El Estándar de Dios

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Mateo 7:21-23

Las palabras del Señor Jesús en Mateo 7:21-23 ponen a pensar a cualquiera. ¿Cómo es posible tener a Jesús y no entrar en el Reino de los cielos? ¿Será posible hacer milagros, prodigios y señales en el nombre de Jesús y ser rechazado por Él en el Día del Juicio? Pues ciertamente que el Señor afirma que todo eso sucederá con algunos. Eso quiere decir que no todos Sus siervos van a la pasar la prueba. El estándar de Dios es mucho más estricto que hacer las cosas lo mejor que podamos, requiere hacerlas exactamente conforme a Su voluntad.

Hacer la voluntad de Dios es el requisito que el Señor puso para poder entrar al Reino de los cielos. Si hemos orado toda la vida que se haga la voluntad de Dios en la tierra y en el cielo, entonces se supone que estamos interesados en hacer las cosas de esa manera. Quizás sea más fácil decirlo que hacerlo y se nos dificulte conocer cuál es la voluntad de nuestro Padre. Por eso debemos orar como hizo el salmista en Salmo 143:10: Enséñame a hacer tu voluntad,  porque tú eres mi Dios; Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

Una oración como esa va a ser contestada por Dios siempre. Afortunadamente para nosotros, tenemos a la mano una fuente confiable para conocer la voluntad de Dios. Esa fuente es la Biblia, la cual nos dice en Romanos 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Hacer la voluntad de Dios nunca será una carga pesada porque Su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Vamos a ver cuatro componentes de lo que significa hacer la voluntad de Dios. El primero de ellos lo encontramos en Juan 6:39: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Dios tiene gran interés en que nadie se pierda. Si quieres hacer Su voluntad, entonces comparte con otros las buenas nuevas de salvación porque evangelizar es hacer la voluntad de Dios.

En 1 Pedro 2:15 está el segundo componente: Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos. Cuando hacemos el bien a otros estamos haciendo la voluntad de Dios. El tercer componente está escrito en 1 Tesalonicenses 5:18: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Tener un corazón agradecido es también hacer la voluntad de Dios.

El cuarto componente está en 1 Tesalonicenses 4:3: pues la voluntad de Dios es vuestra santificación. Los versículos siguientes dan una lista de cosas que significan santificación. Todo se puede resumir a que abandonemos la práctica del pecado. Pablo menciona entre ellos la fornicación y el engaño. Siendo Dios Santo, nosotros como hijos suyos somos llamados a ser santos y siéndolos estamos haciendo Su voluntad. El estándar de Dios implica hacer Su voluntad tal como Él lo manifiesta en Su Palabra. Por lo tanto, empecemos desde hoy a compartir el Evangelio, a hacer el bien a todos, a dar gracias por todo y a mantenernos alejados del pecado. De esta manera entraremos al Reino de los cielos. Dios te bendiga.

 

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Aprendiendo a Hacer Su Voluntad

Enséñame a hacer tu voluntad,  porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.

Salmo 143:10

La única forma de aprender es recibiendo enseñanza. Los niños son enviados a las escuelas donde sus maestros les enseñan las diferentes asignaturas que les servirán para posteriormente ganarse la vida. Cuando se trata de aprender las cosas de Dios, debemos procurar que el Divino Maestro nos enseñe. Nunca conoceremos la voluntad de Dios si no permitimos que Él nos enseñe a hacerlo. Afortunadamente, Dios nos dejó por escrito todo lo que debemos aprender a fin de hacer Su voluntad.

Romanos 12:2 dice cómo es la voluntad de Dios: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. En tal sentido, la voluntad de Dios tiene tres características: es buena, es agradable y es perfecta. Porque es buena, la voluntad de Dios nunca va a traer el mal. Porque es agradable, hacer Su voluntad no es una tarea tediosa. Y porque es perfecta, no existe margen de error cuando hacemos la voluntad de Dios.

En el ejercicio de mi carrera profesional muchas veces me vi siguiendo instrucciones que de antemano yo sabía que no iban a funcionar. Aprendí que discutir con mis jefes acerca de cambiarlas era en vano. Así que mi postura era de seguir las instrucciones al pie de la letra hasta que quedara demostrada su inutilidad. En tal caso, el jefe asumía la responsabilidad para hacer los cambios. Si yo hubiera hecho las cosas a mi manera o tomaba atajos para hacer que las cosas salieran según mi propio criterio, probablemente nunca se alcanzaría corregir los errores de un método defectuoso.

Desde hace algunos años he acuñado una frase con respecto a hacer nuestra voluntad o la de Dios. Cuando haces tu voluntad, tú eres responsable por las consecuencias; pero cuando haces la voluntad de Dios, Él es el responsable por las consecuencias. A diferencia de lo que puede pasar con un jefe humano, las instrucciones de Dios nunca van a fallar. Él es perfecto en todos los sentidos y todo va a salir bien si seguimos al pie de la letra Sus instrucciones. No hay riesgo alguno cuando nos ceñimos a la voluntad de Dios. Y lo mejor de todo es que Él asume completamente la responsabilidad.

La fuente inagotable del conocimiento de la voluntad de Dios está en la Biblia, sobre lo cual escribe el apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:16-17: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. Por lo tanto, el libro de texto por excelencia para aprender a hacer la voluntad de Dios es la Biblia

Cuando aprendemos a hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial ocurre lo que dice 1 Juan 2:17: el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Permanezcamos pues para siempre haciendo en todo momento Su voluntad en lugar de la nuestra. Dios te bendiga.

La Obediencia nos Abre las Puertas del Cielo

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Mateo 7:21

Si analizamos lo que dice Mateo 7:21, se puede decir que habrá gente quienes invoquen el nombre de Jesús y no tendrán lugar en los cielos. Entonces muchos podrían decir que resultaría imposible para la mayoría alcanzar la salvación. Lo cierto es que el Reino de Dios no se gana con las “buenas obras” que hacemos; ni con ser parte de una iglesia determinada; ni con ser un servidor de Dios, llámese pastor, cura, ministro o clérigo. Lo único que nos abre las puertas del cielo es hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecerle a Él.

Muchos líderes religiosos han inventado fórmulas complejas que supuestamente nos llevan al cielo. Muchas de las reglas religiosas no son ideas de Dios sino que se basan en filosofías humanas. Lamentablemente, la gente toma tan en cuenta lo que le enseña su líder religioso que no busca en la Escritura la comprobación de que lo que escucha va conforme a la Palabra de Dios. Y es casi seguro que parte de esa gente mencione el nombre del Señor Jesucristo y pretenda estar siguiéndole a Él. Sin embargo, si su tradición religiosa contradice lo que está escrito en la Biblia, aunque sea en un solo punto, tal religión no se apega a la voluntad de nuestro Padre Celestial. Por lo tanto, quien continúe practicando tales tradiciones está en riesgo de no entrar en el Reino de los cielos. Eso no lo digo yo, es lo que dijo el propio Señor en Mateo 7:21.

La voluntad de Dios es que ningún hombre o mujer se pierda sino que reciba la salvación. Nuestro Señor lo dice en Mateo 18:14: Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Por lo tanto, nuestra meta cada día a fin de hacer la voluntad de nuestro Padre es procurar la salvación de cada hombre o mujer que se cruce en nuestro camino. Jesús lo reitera en Juan 6:39: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Por lo tanto, si queremos hacer la voluntad de Dios y no la nuestra, debemos alinear nuestros pensamientos hacia alcanzar Sus objetivos antes que los propios. Y está muy claro que la voluntad de Dios expresada en Su Palabra es la salvación de todos. Entonces, procuremos con todas nuestras fuerzas compartir cada día con alguien las buenas nuevas de salvación. Que esa sea una meta diaria para cada uno de los que hemos recibido por gracia la vida eterna.

Dice Romanos 10:14-15: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Seamos diligentes en compartir con otros el mensaje salvador de Jesucristo, para que, como dice Juan 3:16, crean en Él, no se pierdan y alcancen vida eterna. Esa es la voluntad de nuestro amado Padre Celestial. Dios te bendiga.

Un Corazón Agradecido

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

1 Tesalonicenses 5:18

En estos tiempos, mucha gente pasa por alto agradecer. Existen personas quienes estiman que las cosas buenas que reciben son merecidas y, por lo tanto, no se sienten obligados a agradecerle a nadie. Otros son tan egoístas que solo quieren su bienestar sin importar a quien se llevan por delante. De acuerdo a lo que nos dice el apóstol Pablo en su Primera Carta a los Tesalonicenses, quienes hacen semejante cosa están violando la voluntad de Dios.

Cuando me mudé a los Estados Unidos, quedé sumamente impactado con la celebración del Día de Acción de Gracias, el cual se celebra cada año el cuarto jueves de noviembre. Me impresionaba ver la solemnidad de ese día y como la gente se reunía en los hogares para compartir una cena y darle gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas durante el año que pronto terminaría.

Me he sentido muy involucrado con esta fiesta nacional de mi país adoptivo. En el año 2006, por primera vez desde que me mudé a los Estados Unidos, pasé ese día fuera del país. Mi esposa y yo viajamos a su país natal, Perú, y allí celebramos el Día de Acción de Gracias con sus parientes de la misma manera que se celebra en Norteamérica. En ese día compartimos con los presentes el motivo de celebrar un día especial para dar gracias a Dios y los motivamos para que continuaran haciéndolo.

Sin embargo, en los últimos años, he visto como, lamentablemente, se ha ido perdiendo el espíritu de la celebración del Día de Acción de Gracias en los Estados Unidos. Con el surgimiento del Viernes Negro, justo al día siguiente, mucha gente está más pendiente de aprovechar los especiales para hacer sus compras que de detenerse a agradecerle a Dios por todo el bien recibido.

¿Qué está pasando en el mundo que ya no se agradece? En el capítulo 24 del evangelio de Mateo, el Señor da las señales de los tiempos finales. Mateo 24:12 dice: y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Quien ama agradece, pero la falta de amor se manifiesta con la carencia de un corazón agradecido. Los hijos no agradecen a sus padres por haberles dado la vida, más bien creen que sus progenitores solo tienen obligaciones para con ellos. Los cónyuges no se agradecen mutuamente por los actos de servicio que se manifiestan. Y lo peor de todo es que no damos gracias a Dios por nada, ya que nos creemos que Él está a nuestro servicio para todo lo que se nos antoja.

Cuando repetimos la oración del Padrenuestro decimos a Dios que se haga Su voluntad. Sin embargo, nosotros nos negamos a hacer esa voluntad de Dios de que demos gracias en todo. Miles de personas mueren cada día. Los que nos despertamos sanos tenemos un buen motivo para agradecerle a Dios por ello. Mucha gente en muchos lugares del mundo carece de un techo o no tiene comida, los que poseemos eso, debemos agradecer a Dios cada día por el alimento, la vivienda y la salud, entre muchas cosas que damos por otorgadas. Vivamos pues con un corazón agradecido. Dios te bendiga.

La Verdadera Voluntad de Dios

Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.

Mateo 18:14

La voluntad de Dios es que nadie se pierda sino que todo ser humano tenga la oportunidad de salvación. Si queremos realmente hacer la voluntad de Dios, debemos estar dispuestos a procurar presentarle las buenas nuevas de salvación a todo aquel que encontremos en nuestro camino.

El principal argumento de los que se autodenominan ateos es que Dios no existe porque hay demasiada maldad en la Tierra. De acuerdo a quienes niegan la existencia de Dios, es imposible imaginar a un ser supremo que permita las guerras, el hambre, la violencia doméstica, el abuso infantil y todas las demás calamidades que asolan a la humanidad. En verdad, Dios no tiene nada que ver con todos estos males; pero los incrédulos los usan como estandartes para argumentar que Dios es solo un mito.

Pero la realidad es otra muy distinta. Dios ciertamente existe y demostrar su existencia es mucho más fácil que probar la validez de teorías científicas como la evolución o el Big Bang. La existencia de todos los males que nos afectan es una consecuencia directa del pecado que practicamos desde que nuestros primeros padres cayeron ante la tentación y fueron expulsados del Edén.

Y mientras muchos de los habitantes de este planeta culpan a Dios por las cosas que no andan bien, el deseo de nuestro Supremo Creador es procurar nuestro propio bienestar. Dios de ninguna manera quiere mal alguno para la humanidad que Él mismo creó. El diseño original de nuestra creación fue que tengamos una eterna y cercana relación con Dios. Ese plan se vio cortado por causa del pecado y, a partir de ese momento, la Tierra ha sido sujeta a la maldición del pecado produciendo la gran secuela de males que conocemos.

El pecado separó al hombre y a la mujer de Dios, su Creador. Desde entonces ha existido un enorme abismo entre la humanidad y la divinidad. Para salvar ese obstáculo, el amor de Dios lo condujo a crear un nuevo plan redentor el cual consistió en enviar a Su propio Hijo a pagar por los pecados de toda la humanidad. El versículo más famoso de la Biblia, Juan 3:16, lo dice muy claramente: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Hay mucha gente que todavía desconoce las buenas nuevas de salvación. La voluntad de Dios es que esas buenas noticias sean recibidas por cada criatura que mora en la Tierra. No es la voluntad de Dios que algún ser humano termine en el infierno. Ese lago de fuego fue diseñado para albergar a los ángeles caídos, es decir a Satanás y sus demonios. Si algún hombre o mujer termina en ese lugar de tormento es porque no tuvo la oportunidad de escuchar el mensaje de salvación y arrepentirse de sus pecados, depositando su fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. Si tú que escuchas o lees este mensaje ya has dado ese paso de fe, compártelo con todo el que puedas, cumple con la voluntad de Dios de no permitir que ninguno de estos pequeñitos se pierda. Dios te bendiga.

Paciencia y Obediencia para Recibir las Promesas de Dios

No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:35-36

El mundo moderno nos enseña a pretender alcanzar resultados instantáneos. El ejemplo más claro es el horno de microondas por el cual obtenemos alimentos calientes en pocos minutos. De la misma manera, pretendemos que Dios actúe en nuestras vidas, es decir, pensamos que Dios va a responder a nuestras peticiones de manera automática y lo único que nosotros debemos de hacer es apretar los botones espirituales de una oración apresurada e inmediatamente, en los cielos, nuestro Padre Celestial responderá nuestras peticiones.

El libro de Hebreos nos dice que hay dos prerrequisitos para poder obtener la promesa: tener paciencia y hacer la voluntad de Dios, es decir, obedecerle. También nos dice que nuestro galardón lo obtendremos si no perdemos la confianza, es decir, si nuestra fe en Dios permanece en nosotros. La Biblia nos define claramente los significados de paciencia, obediencia y promesa.

Paciencia es esperar, como dice Romanos 8:25: Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Paciencia es resistir: Bienaventurado el varón que padece con paciencia la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman (Santiago 1:12). Paciencia es obedecer: Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús (Apocalipsis 14:12). Paciencia es perseverar y dar frutos: Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia (Lucas 8:15). La paciencia perfecciona el carácter cristiano: Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna (Santiago 1:4). La paciencia nos fortalece a través de Cristo: fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad (Colosenses 1:11).

La obediencia implica cumplir las órdenes y mandamientos de Dios, como nos dice Romanos 16:26: pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe. Seguir las instrucciones que nos dan las personas que están a cargo de nuestro crecimiento espiritual también es parte de la obediencia.

Nuestro ejemplo siempre debe ser Jesucristo, quien fue paciente: Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5). Nuestro Señor también fue obediente: y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8).

Dios nos promete muchas cosas en este mundo y en la eternidad. Como nuestro pastor ha prometido que nada nos faltará. Él ha prometido darnos Su Espíritu Santo, sellarnos con Él y estar con nosotros hasta el fin. Obedezcamos a Dios en todo momento y guardemos con paciencia mientras esperamos las promesas presentes y la herencia eterna.