiempo, es decir, las persecuciones, muchos de los que se han acercado a Jesucristo con la intención equivocada salen corriendo y vuelven a su antiguo camino.

Voy a dar un breve testimonio de cómo se ha aplicado Marcos 10:29-30 a mi propia vida. En mayo del año 2002 tuve un encuentro personal con Jesucristo. Hasta esa etapa de mi vida yo vivía en una ceguera espiritual creyendo que era buena gente. Sin embargo, el Espíritu Santo me dio convicción de todos mis pecados y pude darme cuenta que sin Jesús estaba perdido. Mi primera reacción al conocer que absolutamente nadie puede salvarse por sus propios méritos fue compartir las buenas nuevas del evangelio con mi familia; pero todos mis parientes me rechazaron tajantemente instándome a volver al camino tradicional.

Ante esa encrucijada yo tenía que elegir entre seguir a Cristo y al evangelio o hacerle caso a mi familia. Yo decidí lo primero y tocó dejar a mi madre, mis hijos, mi casa, la tierra donde me sentía a gusto, mujer, hermano y amigos. Desde el punto de vista humano, lo peor de todo eso no fue haberlo dejado todo, sino que todos se pusieron en mi contra por causa de Jesús y el evangelio. Como consecuencia, yo padecí en carne propia la persecución por parte de mi propia familia y mis amigos más cercanos.

Sin embargo, las promesas que Dios nos da en la Biblia siempre se cumplirán. Hoy te puedo decir que he recibido muchas veces más lo que dejé atrás. De una casa que dejé atrás, he sido recibido en muchas casas en varios países, he encontrado muchas madres, hermanas, hermanos, hijos e hijas en muchas tierras. Pero lo mejor de todo eso, no es lo que he alcanzado en este tiempo, sino la certeza de tener vida eterna.

Tú que estás escuchando o leyendo este mensaje, no te sientas apenado o apenada por dejarlo todo por Cristo y el evangelio. Tu recompensa en esta vida y en la venidera están garantizadas porque tu Padre Celestial no miente. Dios te bendiga.